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·24 de septiembre de 2026
Juventus en Serie C: pros y contras del plan para Sub-15 y 16

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La Juventus ve más allá. Como ya hizo años atrás al ser la primera en creer en la inscripción de un segundo equipo en el fútbol profesional (la Sub-23, hoy llamada Next Gen en la Serie C italiana), una decisión que de hecho abrió el camino a un nuevo modelo de gestión del talento joven que también inspiró a Inter, Atalanta y Milan, hoy el proyecto se ha replicado, pero ya no en la categoría Sub-23. Desde esta temporada, de hecho, los Sub-15 y Sub-16 bianconeri no solo jugarán el campeonato —el habitual— de Serie A y B como cada año, sino que también tendrán un equipo inscrito en el tercer nivel del fútbol profesional: la Serie C. Que luego, para las categorías juveniles, en realidad representa el segundo nivel, ya que los clubes de A y B confluyen en un único campeonato dividido en grupos sobre una base estrictamente territorial. Hecha esta necesaria aclaración, la novedad resulta bastante sorprendente: una maniobra para implicar a todos los jugadores de grupos que cuentan con una treintena de chicos cada uno. El objetivo de este análisis es, por tanto, estudiar los pros y los contras de esta decisión, tratando de destacar las principales razones que llevaron al club, en la figura de Massimiliano Scaglia, a introducir este cambio.
El sábado 26 de septiembre debutará el Sub-16 en la Serie C en Vinovo, en un duelo programado contra el Lecco, mientras que el Sub-15 ya va por su tercer compromiso oficial. Motivo por el cual un enfoque sobre la idea del proyecto parece cuanto menos obligado. Antes que nada, hay que centrarse en el número de jugadores que, como se ha anticipado, registran los equipos. Teniendo en cuenta el grupo ampliado del que cada categoría puede nutrirse, sin hacer distinciones entre primer y segundo grupo (como se les llamaba antes), cada entrenador dispone de unos treinta futbolistas a los que, llegado el caso, puede añadir algún elemento de categorías inferiores por necesidad o por mérito, da igual. Las plazas disponibles para la convocatoria del partido del domingo son 20, lo que significa que cada semana, aproximadamente diez chicos que se esfuerzan al máximo en los entrenamientos no participan en el evento para el que todo está orientado: el partido. Entrar en la convocatoria es, por tanto, el primer objetivo; genera la sana competencia que debe existir, pero corre el riesgo de desmoralizar a algunos jugadores que quizá, en lo inmediato, no han logrado demostrar su potencial. Los llamados tardíos. A menudo, para resolver este problema surge la solución de la cesión a otro club, pero no siempre ofrece garantías de minutos y, además, sigue siendo complicado para un chico muy joven, aunque sea profesional, tener que cambiar por completo su estilo de vida: desde buscar una nueva escuela hasta la distancia con los padres, pasando por el círculo de amistades. Todos factores que, sobre todo en una franja de edad “protegida”, marcan muchísimo la diferencia.
De la necesidad de poder implicar a todos sin dejar a nadie atrás nace precisamente la idea de inscribir al equipo también en el campeonato de Serie C; quienes encontrarían menos espacio tendrían así la oportunidad de seguir activos y competitivos cada domingo, manteniendo alto el nivel de exigencia y con el objetivo de entrar en las convocatorias del nivel superior. Al fin y al cabo, si la Juventus ya tiene un primer equipo en la antigua Lega Pro, ¿por qué no introducir una estructura similar pero en versión juvenil? Además, hay otro aspecto que también merece análisis y que a menudo pasa desapercibido. Dicho esto sobre esos chicos que ni siquiera entran en la lista de convocados y que participan principalmente en torneos o amistosos organizados expresamente, también hay que dar espacio a quienes sí entran en la convocatoria. Pero aquí surge la duda: a menudo, algunos chicos son introducidos a pocos minutos del final del partido y con el resultado ya ampliamente asegurado. No se habla de un 2-0 o 3-0 para la Juventus, sino de marcadores mucho más abultados, y basta con echar un vistazo cada semana al grupo A para entenderlo. Entonces surge una pregunta espontánea: ¿con qué motivación entra un chico de 14 o 15 años cuando solo le quedan unos pocos minutos en un partido ya ganado por otros? La respuesta es rápida: ninguna, o muy poca. Todos, por supuesto, aportan su contribución y a veces incluso amplían una hoja de partido ya larguísima porque son profesionales, pero eso no influye positivamente en su crecimiento personal. Una cosa es entrar con el partido todavía en juego y otra muy distinta hacerlo con los 3 puntos ya en el bolsillo y quizá con más de 5 goles de diferencia.
