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·5 de marzo de 2026

Jo, més cantera: la identidad pendiente del Espanyol

Imagen del artículo:Jo, més cantera: la identidad pendiente del Espanyol

Vaya por delante que es la primera vez que me atrevo a sentarme ante el teclado para escribir un artículo. Lo hago con modestia y sin la intención de suplantar la pluma de los muchos periodistas y opinadores que conforman el famoso —y en ocasiones tóxico— “entorno” del RCD Espanyol. Simplemente hablo como un seguidor más, con casi 30 años de socio a sus espaldas, que quiere aportar una reflexión personal sobre el rumbo del club y, especialmente, sobre el papel de su cantera.

En las tertulias y programas dedicados a la actualidad del Espanyol se repite con insistencia la misma idea: la necesidad de fichar. Se habla incluso de incorporar hasta diez jugadores la próxima temporada, como si futbolistas de toda la Liga y de media Europa estuvieran esperando la llamada de un club que, hoy por hoy, carece de un proyecto deportivo claro.


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La realidad es aún más preocupante: el Espanyol ni siquiera cuenta actualmente con un director técnico plenamente operativo que lidere esa planificación. Con menos de tres meses para el final del campeonato, el club sigue sin una figura clave para diseñar el futuro deportivo.

Antes de reclamar fichajes, el primer paso debería ser evidente: convencer a un director deportivo de solvencia contrastada que marque una hoja de ruta. Pedir incorporaciones sin haber dado antes ese paso roza lo absurdo.

Además, pensar que la solución pasa por remodelar la plantilla a golpe de talonario —y menos con diez fichajes de una sola vez— es, como mínimo, arriesgado. Cambios tan drásticos suelen ser síntoma de errores estructurales. 

Además, la historia reciente del club demuestra que las grandes inversiones no siempre garantizan éxito. Operaciones millonarias como las de Fernando Calero, Adrián Embarba, Matías Vargas o Raúl de Tomás acabaron dejando más dudas que certezas en términos económicos y deportivos.

El fútbol es pasión, pero esa pasión nace de la identidad. Y precisamente eso es lo que el Espanyol parece haber perdido en los últimos años. El constante desfile de directores deportivos y entrenadores ha impedido consolidar un proyecto sólido, una línea reconocible que permita al aficionado identificarse con el equipo y al club reconocerse a sí mismo.

Para muchos, esa identidad debería construirse alrededor de la cantera.

Durante décadas, el Espanyol fue un referente en el fútbol formativo. Sin embargo, con el paso del tiempo esa tradición se ha ido diluyendo, como arena que se escapa entre los dedos. Y aunque la responsabilidad principal recae en quienes gestionan y cobran por hacer funcionar la cantera, a los que precisamente tampoco se les da una continuidad para desarrollar sus funciones y el tiempo suficiente para obtener resultados, el propio “entorno” también ha contribuido a ese deterioro.

El desprecio hacia los jugadores formados en casa se ha convertido casi en un deporte nacional. Frases como “no se puede competir en Primera con cuatro chavales del filial”, “dime cuántos han triunfado fuera del Espanyol” o “este jugador está muy verde” se repiten con frecuencia. Comentarios que, lejos de ayudar, terminan convirtiéndose en un tiro en el pie para la propia entidad.

Para ilustrarlo basta un ejercicio sencillo: enumerar futbolistas en activo, ya sea en nuestro club o en otros, que pasaron por la cantera perica. El resultado es sorprendente.

Joan García, Pau López, Angel Fortuño, David López, Marc Bartra, Raíllo, Cucurella, Marc Pubill, Omar El Hilali, Aarón Martín, Adrià Pedrosa, Eric Bailly, Edgar González, Mario Gila, Víctor Gómez, Pablo Maffeo, Rubén Sánchez, Javi Puado, Jofre Carreras, Pol Lozano, Sergi Darder, Marc Roca, Joan Jordán, Javi Hernández, Dani Olmo, Nico Melamed, Óscar Melendo, Raúl Moro, Ferran Jutglà, Pol Llonch o Rafa Bauza, entre otros.

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Foto: Perico Domínguez

Más de treinta nombres que en su momento pasaron por la cantera del Espanyol y que hoy siguen compitiendo al máximo nivel. La mayoría juegan en Primera o Segunda División, algo que solo consigue un porcentaje mínimo —apenas el 0,01 %— de los futbolistas federados en España.

Este simple repaso demuestra que la cantera merece respeto y que los jugadores formados en casa merecen oportunidades reales. No solo para debutar, sino también para consolidarse y ser tratados en igualdad de condiciones respecto a cualquier otro profesional del primer equipo.

En el Espanyol parece haberse instalado la idea de que, por ser de la casa, el canterano debería cobrar menos. En el mundo empresarial sucede justamente lo contrario: el talento que se forma dentro se cuida, se valora y se retiene.

La cantera debería ser la base del proyecto deportivo del Espanyol. La plantilla tendría que contar con el mayor número posible de jugadores formados en la Ciutat Esportiva Dani Jarque, complementados por cinco o seis profesionales de calidad contrastada que aporten experiencia y liderazgo.

Ese modelo permitiría construir una identidad clara, reconocible y orgullosa para el aficionado. Una identidad que el club debería defender sin complejos, proclamándola con orgullo. Quien quiera seguir al Espanyol debe saber que esa es su esencia.

Para plantillas construidas exclusivamente a golpe de talonario ya existen otros clubes.

Y, quizá, apostar de verdad por la cantera no solo devolvería al Espanyol su identidad perdida, sino que también podría traducirse en más éxitos deportivos y sociales de los que el club ha conseguido a lo largo de sus 125 años de historia.

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