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·30 de mayo de 2026
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Cuando pensamos en titanes, casi siempre se nos viene a la cabeza lo mismo: dureza inquebrantable, pura resistencia y héroes que desafían cualquier impacto, incluso una o varias balas. No por nada Sia canta en su mundialmente famosa canción Titanium que es invulnerable y que cada bala rebota en ella, precisamente porque está hecha de titanio.
Algo muy parecido le ocurrió hace casi exactamente 25 años a un hombre al que, cómo no, le habían puesto el apodo de "Titán". En la final de la Champions League de 2001, el FC Bayern, con Oliver Kahn en la portería, se enfrentó al FC Valencia en la lucha por la Orejona.
Después de que Gaizka Mendieta por el Valencia y Stefan Effenberg por el FC Bayern marcaran de penalti en el tiempo reglamentario, el partido se fue a la prórroga con 1:1. Tampoco allí quiso el balón cruzar la línea, por lo que ambos equipos se vieron abocados a la forma de desenlace probablemente más dramática: la tanda de penaltis.
📸 Martin Rose - Bongarts
Después de que Paulo Sérgio fallara de inmediato el primer penalti para el Bayern y de que los dos primeros lanzadores del Valencia marcaran, quedó claro que el Titán tenía que responder. Y lo hizo. Primero, Oliver Kahn detuvo el penalti de Zlatko Zahovič. Después de que Andersson volviera a fallar desde los once metros para el FC Bayern, el Titán apareció otra vez y paró de forma espectacular el penalti de Carboni, del Valencia.
A continuación, todos los lanzadores acertaron por ambos lados, hasta que Thomas Linke adelantó 5:4 al campeón récord alemán en el séptimo intento. Si Kahn detenía el siguiente, el FC Bayern sería campeón de la Champions League. Y una vez más se haría realidad aquella canción que David Guetta y Sia publicarían diez años después. Ese balón también rebotó en el hoy aparentemente invencible Titán: el FC Bayern había alcanzado el cielo del fútbol, dos años después de la increíble derrota en la final ante el United.
La celebración posterior no tuvo límites. Kahn salió corriendo y gritando, sus compañeros se lanzaron hacia su portero, y tanto en las gradas de San Siro como delante de todos los televisores se desbordó la emoción.
Esa noche, Oliver Kahn se convirtió definitivamente en héroe del FC Bayern de Múnich. Y al final fueron exactamente esos atributos que uno asocia con un titán los que lo hicieron inmortal: dureza inquebrantable, pura resistencia y héroes que desafían cualquier impacto, incluso una o varias balas.
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🇩🇪 en este enlace.
📸 Stu Forster







































