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·3 de abril de 2026
Libertinaje, El Cáncer del Periodismo Deportivo en Chile

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Por Rodrigo Molina
La libertad de expresión es un de los derechos humanos más fundamentales que posee nuestra sociedad. Se define como el derecho que permite a toda persona buscar, recibir y difundir ideas, pensamientos, opiniones e información de cualquier tipo, sin censura previa, abarcando diversos tipos de medios, ya sea orales, escritos, artísticos o digitales.
La libertad de expresión se caracteriza por su alcance universal, es decir, está asociada a la libertad de opinión y a la necesidad de información, siendo un pilar esencial de nuestra democracia y del bienestar de nuestra sociedad y sus relaciones. Conlleva un aspecto importante que es la responsabilidad al momento de difundir ideas, opinar e informar, sobre todo si puede llegar a afectar los derechos de terceras personas.
Nuestra actual Constitución Política, en su Artículo 19, número 12, garantiza la libertad de expresión y establece como un derecho emitir opiniones e informar, sin censura previa, en cualquier forma y cualquier medio. Existen leyes, como la ley antidiscriminación o Ley Zamudio (Ley 20.609), que protegen el derecho de expresar opiniones y difundir información sin ser perseguido o discriminado a causa de las mismas.
A su vez, la libertad de expresión en Chile posee límites legales, tales como no incitar el odio y la violencia, no hacer apología del odio racial, religioso o nacional, ni tampoco violar los derechos de terceras personas a través de difamaciones, injurias y calumnias ni tampoco vulnerar su derecho a la intimidad y a la privacidad.
Sin embargo, en el mundo posmoderno que nos rige actualmente, estos límites se trasgreden a diario y en forma cotidiana. A través de las redes sociales, la apología e incitación a todo tipo de odio y violencia se percibe acompañada de elementos nefastos para el bienestar de nuestra sociedad, tales como la ignorancia, la destrucción del respeto como valor fundamental para nuestra convivencia, la carencia de inteligencia al emitir juicios y opiniones, la ausencia de una formación cultural adecuada y, sobre todos los aspectos, la desinformación. En los tiempos actuales, el “yo digo lo que pienso” ha transformado a la libertad de expresión en libertinaje.
El libertinaje se define como el desenfreno en las palabras, opiniones y acciones, caracterizada por aspectos tales como la deshonestidad, la liviandad y la inmoralidad, reflejada en una actitud que se refleja en el abuso de la libertad personal, en el irrespeto a las normas de convivencia y en la no consideración de las normas sociales, culturales, legales y morales al asumir sus actos.
La libertad implica expresarse conforme a la propia voluntad, sin perjudicar a los demás ni vulnerar sus derechos. Por su parte, el libertinaje ignora cualquier tipo de consideraciones y actúa en forma irresponsable y sin ningún valor de respeto ni de empatía con los demás.
La ignorancia, la desinformación, la ausencia de una preparación cultural y de una base de conocimientos, la falta de educación y la carencia de valores, son elementos que giran en torno al flagelo del libertinaje, y que en nuestros tiempos actuales afectan de manera directa a numerosos elementos, tales como el periodismo deportivo, por ej.
Hace unos días, después de finalizado el partido entre Audax Italiano y Universidad de Chile por la Fecha 3 de la Copa de la Liga, un reportero le realizó una pregunta algo curiosa al DT azul, el argentino Fernando Gago, acerca de un conteo de llegadas y un supuesto “marcador moral”. Al buscar polémica a un bajo costo, el reportero terminó por complicarse igual que un niño que camina por una enredadera en medio de la selva del Amazonas. Gago respondió afablemente a dicha complicación disfrazada de pregunta, dejando en claro que no compartía en absoluto tal apreciación, carente de análisis y de lecturas técnicas del partido.
Sin embargo, lo peor vino después. En una de sus redes, dicho reportero esgrimió la siguiente frase, por consiguiente, lamentable: “hay que apurarlos a estos argentinos que creen que la vienen a puro hacer al fútbol chileno”.
¿En serio, estimado, usted cree “apurar” a una persona como Fernando Gago, con un currículum indiscutible como futbolista y como entrenador, seleccionado argentino, campeón con Boca Juniors y con el Real Madrid, medallista de oro en los JJ.OO. de Beijing 2008, y campeón con Racing de Avellaneda como director técnico? Para muchos sería un lujo plantearle una interrogante a un profesional de la categoría del actual DT de la U.
No deseo catalogar de mala leche el acto realizado por aquel reportero ni centrarme en su irresponsabilidad, inmadurez, falta de expertiz, ausencia de preparación cultural y técnica o en su desconocimiento del fútbol como deporte. Aquel lamentable yerro no es solo su exclusiva culpa, sino que también hay responsabilidad de entes superiores que están detrás de su presencia en la sala de prensa del Bicentenario de La Florida. Claramente hay responsabilidad de quienes dirigen su sitio informativo, de un editor que no fija ciertos límites, no coadyuva a una preparación previa ni posee claridad de lo que es una línea editorial. No es llegar y hacer una pregunta, tiene que haber un análisis futbolístico, técnico y táctico previo del mismo, obtener información a partir de estadísticas y saber sacar conclusiones de estas, pero, por sobre todos los aspectos, establecer con claridad cual debe ser la directriz de un medio de información antes de realizar cualquier acto.
Actualmente, en un porcentaje alarmante, el periodismo deportivo en Chile está enredándose en las redes del libertinaje, cayendo en la ignorancia, la falta de pericia o experiencia, la carencia de conocimientos previos y la pérdida absoluta de la capacidad de informar con claridad y objetividad. No podemos achacarle este status funesto solo a los medios partidarios o a los sitios web deportivos, sino que aquellos déficits también están afectando a medios más importantes que están atrapados en la desinformación como una respuesta a la necesidad de servir al sistema imperante.
A los usuarios que consumen a diario el devenir del fútbol chileno les gusta disfrutar de un periodismo deportivo bien hecho, realizado con la suficiente preparación técnica y táctica, con un sólido manejo de estadísticas, con una adecuada capacidad de análisis y crítica y con un bagaje cultural formado a partir de la memoria histórica de nuestro deporte. No basta con tener una caseta a disposición, una polera identificatoria del lugar donde labura o un micrófono para transmitir. El periodista deportivo en Chile debe basar su labor diaria en una adecuada libertad de expresión y no en el libertinaje de hablar, pensar o actuar en base a sandeces que solo contribuyen a la poca credibilidad de la profesión.
El gran periodista deportivo de Argentina, recientemente fallecido, Ernesto Cherquis Bialo, un comunicador por excelencia, gran biógrafo de Diego Armando Maradona, amante del fútbol y del boxeo y un excelso contador de historias, señaló meses antes de su partida que “el periodismo deportivo estaba muerto”, ya que había perdido su norte, su objetivo fundamental, el cual no solo es informar, sino también es indagar, investigar, analizar, por lo cual todo periodista deportivo debía poseer un bagaje cultural y un pensamiento crítico sólido, además de la suficiente capacidad de comunicar y transmitir sus ideas en forma clara, profunda y convincente, lamentando que, hoy en día, el periodismo deportivo se enfoque más en operar, apartar, cancelar y desinformar, además de servir al poderoso.









































