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·30 de julio de 2026

Infantino propone abrir el negocio del Mundial al capital privado y provoca el rechazo de la UEFA

Imagen del artículo:Infantino propone abrir el negocio del Mundial al capital privado y provoca el rechazo de la UEFA

Privatizar el Mundial mediante la entrada de capital privado en su estructura comercial. Este es el proyecto que impulsa Gianni Infantino y que podría transformar el modelo económico de las principales competiciones organizadas por la FIFA.

El Mundial podría afrontar una de las mayores transformaciones de su modelo económico. Gianni Infantino impulsa la creación de una nueva sociedad destinada a concentrar la explotación comercial de las principales competiciones organizadas por la FIFA, entre ellas la Copa del Mundo y el Mundial de Clubes.

La operación contemplaría la entrada de inversores privados mediante la venta de una participación minoritaria. La FIFA mantendría el control de la empresa y seguiría siendo responsable de las decisiones deportivas, pero una parte del negocio generado por sus torneos quedaría abierta al capital externo.


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No se trataría, por tanto, de vender el Mundial como competición. El cambio consistiría en permitir que inversores privados participaran directamente en la empresa encargada de gestionar activos como los derechos audiovisuales, los patrocinios, las licencias comerciales, las entradas o los paquetes de hospitalidad.

¿Qué significa abrir el Mundial al capital privado?

Hablar de privatización exige matices. La FIFA no plantea desprenderse del torneo ni entregar a una empresa externa la capacidad de decidir su formato, su reglamento o su calendario. La propuesta se centra en separar una parte de su actividad comercial, trasladarla a una filial y vender un porcentaje de esa sociedad.

La diferencia es importante, aunque no elimina las consecuencias del proyecto. Los posibles accionistas entrarían en la operación con el objetivo de obtener rentabilidad, beneficiarse del crecimiento de los ingresos y participar en el valor generado por las competiciones.

Eso podría incrementar la presión para ampliar las fuentes de negocio vinculadas al Mundial. Los derechos de televisión, las entradas, los patrocinios y los productos oficiales pasarían a formar parte de una estructura empresarial que debería responder también ante sus inversores.

El debate se centra, por tanto, en cómo garantizar que los intereses comerciales no condicionen las decisiones deportivas y en qué mecanismos de control establecería la FIFA para mantener separadas ambas áreas.

El argumento de Infantino: más ingresos para las federaciones

Infantino presenta la iniciativa como una vía para aumentar los recursos de las 211 federaciones miembro de la FIFA. El organismo sostiene que la entrada de capital permitiría obtener financiación inmediata y multiplicar las cantidades destinadas al desarrollo del fútbol en distintos territorios.

La propuesta resulta especialmente atractiva para las federaciones con menor capacidad económica, muchas de las cuales dependen en gran medida de las aportaciones procedentes de los programas de la FIFA.

El presidente del organismo defiende que la nueva sociedad permitiría aprovechar mejor el potencial comercial de sus competiciones sin ceder su control deportivo. La FIFA recibiría una importante inyección económica y conservaría la mayoría del capital de la filial.

Sin embargo, todavía quedan cuestiones por aclarar. Entre ellas, la identidad definitiva de los inversores, los derechos que obtendrían, la política de dividendos o las garantías que impedirían su influencia indirecta sobre las decisiones de la organización.

El rechazo de la UEFA

La UEFA ha expresado públicamente su desacuerdo con el planteamiento de la FIFA. En su comunicado, el organismo europeo defendió que el fútbol y sus competiciones no son una propiedad susceptible de ser vendida y recordó que las instituciones actúan como administradoras del deporte.

La confederación europea también reclamó prudencia ante un proyecto que podría modificar profundamente la forma de explotar económicamente las grandes competiciones internacionales.

Por ahora, la posición oficial de la UEFA se limita a ese rechazo institucional. El comunicado refleja una diferencia de criterio sobre el modelo de gestión, la entrada de inversores privados y la naturaleza de los activos comerciales vinculados al Mundial.

Infantino y su proximidad con Donald Trump

La propuesta llega después de varios años de estrecha relación pública entre Infantino y Donald Trump. Ambos han coincidido en numerosos actos vinculados a la organización del Mundial de 2026, celebrado en Estados Unidos, México y Canadá.

El presidente de la FIFA participó en reuniones institucionales en la Casa Blanca y mantuvo una relación fluida con la administración estadounidense durante los preparativos del torneo. Trump, por su parte, presidió una comisión especial creada para coordinar la organización del campeonato en Estados Unidos.

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Trump e Infantino en la final del Mundial 2026

Esta cercanía política no demuestra que el presidente estadounidense haya intervenido en la propuesta ni que exista una relación directa con la entrada de capital privado. Sin embargo, forma parte del contexto en el que Infantino ha reforzado su apuesta por un modelo comercial más próximo al de los grandes eventos deportivos norteamericanos.

