La Colina de Nervión
·16 de mayo de 2026
Los jugadores de España que más sufrirán el calor del Mundial

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·16 de mayo de 2026

El Mundial 2026 tendrá 104 partidos, tres países sede y varios focos de riesgo climático. Para De la Fuente, el reto no será solo elegir a los mejores, sino proteger a los más expuestos.
España no solo jugará contra Cabo Verde, Arabia Saudí y Uruguay en la fase de grupos del Mundial 2026. También tendrá que competir contra un rival que no aparece en el sorteo: el calor. En un torneo de 48 selecciones, 104 partidos y sedes repartidas entre Canadá, Estados Unidos y México, la gestión física puede decidir tanto como la calidad.
Para Luis de la Fuente, el gran desafío no será únicamente formar un once competitivo. Será detectar qué futbolistas pueden perder más rendimiento cuando suban la temperatura, la humedad y la acumulación de esfuerzos.
El Mundial se disputará del 11 de junio al 19 de julio, en pleno verano norteamericano. La fase de grupos de España ya marca una exigencia clara: debut ante Cabo Verde el 15 de junio en Atlanta, segundo partido contra Arabia Saudí el día 21 en la misma sede y cierre frente a Uruguay el 26 en Guadalajara.
No es un detalle menor. España jugará tres partidos en once días, con cambio de país antes del duelo más exigente de la fase de grupos. Además, distintos análisis climáticos han alertado de que alrededor del 25 % de los partidos del torneo podrían jugarse bajo condiciones de calor y humedad elevadas. Algunas sedes señaladas por su exposición son Miami, Kansas City, Filadelfia, Nueva York/Nueva Jersey, Monterrey y Boston.
Aunque España no pase por todas ellas en la primera fase, el mensaje es claro: este Mundial no se ganará solo con balón. También se jugará desde la recuperación, la hidratación, los cambios y la capacidad para regular esfuerzos.
Los perfiles más castigados por el calor serán aquellos que viven de repetir esfuerzos explosivos. En la España de De la Fuente, eso apunta directamente a los extremos.
Lamine Yamal y Nico Williams, si ambos llegan en plenitud, representan dos de las grandes armas ofensivas de la Selección. Pero también son futbolistas muy dependientes del sprint, el cambio de ritmo, el uno contra uno y las conducciones largas. En condiciones de calor, cada arrancada cuesta más. Y, sobre todo, se recupera peor.
El problema no es que no puedan competir. El problema es que quizá no convenga exigirles noventa minutos de máxima frecuencia. En este Mundial, un extremo fresco en el minuto 65 puede valer más que una estrella agotada en el tramo final.
Si hay una posición especialmente sensible, es la de lateral. España necesita amplitud, profundidad y retorno defensivo. Eso obliga a correr hacia adelante y hacia atrás durante todo el partido.
En un contexto de calor, ese rol se vuelve delicado. El lateral que llega tarde a campo rival deja de generar ventaja. El que vuelve tarde deja espacio a su espalda. Y el que se queda a medias acaba rompiendo la estructura del equipo.
Por eso, De la Fuente deberá medir muy bien la carga de sus bandas. No bastará con elegir al lateral más completo. Habrá que saber cuándo protegerlo, cuándo cambiarlo y cuándo pedirle que sea más prudente que protagonista.
No todos pierden con un Mundial más pesado. Los jugadores capaces de pausar, ordenar y elegir bien pueden ganar importancia. Ahí España tiene una ventaja evidente.
Rodri y Pedri no solo aportan calidad. También reducen carreras innecesarias. Cada posesión limpia, cada pase que evita una pérdida y cada pausa bien elegida ayudan a que el equipo no tenga que defender corriendo hacia atrás.
En un torneo así, la posesión deja de ser solo una identidad. Se convierte en una herramienta de ahorro energético. España necesitará tener el balón no por estética, sino por supervivencia.
La gran conclusión para De la Fuente es incómoda: en el Mundial del calor, el once ideal puede ser menos importante que el plan de sustituciones.
España necesitará titulares, pero también jugadores capaces de entrar con impacto inmediato. Un extremo para romper un partido cansado, un mediocentro para bajar pulsaciones, un lateral para cerrar una banda o un delantero que presione durante media hora pueden resultar decisivos.
La lista no debería construirse solo por nombres. Debería construirse por funciones: quién puede acelerar, quién puede enfriar, quién puede sostener y quién puede proteger un resultado.
El tercer partido ante Uruguay puede ser el gran termómetro. Llegará después de dos encuentros en Atlanta y con el desgaste ya acumulado. Si España no ha resuelto antes la clasificación, De la Fuente tendrá que decidir entre alinear a sus mejores futbolistas o proteger piernas de cara a los cruces.
Ese será el verdadero examen. No solo táctico, sino físico. Porque Uruguay exigirá duelos, ritmo, intensidad y concentración. Justo lo que más cuesta cuando el cuerpo ya empieza a pagar la factura del torneo.
España tiene fútbol para competir contra cualquiera. Pero el Mundial 2026 puede castigar a quienes dependan demasiado de la energía y premiar a quienes sepan administrarla.
Los que más pueden sufrir son claros: extremos, laterales y jugadores de ida y vuelta. Los que más pueden crecer también: centrocampistas de pausa, suplentes fiables y futbolistas capaces de interpretar cuándo acelerar y cuándo enfriar el partido.
De la Fuente no tendrá que elegir solo a los mejores. Tendrá que elegir a los más útiles para sobrevivir a un Mundial distinto. Porque en 2026 quizá no gane quien más corra, sino quien mejor sepa cuándo dejar de hacerlo.




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