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·14 de marzo de 2026

Lisci y su reflexión de la ambición mal entendida en el fútbol

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En el fútbol moderno hay palabras que se repiten tanto que terminan perdiendo su significado original. Una de ellas es “ambición”, un término que suele aparecer en análisis, tertulias y ruedas de prensa, casi siempre como una etiqueta rápida para explicar victorias o derrotas. Sobre esta idea ha reflexionado el entrenador Alessio Lisci en la previa del partido que enfrentará a Real Sociedad y Osasuna.

Para el técnico italiano, el problema no está en la palabra en sí, sino en cómo se utiliza en el fútbol. Según explica, muchas veces se reduce todo a un juicio demasiado simple: si un equipo gana, se dice que tiene ambición; si pierde, se concluye que le falta. Esa lógica, asegura, termina distorsionando la realidad del trabajo de entrenadores y equipos.


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Lisci lo explica con ironía. Al final de cada temporada, señala, parece que solo unos pocos entrenadores “buenos” tienen ambición porque han ganado, mientras que el resto pasan a ser vistos como técnicos sin ideas o sin carácter. En su opinión, esa lectura ignora la complejidad real del juego y de las decisiones tácticas.

¿Qué significa realmente ser ambicioso?

El entrenador plantea entonces una pregunta clave: ¿qué es realmente la ambición en el fútbol?

¿Significa salir a cada partido con siete delanteros, presionar al máximo y lanzarse a por una victoria espectacular aunque el riesgo sea acabar perdiendo con claridad? ¿O consiste en plantear un partido con criterio, elegir cuándo presionar, cuándo protegerse y tomar decisiones que acerquen de verdad al equipo a ganar?

Para Lisci, la ambición no está en el ruido ni en la espectacularidad de las decisiones, sino en hacer las cosas bien para tener más opciones de ganar.

La diferencia entre intención y lo que ocurre en el campo

El técnico también recordó un ejemplo reciente para explicar cómo puede interpretarse mal la ambición desde fuera. Antes de un partido en Valencia, insistió varias veces en el vestuario en que el equipo no había viajado para empatar a cero. Sin embargo, al ver el desarrollo del encuentro, algunos pudieron interpretar que el plan era precisamente ese.

Ahí aparece otra realidad del fútbol: lo que un equipo pretende y lo que finalmente sucede en el campo no siempre coinciden. Las circunstancias del partido, el rival o los momentos del juego pueden cambiar completamente la percepción externa.

Ambición, resultados y etiquetas

Para Lisci, el problema es que el fútbol tiende a etiquetar rápidamente cuando faltan argumentos más profundos. Cuando llegan los resultados positivos, la ambición se da por hecha. Cuando no llegan, se cuestiona.

Sin embargo, el entrenador insiste en que la verdadera ambición está en otra parte: en la voluntad de hacer las cosas bien y competir cada partido para ganarlo. Esa es, según explica, la mentalidad con la que afrontan el tramo final de la temporada.

Al final, la palabra seguirá utilizándose. Y probablemente seguirá dependiendo de los resultados. Porque, como él mismo reconoce con cierta resignación, si el equipo gana muchos partidos dirán que tiene ambición. Y si no, dirán que no la tiene.

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