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·1 de julio de 2026
Los belgas saben de bujerías y no se asustan facilmente: eliminaron de una manera increíble a Senegal (Videos del 3-2)

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Bélgica dejó atrás las dudas que había sembrado durante la fase de grupos y protagonizó una de las remontadas más memorables del Mundial. El conjunto dirigido por Rudi García parecía condenado a una eliminación prematura cuando Senegal llegó a dominar el encuentro con una ventaja de dos goles y una superioridad física y táctica evidente. Sin embargo, la jerarquía de sus futbolistas más experimentados, el orgullo competitivo y una reacción cargada de carácter permitieron a los europeos revertir un escenario prácticamente imposible para imponerse por 3-2 en la prórroga y sellar su clasificación a los octavos de final, donde aguardarán por Estados Unidos o Bosnia.
Durante gran parte del compromiso fue Senegal quien impuso las condiciones. El equipo africano mostró una presión intensa, un despliegue físico sobresaliente y una velocidad ofensiva que puso constantemente en aprietos a la zaga belga. Los europeos, en cambio, ofrecieron una imagen deslucida, con enormes dificultades para enlazar pases, encontrar espacios y activar a sus principales figuras.
El comienzo fue equilibrado en cuanto a posesión, aunque con escasas oportunidades claras. Bélgica apenas inquietó con un tímido remate de Leandro Trossard que fue controlado sin complicaciones por Mory Diaw. La respuesta senegalesa llegó inmediatamente y evidenció el rumbo que tomaría el encuentro. Ismaila Sarr desperdició una ocasión increíble con Thibaut Courtois ya vencido, estrellando su definición en el poste cuando el primer gol parecía inevitable.
Ese aviso fue el anticipo del dominio africano. Idrissa Gana Gueye comenzó a ganar protagonismo desde la segunda línea, obligando a Courtois a intervenir por primera vez, mientras Kevin De Bruyne intentaba sin éxito romper el sólido entramado defensivo rival con su habitual capacidad de distribución. Por las bandas, Sadio Mané resultaba imparable gracias a su velocidad y desequilibrio.
Precisamente desde los pies del capitán senegalés nació la acción que abrió el marcador. Un centro preciso encontró el cabezazo de Sarr, cuyo envío impactó en el poste antes de que Habib Diarra aprovechara el rebote para establecer el 1-0 en el minuto 24.
El tanto reflejaba con absoluta justicia el desarrollo del partido y castigaba la pasividad de una Bélgica incapaz de reaccionar.
Tras la pausa de hidratación, el encuentro ofreció una curiosa interrupción cuando tres aficionados invadieron el terreno de juego. Superado ese incidente, Senegal mantuvo el control absoluto del juego. Mané siguió siendo el principal argumento ofensivo de los africanos, mientras Courtois sostenía con varias intervenciones a una selección belga completamente superada. Los intentos de Jérémy Doku, Maxim De Cuyper y Trossard chocaban una y otra vez contra una defensa perfectamente organizada y un inspirado Diaw, que respondió con seguridad cada vez que fue exigido. El descanso llegó con una ventaja mínima que incluso parecía escasa para los méritos exhibidos por Senegal.
Consciente de la pobre producción ofensiva de su equipo, Rudi García movió el banco durante el entretiempo y apostó por el ingreso de Romelu Lukaku en reemplazo de Charles De Ketelaere. La modificación buscaba dotar de mayor presencia física al ataque, aunque el inicio del complemento continuó siendo favorable para Senegal.
Lejos de conformarse, los africanos intensificaron su dominio. Mané continuó liderando cada transición ofensiva, Ndiaye también generó peligro y Diarra estuvo cerca de ampliar la ventaja antes de que Ismaila Sarr encontrara su premio. En el minuto 51, el extremo conectó una potente volea que dejó sin opciones a Courtois y estableció el 2-0, resultado que parecía encaminar definitivamente la clasificación senegalesa.