Distinto es, en cambio, reunir a las dos categorías antes mencionadas, meterlas en otro contexto (igualmente competitivo y reconocido) y permitirles jugar con continuidad: sin duda llegarían mucho más preparadas y motivadas en caso de llamada del “primer grupo”. Este representa el principal punto fuerte del proyecto: llegar al final de la temporada con un mayor número de jugadores revalorizados conviene al club. Además, con la posibilidad de un canal siempre abierto que garantice el movimiento entre el campeonato A/B y la C, todo tiene más sentido. El riesgo, en este caso, es que, como sucede con todas las buenas propuestas, se acaben desviando unos objetivos sin duda apreciables y, por tanto, se vea a algunos chicos fijos en el campeonato de C, quizá rindiendo de maravilla pero sin tener oportunidades en el campeonato principal. Estamos al inicio en el Sub-15; el Sub-16 todavía tiene que empezar y, en consecuencia, esta reflexión queda plenamente aplazada hasta el final de la temporada, momento en el que se hará balance. Desde todos los puntos de vista.
Tener dos grupos (por categoría), aunque con jerarquías también definidas, pero sin demasiadas certezas, eleva el nivel de las sesiones de entrenamiento: la competencia de quienes han tenido menos espacio pone en aprietos a los semititulares, y eso beneficia a todos, también a los entrenadores, que se encuentran ante dos partidos que preparar. Como han declarado muchísimos técnicos también en el pasado, es precisamente en la dificultad de elegir a quién hacer jugar donde se mide la fuerza y el talento de un equipo. Aquí entra en juego la capacidad del cuerpo técnico, que debe ser capaz de gestionar sobre todo la parte mental y psicológica del asunto: una comunicación clara es fundamental incluso en decisiones que no son fáciles de transmitir al grupo.
Otro aspecto que no debe pasar desapercibido está en el descenso de nivel de aquellos jugadores que la mayoría de los fines de semana estarán ocupados en la Serie C. Y es que, a menudo, para mejorar hay que medirse a rivales más fuertes, un contexto que el campeonato de A y B sí te ofrece (no siempre). Gestionar la presión contra los coetáneos más fuertes de Italia es una prueba increíble, un escenario que probablemente la Serie C no concede; hay que mantener a todos concentrados para que nadie juegue subestimando a los rivales. Una consideración adicional, y final, que hay que hacer se refiere al número de partidos: con unos treinta jugadores y grupos variables, es muy probable que algunos jueguen tanto el sábado como el domingo. No es que sea un problema a los 14 o 15 años sumar minutos en días cercanos, pero es un punto clave a tener en cuenta. Una vez más, debe ser el cuerpo técnico quien gestione los recursos, estudiando cada vez los compromisos y los tramos de partido que asignar a los distintos jugadores para evitar que acaben fatigados o sobrecargados.
Para dar contexto a todo lo explicado hasta aquí, hace falta completar el panorama con alguna información técnica sobre el grupo único y los rivales de la Juventus en la categoría: los equipos totales en SUB-16 son 12. Además de los bianconeri, están presentes Lecco, Pro Vercelli, Vado, Albinoleffe, Spezia, Reggiana, Renate, Alcione, Giana Erminio, Folgore Caratese y Novara. En SUB-15, en cambio, hay nada menos que 14 equipos: además de los ya citados, también participan Pergolettese, Livorno y Torres.
Estamos solo al principio; las valoraciones de referencia se hacen al final de la temporada. La perspectiva es buena, y la idea aún mejor: hace falta una ejecución que esté a la altura y mantenga los principios antes enumerados. Es, a todos los efectos, un experimento. Pero, como tantas veces ha ocurrido, es la Juventus la que arranca antes que las demás y, si los frutos dan las respuestas adecuadas, también otros clubes de élite pronto tomarán ejemplo de las ideas bianconeras.
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🇮🇹 en este enlace.







































