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·19 de enero de 2026
Historias del futbol español: Dani Jarque, legado del 21 perico

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Dani Jarque fue, ante todo, un futbolista de club. Nació en Barcelona en 1983 y desde muy joven tuvo claro cuál era su sitio. Entró en la cantera del RCD Espanyol siendo un niño y fue creciendo paso a paso, sin atajos, sin ruido y sin buscar protagonismo. Central sobrio, serio y fiable, representaba una forma de entender el fútbol basada en el trabajo, la constancia y la lealtad a unos colores.
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Debutó con el primer equipo en 2002 y, con el tiempo, se fue consolidando como una pieza importante en la defensa. No era un central espectacular ni necesitaba serlo. Jarque destacaba por su colocación, su lectura del juego y su personalidad tranquila. Era de esos jugadores que hacen mejores a los que tienen al lado. Dentro del vestuario era respetado por todos, no por levantar la voz, sino por el ejemplo diario.
Con los años, su peso en el equipo fue creciendo hasta convertirse en uno de los líderes naturales del Espanyol. En 2009, con solo 26 años, fue nombrado capitán, un reconocimiento que iba mucho más allá del brazalete. Representaba al club, a su cantera y a una manera de competir que conectaba profundamente con la afición. Jarque era Espanyol en estado puro.
Fuera del campo llevaba una vida discreta y tranquila. Estaba comprometido, esperaba su primera hija y atravesaba uno de los momentos más estables de su vida personal y profesional. Nada hacía presagiar lo que estaba por venir. Durante la pretemporada de 2009, el equipo se encontraba concentrado en Italia, preparando el inicio de una nueva temporada con su capitán al frente.
La madrugada del 8 de agosto de 2009, en el hotel de concentración en Florencia, Dani Jarque falleció de forma repentina a causa de un problema cardíaco. Tenía 26 años. La noticia sacudió al fútbol español entero. El Espanyol regresó inmediatamente a Barcelona, roto por dentro, con un vacío imposible de llenar.
Desde ese día, Jarque dejó de ser solo un futbolista para convertirse en símbolo. El club retiró su dorsal, la afición instauró el aplauso eterno en el minuto 21 y su nombre pasó a formar parte de la memoria colectiva del fútbol español. Un año después, en el Mundial de 2010, Andrés Iniesta le dedicó el gol que dio a España su primer título mundial, recordando al amigo y al rival con un mensaje que dio la vuelta al mundo.
Hoy, cuando se habla de Dani Jarque, no se habla de títulos ni de estadísticas. Se habla de valores. De identidad. De respeto. De un capitán que nunca quiso ser protagonista y que, precisamente por eso, lo fue para siempre.
Hay futbolistas que dejan huella por lo que ganan.Otros, como Dani Jarque, la dejan por lo que fueron.
Autor: Izan Delgado
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