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·3 de septiembre de 2026

La caricatura como trampa: el periodismo deportivo y la devaluación del producto (Por Ignacio Osorio)

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Por Ignacio Osorio

El fútbol chileno atraviesa un diagnóstico conocido por todos: una industria local urgida de modernización, carente de relatos atractivos en la escena internacional y con severos desafíos para captar nuevos mercados con la finalidad de ir, progresivamente, mejorando la calidad integral de su espectáculo. En medio de esta meseta, la forma en que los medios de comunicación y las transmisiones oficiales relatan el juego no es un elemento neutro; constituye un verdadero caso de estudio sobre cómo la búsqueda del morbo fácil y el eclipse del análisis técnico terminan por devaluar la marca del balompié nacional.


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Hasta ahora, la estructura del relato deportivo local opera bajo un modelo rígido y endogámico, donde las transmisiones televisivas parecen priorizar la caricatura y la polémica artificial por sobre la puesta en valor de los protagonistas. Un ejemplo elocuente de este fenómeno ocurrió recientemente durante el duelo entre Unión Española y Colo-Colo. La cobertura hacia Josimar Dias, ‘Vozinha’ —guardameta que viene de hacer una actuación histórica con la selección de Cabo Verde en la Copa del Mundo 2026—, reflejó de manera transparente este sesgo: en lugar de contextualizar su trayectoria, explicar su recorrido o generar expectativa por ver a una figura reconocida en el mapa internacional, la narración pareció atrincherarse en la espera del error punible que permitiera validar prejuicios previos y alimentar el clip de redes sociales.

Vincular la comunicación deportiva a un tratamiento riguroso y analítico generaría un ecosistema de mutuo beneficio. Para los espectadores, significaría la oportunidad de acceder a transmisiones que edifiquen contexto y apreciación táctica; para la liga chilena, representaría un catalizador que obligaría a elevar los estándares de transmisión, narrativa y posicionamiento

comercial. La práctica recurrente de forzar la pauta hacia la caricatura tipo sketch, la discusión de camisetas o las votaciones de la figura del partido orientadas más a la entrevista morbosa que al mérito futbolístico como lo evidenciado recientemente en la elección del jugador del partido en el cruce ante Everton, degrada el valor percibido del torneo e imposibilita la consolidación de nuevos referentes deportivos.

Este vicio en la construcción de la narrativa futbolística no es un caso aislado ni un daño colateral inofensivo; cuenta con un contraste internacional contundente que demuestra cómo la narrativa mediática transforma la percepción de una liga. En mercados desarrollados, la presencia de futbolistas con historias particulares o impacto internacional es utilizada por las cadenas televisivas como una plataforma de amplificación de marca, donde se educa al espectador y se construyen relatos épicos alrededor del juego. En el escenario local, en cambio, la persistencia en reducir la transmisión a la comedia ligera y al morbo impide que el torneo local se convierta en un producto respetado y exportable.

El fútbol chileno ya no puede permitirse el lujo de desaprovechar oportunidades de valorización por falta de altura en el micrófono. Entender que los canales deportivos y los comunicadores no son simples espectadores, sino agentes co-responsables de la crisis y del desarrollo del producto, no es un mero adorno teórico; es una urgencia de la industria. Es hora de entender que para volver a prestigiar la competencia, primero debemos dignificar la forma en que la contamos.

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