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·19 de mayo de 2026
La ingenuidad que mantiene el desastre

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El cuento de nunca acabar prosigue en el Palau Blaugrana. Aunque pocos habrían dilucidado este nuevo capítulo hace no tanto, la realidad es que ya está aquí. Xavi Pascual no seguirá siendo el entrenador del Barça la próxima temporada. La decisión, que ya empezó a labrarse tras las sorprendentes declaraciones del técnico de Gavà ante los medios hace unas semanas, es un golpe durísimo para la sección. Con la vuelta de Pascual se esperaba poner fin a los convulsos años en los que el club sigue sumido, pero la vuelta del «hijo pródigo» ha acabado por demostrar lo que algunos se temían. Poco importa quién esté en el banquillo si no hay intención real de cambiar las cosas.
Al final, Xavi Pascual se ha encontrado con lo mismo que les pasó a sus predecesores. Roger Grimau y Joan Peñarroya, bajo las mismas circunstancias y con mucho menos cariño por parte de la afición, directiva y periodistas, acabaron por ser cesados. Se señalaban sus errores (y los hubo), pero el problema parecía focalizarse en figuras que en el contexto general de la sección poco podían hacer para que el rumbo adecuado volviera al Palau.
Pascual en un partido de Euroliga. Fuente: Europa Press
Con Pascual todo fue oro al principio. La mentalidad del equipo cambió y hubo promesas desde arriba que, inocentemente, Pascual creyó. Al final, el tiempo ha devuelto la lógica. Una aún más dura de lo esperado, en la que el club (a falta de un milagro en Liga) ha empeorado respecto a la temporada pasada. Tanto en lo deportivo (con la primera ausencia en los playoffs de la Euroliga en 8 años) como en lo anímico.
Llegados a este punto Pascual decide marcharse. No a descansar ni a un club cualquiera. Lo hace a los Emiratos Árabes, concretamente al Dubái Basketball, a un equipo que le pondrá todo en bandeja al técnico para ganar la Euroliga. Además, con un contrato que le convertirá en uno de los entrenadores mejor pagados de la historia de la competición.
Sinceramente, no se le puede negar su decisión de irse. Se siente traicionado y mentido por una directiva que no ha hecho nada para enderezar la situación. Sin embargo, cuesta creer que alguien con la inteligencia y saber estar de Pascual creyera que todo iba a cambiar en un santiamén. Quizás, por ser la figura que es dentro del barcelonismo, se esperaba otra cosa. Pero la realidad es que todo ello poco importa ya. La ingenuidad era pensar lo contrario.
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