Un 10 Puro
·11 de agosto de 2026
La generación que viene ya está aquí: Jódar, Mérida y la revolución de los nacidos en el siglo XXI

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Una nueva generación de tenistas reclama su sitio entre los grandes.Generado por IA
Hay un dato que dice mucho más de lo que parece. Por primera vez desde que en 1990 nacieron los Masters 1000, los ocho jugadores que disputan los cuartos de final de uno de estos torneos han nacido en el siglo XXI. No hay un solo tenista nacido antes de 2001 entre los supervivientes de Montreal.
Brandon Nakashima, nacido en 2001, ejerce casi de veterano con sus 25 años. A su lado aparecen Luciano Darderi (2002), Ben Shelton (2002), Arthur Fils (2004), Dani Mérida (2004), Jakub Mensik (2005), Learner Tien (2005) y Rafa Jódar (2006), el benjamín de una fotografía que hace unos años habría parecido imposible.
No es solamente una cuestión de edad. Es una cuestión de sensaciones. Porque esta generación no está llegando al circuito para esperar su turno. Está llegando para discutirlo.
Durante los últimos años, el discurso alrededor de los jóvenes ha sido casi siempre el mismo: son el futuro, las próximas estrellas, los herederos de una generación extraordinaria. Pero el tenis profesional no regala tiempo. Y la camada nacida a partir de 2001 empieza a demostrar que tampoco lo quiere.
Montreal es el escenario perfecto para comprobarlo. La ausencia de algunas de las grandes figuras veteranas y las eliminaciones prematuras de jugadores como Zverev, Medvedev, Fritz o Ruud han abierto una ventana, sí. Pero hay una diferencia entre encontrar una oportunidad y aprovecharla. Los ocho supervivientes han hecho lo segundo.
Entre ellos hay jugadores que ya conocen la sensación de levantar un trofeo ATP, otros que han disputado finales y varios que están llamando con fuerza a las puertas de los grandes torneos. El mensaje es claro: el relevo no se está produciendo dentro de unos años. Se está produciendo ahora. Y España tiene dos nombres especialmente llamativos.
Rafa Jódar tiene 19 años y pertenece a esa categoría de jugadores que parecen haber decidido saltarse algunos capítulos del manual de aprendizaje.
El madrileño ya conquistó esta temporada su primer título ATP en Marrakech y ha demostrado una capacidad competitiva impropia de su edad. En Montreal ha encadenado tres victorias y se ha plantado en los cuartos de final después de derrotar, entre otros, a Lorenzo Musetti. Su partido ante Arthur Fils, además, puede permitirle seguir avanzando en un torneo que está convirtiéndose en una declaración de intenciones.
Jódar no aparece ya como una promesa a la que haya que observar con paciencia. Aparece como un jugador al que hay que tener en cuenta.
Y justo detrás, casi siguiendo su estela, está Dani Mérida. El madrileño, nacido en 2004, ha protagonizado una de las grandes explosiones del tenis español en 2026. En abril alcanzó la final de Bucarest y en julio dio un paso todavía mayor al conquistar en Umag su primer título ATP. Lo hizo con apenas su séptimo cuadro principal del circuito y se convirtió en el tercer campeón más joven de la década en el torneo croata, sólo por detrás de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner.
Ahora, apenas unas semanas después, está en los cuartos de final de un Masters 1000 por primera vez.
El salto ha sido vertiginoso: hace apenas un año Mérida ocupaba el puesto 233 del ranking mundial. Tras Umag se instaló en el Top 60 y ahora, después de su recorrido en Montreal, está virtualmente alrededor del puesto 40. Incluso tiene al alcance la posibilidad de llegar al US Open como cabeza de serie.
El tenis español, acostumbrado durante décadas a mirar hacia una generación liderada por Nadal y después a una transición en la que Alcaraz y Sinner han monopolizado buena parte de los focos, empieza a descubrir que detrás también hay vida.
Lo interesante de Montreal es que Jódar y Mérida no están solos. Arthur Fils ya no es una promesa: es campeón ATP y uno de los nombres más importantes de la nueva hornada francesa. Ben Shelton combina potencia y descaro y lleva tiempo instalado entre los jugadores que aspiran a la élite. Jakub Mensik ya ha demostrado que puede competir de tú a tú con los mejores. Learner Tien, con apenas 20 años, también está construyendo su propia candidatura.
Y luego están Darderi y Nakashima, dos jugadores que ayudan a entender que el fenómeno no es exclusivamente adolescente. El primero, nacido en 2002, ya suma cinco títulos ATP; el estadounidense, nacido en 2001, representa el extremo más veterano de unos cuartos de final cuya edad media ronda los 22 años.
No es una generación homogénea. Ni por edad, ni por nacionalidad, ni por estilo. Pero sí comparte algo: la sensación de que no necesita esperar a que nadie se retire para ocupar su sitio.
Hay otra lectura interesante. Carlos Alcaraz y Jannik Sinner han cambiado la escala de lo que se espera de un tenista joven. Durante años, ganar un Masters 1000 o pelear por un Grand Slam siendo adolescente parecía una anomalía. Hoy, en cambio, el circuito se ha acostumbrado a ver a jugadores de 19, 20 o 21 años competir sin complejos contra tenistas que llevan una década en la élite.
Mérida lo resumía de alguna manera después de conquistar Umag. Su nombre aparecía en la historia del torneo junto al de Alcaraz y Sinner, aunque él mismo se apresuraba a poner distancia: son dos de los mejores del mundo y están lejos, reconocía, pero la motivación es intentar acercarse.
Quizá ahí esté una de las claves. La nueva generación ha crecido viendo a jugadores de su edad ganar grandes torneos. Ya no contempla la élite como un territorio reservado a los veteranos. La contempla como el lugar al que pertenece.
Conviene no caer en la tentación de convertir un torneo en una profecía. El tenis es demasiado exigente y demasiado largo como para decretar carreras a los 19 o 21 años. Pero los datos empiezan a acumularse.
Ocho cuartofinalistas nacidos en el siglo XXI en un Masters 1000. Dos españoles entre ellos. Jódar con un título ATP en su primera temporada de explosión. Mérida recién coronado en Umag y estrenándose ahora en los cuartos de un Masters 1000. Mensik, Tien, Fils y Shelton reclamando protagonismo. Darderi y Nakashima confirmando que la frontera generacional ya se ha desplazado.
Puede que Montreal no sea todavía el lugar donde nació una nueva era. Pero sí puede ser el torneo en el que el tenis dejó de hablar del relevo generacional en futuro. Porque el futuro, esta vez, ya está jugando los cuartos de final.







