La posible presencia de inversores vinculados al entorno empresarial estadounidense también ha generado interrogantes. Hasta que la FIFA publique las condiciones completas del proyecto, cualquier interpretación sobre una posible influencia política debe manejarse con cautela.

Un modelo inspirado en el deporte estadounidense

Infantino ha elogiado en distintas ocasiones la capacidad del mercado estadounidense para convertir los grandes acontecimientos deportivos en productos globales de entretenimiento.

El Mundial de 2026 ha supuesto una oportunidad para ampliar patrocinios, desarrollar nuevos paquetes comerciales y reforzar la presencia de la FIFA en uno de los mercados con mayor capacidad de inversión.

La creación de una filial comercial encajaría con esta estrategia. El organismo podría concentrar sus activos más rentables dentro de una misma estructura y atraer inversores interesados en el crecimiento futuro de sus torneos.

La FIFA sostiene que esta fórmula permitiría profesionalizar todavía más su actividad comercial. Sus detractores consideran que también podría alejar la gestión del fútbol de su estructura federativa tradicional.

¿Cómo podría afectar a los clubes?

Aunque la Copa del Mundo es una competición de selecciones, los clubes también podrían verse afectados por el nuevo modelo. Son ellos quienes forman, contratan y pagan a los futbolistas que posteriormente participan en los torneos internacionales.

La entrada de inversores privados no implica necesariamente un aumento del número de partidos. Sin embargo, sí podría reforzar el interés económico por crear nuevas vías de explotación, ampliar competiciones o incrementar la presencia comercial de los torneos de la FIFA.

Los clubes llevan años reclamando una mayor participación en las decisiones relacionadas con el calendario internacional. También han advertido sobre la carga física de los jugadores, la acumulación de partidos y el riesgo de lesiones.

Para una entidad como el FCBarcelona, cualquier ampliación del calendario internacional tendría una incidencia directa. El club aporta numerosos futbolistas a sus respectivas selecciones y debe asumir las consecuencias deportivas y económicas de sus ausencias, desplazamientos y posibles lesiones.

El Barça también podría beneficiarse de un aumento de los premios o de las compensaciones por ceder jugadores, aunque ese reparto dependería de las condiciones que estableciera la FIFA.

El impacto sobre los futbolistas

Los jugadores son uno de los colectivos más expuestos a cualquier crecimiento del calendario. En los últimos años, sindicatos y asociaciones han alertado de que las nuevas competiciones y los formatos ampliados reducen los periodos de descanso.

La FIFA asegura que la sociedad comercial no tendría capacidad para modificar las decisiones deportivas. Aun así, cuanto mayor sea el valor de sus competiciones, mayor podría ser el incentivo para aumentar su frecuencia, su duración o su alcance.

La principal preocupación sería que el crecimiento económico no viniera acompañado de mayores medidas de protección para los futbolistas. Descanso, recuperación, prevención de lesiones y coordinación entre clubes y selecciones seguirían siendo asuntos centrales.

¿Qué cambiaría para los aficionados?

Los seguidores también podrían notar los efectos del nuevo modelo. Una empresa participada por inversores privados buscaría aumentar los ingresos procedentes de las entradas, los derechos televisivos, las plataformas digitales y la hospitalidad.

Eso podría traducirse en una oferta más amplia de contenidos y en nuevas formas de seguir las competiciones. También existe el riesgo de que aumenten los precios, se fragmenten las retransmisiones entre diferentes plataformas o gane todavía más peso la experiencia premium.

La FIFA defiende que los recursos obtenidos se reinvertirían en el desarrollo del fútbol. La cuestión será determinar qué porcentaje regresaría realmente al deporte y qué parte serviría para remunerar a los inversores.

Un debate sobre la gobernanza y el modelo económico

La propuesta abre una discusión sobre cómo deben gestionarse los ingresos de las grandes competiciones internacionales y hasta qué punto puede participar el capital privado en estructuras vinculadas a organismos deportivos sin ánimo de lucro.

La FIFA sostiene que la operación permitiría aumentar sus recursos, reforzar a las federaciones y aprovechar mejor el potencial económico del Mundial. Las voces críticas reclaman más transparencia sobre los inversores, sus derechos y el destino final de los beneficios.

La cuestión también afecta a la gobernanza. Resultará necesario conocer quién tomará las decisiones dentro de la nueva sociedad, qué controles existirán y cómo se evitará que los objetivos empresariales interfieran en la organización de los torneos.

Infantino no propone vender la competición ni ceder formalmente el control deportivo del Mundial. Su proyecto consiste en abrir una parte de su estructura comercial al capital privado.

El alcance real de la operación dependerá de unas condiciones que todavía deben detallarse. Hasta entonces, el debate no girará tanto alrededor de una supuesta venta del Mundial como del cambio de modelo que supondría permitir que inversores externos obtuvieran rentabilidad directa de su explotación comercial.

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