La Galerna
·24 de marzo de 2026
La gran mentira del fútbol español

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Pasan los años para todo ser viviente en este planeta, pero hay algo que permanece imperturbable ante el transcurso de los tiempos. El CTA y, sobre todo, el relato de los medios acerca de las decisiones de los miembros que componen dicho estamento resisten impermeables al cambio como elementos fundamentales de lo que algunos aficionados madridistas han denominado como “El tinglao”.
Antes de continuar, es mi deber anunciarles que mi abogado me ha aconsejado escribir este texto con la mayor esterilidad posible, por lo que no comentaré las andanzas de Munuera Montero en el Bernabéu con mi habitual desparpajo. Todo OK, José Luis.

Por ello quiero centrar mis palabras en un problema mucho más arraigado que el del arbitraje del derbi: en la concepción del aficionado español medio de que “el Madrid roba”, “Barcelona y Madrid no pueden quejarse de los árbitros” o el siempre dicho con sorna “penalti para el Real Madrid”. Todas estas frases han sido férreamente instauradas en la mente del aficionado patrio a pesar de la cantidad de pruebas y datos estadísticos que demuestran que el Madrid está lejos de ser el equipo más beneficiado arbitralmente en este país.
Partamos de una base honesta: todo aficionado al fútbol alberga en su ser la creencia de que a su equipo lo perjudican los colegiados. Es así. La pasión enturbia el juicio hasta tal punto, sin importar cuán coherente o sosegada pueda ser una persona fuera del entorno futbolero. Por este motivo agradezco enormemente la labor de madridistas como Hechicero, Maketo, Juanpa Frutos y todos aquellos que han dedicado su tiempo a dotarnos de una base estadística e histórica a base de investigaciones que sustenten con evidencias irrefutables lo que en un momento de flaqueza o serenidad pudiéramos haber interpretado como meros delirios de persecución generados con el amor hacia nuestro escudo.
la concepción del aficionado español medio de que “el Madrid roba” ha sido férreamente instauradas en la mente del aficionado patrio a pesar de la cantidad de pruebas y datos estadísticos que demuestran que el Madrid está lejos de ser el equipo más beneficiado arbitralmente en este país
Siempre he sostenido que los datos estadísticos por sí solos no son suficientes. Apenas si son la mitad de una historia mal contada. Sin embargo, el fútbol español está repleto de unas anomalías estadísticas tan salvajes y distantes de las que existen en otras ligas, que por sí mismas deberían bastar para explicar la podredumbre de las competiciones españolas si la sociedad futbolera no estuviera tan contaminada desde hace tanto tiempo. Podemos irnos al saldo de faltas, al de tarjetas amarillas, rojas o penaltis, pero es mucho más simple que todo eso. Es tan sencillo como comprobar que antes de comenzar a corromper el arbitraje español sobornando al vicepresidente de los árbitros, el Barcelona tenía menos títulos nacionales que los que consiguió durante los años de los pagos.
A pesar de todo, el aficionado español medio permanece impertérrito, obstinado en la creencia de que el Real Madrid es el equipo favorecido por los árbitros, y así lo demuestran en cada campo rival que visita el conjunto blanco. El porqué es muy sencillo. La respuesta está en los medios y el tratamiento de los errores arbitrales en función del equipo implicado.
En los últimos años se ha hiperbolizado este tratamiento, demostrando a su paso el grado de subyugación racional de los fans de otros equipos, hasta el punto de que, en un partido en el que el Madrid es perjudicado en, pongamos, cuatro jugadas de manera grave y se le arbitra una jugada decisiva de manera justa a su favor, la reacción de los medios se centra única y exclusivamente en esta última, buscando y forzando una polémica hasta entonces inexistente y omitiendo deliberadamente las cuatro jugadas que perjudicaron al equipo vikingo.

De hecho, la última de los medios es vestir de colegiado al que en otro tiempo sería considerado el idiota del pueblo y darle voz y micro para convencer al populacho de que dichos errores graves en realidad están perfectamente arbitrados, aunque tengan que inventarse por el camino términos absurdos para justificarlos. Jugadas grises, residuales, fueras de juego psicológicos… Cualquier término, por rimbombante que parezca, acaba funcionando ante un público cada vez menos exigente intelectualmente y que termina tragando con todo.
Cada vez son más los que opinan que el club debería crear un departamento para luchar contra este relato o crear un “contrarrelato”, pero la verdad es que no sé hasta qué punto podría funcionar esta idea teniendo en cuenta el calado que tiene el actual en el fútbol español. Alfons Godall, en su célebre entrevista, no sólo dio a conocer el término “saldo arbitral”, sino que también puso de manifiesto la vasta ventaja que nos lleva Laporta en las instituciones. Está claro que el imputado presidente blaugrana sabe cómo moverse en los despachos y los medios sin que le muevan la silla y ha bastado una protesta y algo de altavoz para recuperar el liderato y la ventaja que había perdido el Barcelona hace unas semanas.
El arbitraje ha virado exageradamente en las últimas jornadas para favorecerles y consolidarles, pero el poder de Laporta es tal que no hay repercusión mediática ni, por tanto, social. Resulta descorazonador pensar en la magnitud del enemigo al que nos enfrentamos y el arduo y largo proceso que supondría tratar de recuperar el terreno perdido, pero creo firmemente que al menos debería intentarse. De igual manera que el Madrid está luchando, FIFA mediante, por tratar de higienizar el arbitraje español, merece la pena también intentar que el club más importante de la historia sea tratado tanto por clubes como por los medios con el respeto que se merece.
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