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·15 de julio de 2026

La segunda estrella no es un sueño: España tiene una cita con la historia

Imagen del artículo:La segunda estrella no es un sueño: España tiene una cita con la historia

Dieciséis años después de conquistar el planeta fútbol en Johannesburgo, España vuelve a tener una cita con la historia. La victoria ante Francia en las semifinales del Mundial no solo certifica el extraordinario momento de una generación llamada a marcar una época, sino que devuelve al país la ilusión de volver a mirar al escudo y pensar en una segunda estrella. El próximo domingo, en Los Ángeles, La Roja disputará una final mundialista con el convencimiento de quien ha demostrado, partido tras partido, que merece estar entre las mejores selecciones del mundo.

Una victoria construida desde el colectivo

España llegó con una idea. Y volvió a quedar demostrado que, cuando esta selección es fiel a sí misma, pocos equipos son capaces de discutirle el partido. La presión fue alta, la circulación de balón constante y el compromiso defensivo absoluto. Nadie jugó para sí mismo. Todos jugaron para el equipo.


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Ahí reside la grandeza de esta generación. No depende exclusivamente del talento de Lamine Yamal, de la visión de Pedri o de la jerarquía de Rodri. Depende de que cada futbolista entiende perfectamente cuál es su papel y lo desempeña con una generosidad admirable.

La Roja no ganó porque un jugador decidiera el encuentro. Ganó porque once futbolistas, dirigidos desde el banquillo por Luis de la Fuente, interpretaron el partido con una inteligencia extraordinaria.

Cada pieza cuenta

Unai Simón volvió a transmitir esa tranquilidad que tanto necesitan los equipos que aspiran a levantar títulos. Cuando Francia intentó reaccionar, el guardameta respondió con la seguridad de quien lleva años acostumbrado a los grandes escenarios.

La defensa volvió a ofrecer una actuación sobresaliente. Contundente cuando fue necesario, elegante con el balón y siempre concentrada para impedir que las estrellas francesas encontraran espacios.

En el centro del campo apareció, una vez más, el verdadero corazón de esta selección. Rodri volvió a gobernar el juego con una autoridad incontestable, acompañado por unos centrocampistas capaces de combinar sacrificio, talento y personalidad. España volvió a mandar con el balón, pero también sin él.

Y arriba, la amenaza fue constante. Lamine Yamal volvió a demostrar que el desparpajo no entiende de edades. Nico Williams castigó cada espacio. Dani Olmo aportó criterio y último pase. Mikel Oyarzabal abrió el camino desde el punto de penalti con la serenidad de los grandes delanteros y Pedro Porro puso la sentencia culminando una magnífica acción colectiva.

No hubo un héroe. Hubo un equipo.

Luis de la Fuente y la fuerza de una idea

Si algo ha conseguido el seleccionador es devolver a España una identidad reconocible.

Durante demasiado tiempo el debate giró en torno a si era posible recuperar el fútbol que maravilló al mundo entre 2008 y 2012. La respuesta no estaba en copiar aquel modelo, sino en construir uno nuevo respetando la misma filosofía.

Esta selección quiere el balón, presiona, compite y sabe sufrir. Ha aprendido que el talento solo alcanza su máxima expresión cuando va acompañado de disciplina, solidaridad y trabajo.

Luis de la Fuente ha formado mucho más que un once titular. Ha construido un grupo. Y en los grandes torneos, los grupos siempre acaban imponiéndose a las individualidades.

La herencia de Sudáfrica

Resulta inevitable viajar con la memoria hasta aquella noche del 11 de julio de 2010.

El gol de Andrés Iniesta convirtió un sueño colectivo en una realidad inolvidable. Aquella primera estrella transformó para siempre la historia del fútbol español.

Han pasado dieciséis años. Han cambiado los protagonistas, los escenarios y hasta la forma de entender el juego. Pero permanece intacta una sensación que solo aparece cuando un equipo consigue conectar con todo un país: la ilusión.

Esta nueva generación no necesita parecerse a la de Casillas, Xavi, Iniesta, Puyol o Villa para ser extraordinaria. Su mérito consiste precisamente en haber construido su propia identidad y haber devuelto a España al lugar que le corresponde entre las grandes potencias del fútbol mundial.

El domingo, una cita con la eternidad

Las finales nunca se juegan antes de tiempo. Da igual quién espere al otro lado del campo. Inglaterra o Argentina supondrán un desafío enorme, porque ambos reúnen argumentos suficientes para levantar la Copa del Mundo.

Pero España llega con algo que ningún rival puede regalarse: la convicción de quien ha recorrido el camino jugando al fútbol con personalidad, valentía y una enorme madurez competitiva.

El domingo no será únicamente un partido. Será la oportunidad de cerrar un círculo iniciado hace dieciséis años. La posibilidad de confirmar que el fútbol español no vive de la nostalgia, sino del presente.

Porque esta selección ya ha conseguido algo extraordinario: devolvernos el orgullo de creer.

Ahora solo queda el último paso. Noventa minutos para conquistar el mundo. Noventa minutos para bordar la segunda estrella. Noventa minutos para volver a hacer historia.

Imagen principal: Instagram @marca

Por Lourdes Serra; pueden seguirme en Instagram @lourdeserra.

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