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·1 de septiembre de 2026

Jonathan David, del sueño del Barça al Metropolitano: el ‘Iceman’ de Ottawa

Imagen del artículo:Jonathan David, del sueño del Barça al Metropolitano: el ‘Iceman’ de Ottawa

Jonathan David llega al Atlético después de recorrer un camino mucho más largo que el que separa cualquier campo de fútbol de otro. Nació en Brooklyn el 14 de enero de 2000, durante una visita de sus padres, de origen haitiano, a Estados Unidos. Apenas tres meses después regresó con ellos a Haití y, a los seis años, la familia emigró definitivamente a Ottawa. Allí comenzó a construirse el futbolista que ahora aterriza en Madrid.

Fue también en Canadá donde nació su gran obsesión: Europa. Mientras muchos jóvenes de su entorno soñaban con llegar a la MLS, David tenía la mirada puesta al otro lado del Atlántico. Veía partidos europeos de madrugada y quería formar parte de aquel mundo. Antes de conseguirlo tuvo que asumir varios rechazos, entre ellos los del Salzburgo y el Stuttgart, pero no cambió de objetivo. El Gent belga terminó abriéndole la puerta que llevaba años buscando.


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Y en aquel imaginario infantil había un club que ocupaba un lugar especial: el Barcelona. David ha reconocido en varias entrevistas que creció apoyando al conjunto azulgrana y que el Barça de Lionel Messi, Ronaldinho y Thierry Henry alimentó su deseo de convertirse en futbolista europeo. “Cuando eres niño, sueñas con jugar para el equipo de tu infancia”, llegó a explicar. La vida, sin embargo, le ha llevado por otro camino. Ahora es el Atlético el que le abre las puertas de La Liga.

Un ‘Iceman’ forjado a base de golpes

Su apodo, ‘Iceman’, explica buena parte de su personalidad futbolística. David es frío ante el portero, rara vez pierde los nervios y tampoco necesita grandes gestos para hacerse notar. Su fútbol es directo y eficiente: interpretar el espacio, llegar al lugar adecuado y definir. Durante una racha de sus primeros 25 goles con Canadá, todos llegaron al primer toque. Jesse Marsch, que trabajó con él en la selección, llegó a definirlo como “el jugador más inteligente que he entrenado”.

Pero esa madurez no se entiende únicamente desde el fútbol. En 2019, cuando apenas tenía 19 años y comenzaba a despuntar en Europa, David perdió a su madre, Rose, víctima de un cáncer. La pérdida marcó profundamente al delantero y aceleró su madurez fuera del terreno de juego. Desde entonces, su carrera ha tenido también una dimensión personal: triunfar como una forma de honrar la memoria de quien fue uno de sus grandes pilares.

Después llegaron Lille y la consolidación en Francia, antes del salto al fútbol italiano y a la élite europea. Su formación en la escuela pública francófona Louis-Riel, en Ottawa, también tuvo su peso. El propio David ha explicado que aquel entorno le permitió tener siempre un balón cerca y desarrollar su técnica desde muy joven. Además, dominar el francés facilitó su adaptación cuando llegó a la Ligue 1.

Fuera del césped, el nuevo delantero rojiblanco tiene un perfil mucho más tranquilo. Se define como un chico hogareño y pasa buena parte de su tiempo libre jugando a la consola, especialmente a videojuegos de fútbol y shooters con sus amigos de Ottawa. También es un apasionado del hip-hop y el R&B, con Drake, Travis Scott y Kendrick Lamar entre sus artistas favoritos.

La moda es otra de sus grandes aficiones. Zapatillas de colección, streetwear, prendas exclusivas y ropa vintage forman parte de un estilo que contrasta con la discreción que suele mostrar sobre el césped.

Incluso su adaptación a Italia dejó una pequeña anécdota. En una de sus primeras cenas de equipo, David añadió parmesano a un plato de pasta con marisco, una combinación que provocó las bromas de sus compañeros y que llegó a convertirse en motivo de chanza pública. Una pequeña muestra de que, aunque el ‘Iceman’ suele mantener la calma, todavía tiene cosas que aprender de sus nuevos países.

Ahora, después de brillar con Canadá en el Mundial de 2026 y de construir una carrera a base de insistencia, goles y paciencia, David cambia Italia por Madrid. El niño que veía al Barça de madrugada desde Ottawa ya está en España. No vestirá la camiseta que soñaba de pequeño, pero sí la de un Atlético que encuentra en el ‘Iceman’ a un delantero hecho a imagen y semejanza de su propia historia: sin demasiados adornos, acostumbrado a superar obstáculos y con una obsesión intacta por competir al máximo nivel.

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