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·15 de mayo de 2026

La semana más caótica del Madrid: peleas, Mbappé y Florentino en guerra

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El Barça celebraba el título de LaLiga en el Camp Nou mientras el Real Madrid llevaba días consumiéndose por dentro. No fue una derrota más. Fue el colapso visible de una institución que ya no podía controlar lo que ocurría en sus propios vestuarios, en su banco de suplentes ni en su sala de prensa.

Nueve días. Seis frentes distintos. Un solo diagnóstico: el Madrid perdió el control de sí mismo.


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La pelea que lo rompió todo

El miércoles 6 de mayo, una falta dividida en el entrenamiento de Valdebebas detonó un conflicto que llevaba meses acumulándose. Federico Valverde y Aurélien Tchouaméni se encararon, se empujaron y continuaron la discusión en el vestuario. Al día siguiente, el ambiente era, según fuentes internas, «muy incómodo y desagradable». Valverde se negó a estrechar la mano al francés, lo acusó de haber filtrado el incidente del miércoles y le realizó dos entradas violentas en el siguiente entrenamiento. La situación escaló hasta el enfrentamiento físico en los vestuarios: el uruguayo acabó en el hospital con un traumatismo craneoencefálico tras golpearse contra una mesa.

Según reveló Mario Cortegana en The Athletic, el choque no fue espontáneo sino la culminación de una tensión que se arrastraba desde hacía meses en Valdebebas. Valverde, uno de los capitanes del equipo, había estado provocando de manera reiterada a Tchouaméni durante los trabajos. Fuentes del club fueron más directas aún: su comportamiento era «indigno para un capitán del Real Madrid».

El propio vestuario tomó partido. Jugadores con peso en la plantilla trasladaron a la directiva que querían la salida de Valverde en el próximo mercado.

Una multa sin precedentes

El viernes 8 de mayo, el club emitió un comunicado oficial anunciando la apertura de expedientes disciplinarios contra ambos jugadores. La resolución llegó en menos de 24 horas: 500.000 euros de multa para cada uno. Valverde no volvería a jugar con el equipo en lo que restaba de temporada.

El Madrid siempre presumió de resolver sus crisis puertas adentro. Esta vez no pudo. La multa no fue solo una sanción deportiva; fue la confirmación pública de que el escándalo había desbordado los mecanismos internos del club.

El Clásico como golpe de gracia

El domingo 10 de mayo, el Real Madrid viajó al Camp Nou sin Mbappé —lesionado en el músculo semitendinoso—, sin Valverde —baja tras el enfretamiento—, sin Militão, sin Mendy y sin Arda Güler. Arbeloa había reconocido antes del partido que el ambiente era complicado: «Hay que usar esa frustración y esa rabia para afrontar el partido de mañana».

No funcionó. Marcus Rashford abrió el marcador al minuto 9. Ferran Torres sentenció el 2-0 en el 18. El Barcelona se proclamó campeón de LaLiga 2025/26 antes del descanso. El Madrid no generó nada. Courtois evitó que la diferencia fuera mayor.

El club más poderoso de Europa entregó la Liga a su eterno rival en el peor estado interno que se recuerda en años.

Florentino sale de su bunker

El martes 12 de mayo, sin previo aviso, el Real Madrid convocó una rueda de prensa de urgencia. La incógnita sobrevolaba Valdebebas: ¿dimitía el presidente? ¿Anunciaba nuevo entrenador?

Florentino Pérez compareció en la sala de prensa de la Ciudad Real Madrid y abrió con una frase que lo despejó todo: «Lamento decirles que no voy a dimitir». Acto seguido anunció la convocatoria de elecciones a la presidencia, a las que se presentará con la actual Junta Directiva.

Pero el momento más revelador de la comparecencia no fue el anuncio electoral. Fue cuando el presidente nombró al periodista David Sánchez de Castro, de ABC, para desmentir una información sobre su estado de salud, y aprovechó para atacar al rotativo por su vinculación con el desaparecido Relevo, al que acusó de haber perdido 25 millones con el único fin de «meterse con el Real Madrid y con Florentino Pérez». Anunció que tramitaría la baja en su suscripción al periódico, que su padre le abrió hace décadas.

Al día siguiente, el miércoles 13, acudió a El Chiringuito para ampliar sus declaraciones ante Pedrerol. El propio conductor del programa le recriminó que «la institución está por encima de la opinión de cualquier periodista». Un presidente que siempre habló desde la distancia institucional estaba ahora respondiendo nombre por nombre.

Mbappé y Arbeloa: la autoridad técnica, en cuestión

El jueves 14 de mayo llegó el último detonador. Después del partido ante el Oviedo —en el que Mbappé no fue titular—, el delantero francés declaró en zona mixta: «No jugué de inicio porque el entrenador me ha dicho que soy el cuarto delantero de la plantilla, por detrás de Vinícius, Mastantuono, Brahim y Gonzalo».

Arbeloa lo negó de forma rotunda en rueda de prensa: «Ni tengo cuatro delanteros ni he dicho semejante frase». Y añadió: «Soy entrenador y decido quién juega y quién no».

La estrella más cara de la historia del fútbol y su entrenador se contradijeron públicamente ante decenas de micrófonos. En el Santiago Bernabéu, la seguridad retiró durante el mismo partido dos pancartas de aficionados con consignas contra Florentino Pérez. El público pitó a Mbappé. La autoridad técnica y la institucional quedaron cuestionadas en el mismo edificio, la misma noche.

El Madrid no solo perdió una Liga en nueve días. Perdió algo más difícil de recuperar: la sensación de que todo, dentro y fuera del campo, seguía bajo control.

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