The Independent
·29 de julio de 2026
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·29 de julio de 2026
La FIFA desató una fuerte polémica al anunciar su intención de vender participaciones de la Copa del Mundo a inversionistas privados mediante la creación de una empresa que administrará los derechos comerciales y la organización del torneo.
La nueva entidad, llamada FIFA Forward Enterprise (FFE), será propiedad de la FIFA y permanecerá bajo su control, según explicó el organismo. Su función será gestionar la comercialización de los derechos y la operación de la Copa del Mundo, así como de otros torneos organizados por la federación.
Como parte del plan, la FIFA buscará inversionistas privados que adquieran participaciones minoritarias, sin capacidad de control sobre la empresa. Además, señaló que sus asociaciones miembro podrán acceder a un fondo extraordinario de 20 millones de dólares.
El organismo precisó que la propuesta deberá ser aprobada por sus asociaciones miembro y por el Consejo de la FIFA. Sin embargo, hasta el momento no ha informado cuándo se someterá a votación.
En el comunicado con el que anunció la propuesta, la FIFA puso el foco en el aumento de los recursos destinados al desarrollo del fútbol, como la construcción y mejora de estadios. El organismo aseguró que, si el plan es aprobado, la financiación para sus asociaciones miembro aumentará de 8 millones a 20 millones de dólares entre 2027 y 2030. Para el ciclo 2035-2038, la cifra ascendería a 24 millones de dólares por asociación.
Además, la FIFA anunció un fondo extraordinario de hasta 20 millones de dólares por asociación a través del Programa de Desarrollo Rápido de la FIFA. Según explicó, este mecanismo será voluntario y se financiará con una inyección inicial de capital de 4.200 millones de dólares, obtenida mediante la venta de participaciones minoritarias a inversionistas privados.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió la iniciativa y aseguró el martes que busca impulsar "la democratización del fútbol a nivel mundial".
Sin embargo, la propuesta ya genera inquietud. Aunque el incentivo económico será considerable, especialmente para las federaciones con menos recursos, algunos sectores advierten que la entrada de inversionistas privados podría aumentar la presión para obtener mayores rendimientos. En ese escenario, temen que la FIFA se vea impulsada a ampliar el tamaño y la frecuencia de sus competiciones y que las decisiones comiencen a responder más a intereses financieros que a criterios deportivos.
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Josh Kushner ha mantenido conversaciones para convertirse en el principal inversionista (Reuters)
El grupo de inversionistas estará encabezado por Thrive Eternal, una firma fundada a principios de este año por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El anuncio desató nuevas críticas, entre ellas las del congresista demócrata Jamie Raskin, quien acusó a la FIFA de hacer negocios con la familia Trump.
Raskin, el demócrata de mayor rango en el Comité Judicial de la Cámara de Representantes, citó el lunes al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para que comparezca ante el organismo y responda a las acusaciones de que la federación participó en una “campaña sostenida” para obtener favores especiales del presidente Trump.
Según reportes, la UEFA sabía muy poco sobre el plan hasta que The Times y el Financial Times publicaron los primeros informes el martes por la tarde. Poco después, el organismo europeo emitió un duro comunicado en el que aseguró que la propuesta “cruza una línea”.
“La UEFA se toma este asunto muy en serio. También deberían hacerlo todas las asociaciones nacionales, así como las ligas, los clubes, los jugadores, los aficionados, los gobiernos y todos aquellos a quienes les importa el futuro del fútbol”, señaló.
El organismo también advirtió que el alma y la gobernanza del fútbol “no son bienes que puedan negociarse”, especialmente sin transparencia sobre quién obtiene los beneficios económicos. Además, sostuvo que nadie es dueño del fútbol y que no le corresponde a la FIFA venderlo.
Por su parte, una portavoz de la Federación Inglesa de Fútbol (FA) afirmó el miércoles que la organización está “muy preocupada” por la iniciativa.
“La FA desconocía por completo esta propuesta y no cuenta con información sustancial sobre su alcance ni sobre las condiciones que implica. Con base en los escasos detalles disponibles, nos preocupa profundamente tanto la falta de un proceso y una gobernanza adecuados para llegar a este punto como el contenido y los principios que, al parecer, sustentan la iniciativa”, señaló el organismo.
La FA añadió que fijará su postura cuando la FIFA publique la propuesta “de forma completa y transparente”, tal como ha prometido.

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La UEFA y el primer ministro británico, Andy Burnham, rechazaron la nueva propuesta (PA Wire)
El expresidente de la FIFA, Sepp Blatter, cuyo mandato terminó en medio del escándalo de corrupción de 2015, también criticó la iniciativa. En una publicación en X, afirmó que la estrecha relación entre el presidente de la FIFA y el presidente de Estados Unidos había alcanzado “una dimensión financiera” que perjudica profundamente al fútbol y sostuvo que nadie tiene derecho a vender ese deporte.
El primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, también expresó su rechazo al plan a través de X. Señaló que el fútbol no pertenece a los inversionistas, sino a las personas que llenan las gradas y acompañan a sus equipos cada semana. Además, afirmó que la Copa del Mundo no es un producto, sino la mayor competición deportiva del planeta, y advirtió que, una vez que se vende una parte de ella, también se vende una parte de su esencia. Finalmente, reiteró que el fútbol pertenece a los aficionados y que siempre será así.
Las relaciones entre la UEFA y la FIFA ya eran tensas antes de este episodio. El presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, no asistió a la final del Mundial a principios de este mes como protesta por una serie de problemas de gobernanza en la FIFA, entre ellos el manejo del caso de Folarin Balogun. Sin embargo, este nuevo conflicto supone una escalada de mayor alcance.
Aunque todavía es pronto para medir sus consecuencias, ya hay quienes consideran que la propuesta podría abrir una profunda división entre Europa y el resto de las asociaciones miembro de la FIFA, con un impacto potencialmente tan significativo para el fútbol como el que generó el fallido proyecto de la Superliga Europea.
Según la BBC, las 55 asociaciones miembro de la UEFA celebrarán una reunión de emergencia a finales de esta semana para analizar el plan. Durante el encuentro, incluso podría plantearse la posibilidad de un boicot.







