La situación era crítica para Bélgica y las decisiones de su entrenador incrementaron las dudas. Rudi García retiró del campo a De Bruyne y Doku, dos de sus futbolistas con mayor capacidad para desequilibrar, una determinación que resultó difícil de comprender considerando el contexto del encuentro.
A partir de ese momento, el conjunto europeo dejó de apoyarse en las ideas y comenzó a competir desde el orgullo. El fútbol seguía sin aparecer con claridad, pero la intensidad aumentó. Moreira ingresó para aportar energía, mientras Senegal introducía variantes con la entrada de Mamadou Camara, cuya participación comenzó de manera accidentada tras recibir una tarjeta amarilla por una dura infracción sobre Youri Tielemans.
El partido ganó tensión con una segunda pausa de hidratación que estuvo marcada por un fuerte intercambio entre Tielemans y Trossard, obligando a la intervención de sus compañeros para evitar que la discusión escalara. Mientras tanto, el seleccionador senegalés apostó por refrescar el ataque con los ingresos de Mbaye y Pape Matar Sarr, intentando mantener el ritmo de presión que tan buenos resultados le había dado.
Aunque Lukebakio estuvo muy cerca de descontar con un potente remate cruzado que pasó rozando el ángulo, Bélgica seguía encontrando enormes dificultades para romper la resistencia africana. Incluso los disparos lejanos de Tielemans parecían insuficientes frente a una defensa ordenada, mientras Mané seguía generando ocasiones que obligaban a Courtois a sostener con vida a los europeos.
Cuando todo parecía decidido apareció la experiencia de Lukaku. En el minuto 86, el delantero definió con un potente derechazo para descontar y cambiar por completo el estado emocional del partido.
Bélgica encontró el impulso que necesitaba y apenas tres minutos después Tielemans conectó un certero cabezazo para firmar un inesperado 2-2 que desató la euforia en el Seattle Stadium y silenció a un Senegal que había controlado el compromiso durante más de ochenta minutos.
El golpe psicológico fue evidente. Bélgica recuperó confianza, comenzó a monopolizar la posesión y obligó a Senegal a retroceder. Thiaw buscó respuestas con los ingresos de Nicolas Jackson y Kalidou Koulibaly, mientras los africanos trataban de resistir el envión rival.
La prórroga mantuvo la intensidad y la incertidumbre. Mbaye estuvo cerca de devolver la ventaja a Senegal con una peligrosa incursión por la banda derecha, mientras Ndiaye volvió a exigir a Courtois con un potente disparo desde media distancia. En el otro extremo, Lukebakio rozó el gol de la victoria con un remate que se estrelló en el travesaño.
El desenlace llegó en uno de los momentos más dramáticos del torneo. En el minuto 118, Mamadou Camara derribó a Tielemans dentro del área tras una acción imprudente.
El árbitro no dudó en señalar el penal y el propio mediocampista asumió la responsabilidad desde los once metros. Con una serenidad absoluta, Tielemans transformó la pena máxima en el 3-2 definitivo cuando ya se disputaba el minuto 125, completando una remontada que parecía imposible.
Todavía hubo tiempo para un último sobresalto. Senegal dispuso de una peligrosa falta al borde del área en la última acción del partido, pero Pape Matar Sarr envió su disparo por encima del travesaño, certificando así el final de un duelo inolvidable.
Bélgica sobrevivió cuando todo indicaba que su aventura mundialista llegaba a su fin. Después de una fase de grupos llena de interrogantes y de estar al borde de la eliminación durante más de ochenta minutos, los europeos encontraron en su carácter competitivo el impulso necesario para escribir una remontada épica. Senegal, por su parte, se marcha con la amarga sensación de haber tenido la clasificación prácticamente asegurada, pero de haber dejado escapar una ventaja que parecía suficiente en uno de los partidos más emocionantes y vibrantes de esta Copa del Mundo.
/Dominique Hidalgo, corresponsal de todo fútbol. Fotos: selecciones de Bélgica y Senegal. Videos DSports







































