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·17 de septiembre de 2026

Luis Enrique, entre derecho a la crítica y deber de memoria

Imagen del artículo:Luis Enrique, entre derecho a la crítica y deber de memoria

En el Paris Saint-Germain, la gestión de Luis Enrique no se reduce a una hoja de partido. Se ve cuando la competencia incomoda a un jugador importante, cuando un joven debe esperar, o cuando el banquillo se vuelve decisivo en una noche europea. La palabra española gestor describe bastante bien su método: no busca hacer feliz a todo el mundo en todo momento, busca mantener a cada uno dentro del proyecto.

La exigencia solo vale si la confianza sobrevive a la decisión.

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Ousmane DEMBELE del Paris Saint-Germain y Luis ENRIQUE, entrenador del Paris Saint-Germain, durante el partido de la final de la UEFA Champions League entre París y Arsenal en el estadio Puskas Ferenc el 30 de mayo de 2026 en Budapest, Hungría. (Foto de Johnny Fidelin/Icon Sport) – Foto de Icon Sport


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Dembélé, el marco fijado sin serial.

El 30 de septiembre de 2024, Luis Enrique aparta a Ousmane Dembélé para el desplazamiento a Arsenal. Explica que el atacante no respondió a las exigencias del equipo y asume una decisión difícil, tomada según él por el bien del colectivo. También insiste en su carácter reversible y se niega a convertirlo en una telenovela. La escena resume una parte de su gestión: el estatus no exime a nadie de las reglas, pero una sanción no se convierte automáticamente en una ruptura.

Zaïre-Emery, la decepción reconocida.

El caso de Warren Zaïre-Emery es aún más revelador. Tras una temporada 2025-2026 muy lograda, el centrocampista comienza en el banquillo la final de la Liga de Campeones contra el Arsenal. Después, Luis Enrique reconoce que esta decisión fue «injusta» con él. Unos días más tarde, Zaïre-Emery admite que quedarse como suplente en una final fue frustrante, aunque explica: «Luis Enrique nunca me soltó la mano.» No hay que fingir que la decisión no dolió. Lo importante es que no borró el trabajo realizado ni la relación construida durante los meses más difíciles.

Hacer progresar a los jugadores para que acepten la competencia.

La claridad de los roles antes que la promesa de minutos.

Vitinha describe a un entrenador franco, cuyas devoluciones corresponden realmente a lo que piensa y espera. Insiste sobre todo en roles claramente definidos: cada uno sabe lo que tiene que hacer y el equipo sigue avanzando cuando falta un jugador. Esto no significa que todas las jerarquías desaparezcan. Más bien muestra por qué la incertidumbre sobre la alineación puede soportarse: el jugador no siempre conoce su minuto, pero sí conoce el trabajo que se le exige para ganárselo.

Doué, la paciencia que sigue siendo exigente.

En marzo de 2025, Luis Enrique recuerda que Désiré Doué necesitó varios meses de adaptación. Destaca sus cualidades y el trabajo que le permite expresarlas mejor. Ahí está el interés de esta gestión: no confundir aprendizaje con veredicto definitivo, sin convertir la paciencia en un privilegio. El jugador todavía debe progresar y confirmarse a lo largo del tiempo.

El grupo está realmente motivado cuando el banquillo tiene utilidad.

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El entrenador Luis ENRIQUE del PSG durante el partido de Champions League entre París y Bratislava en el Parque de los Príncipes el 9 de septiembre de 2026 en París, Francia. (Foto de Baptiste Fernandez/Icon Sport) – Foto de Icon Sport

La Supercopa como demostración concreta.

El 13 de agosto de 2025, el PSG va perdiendo 2-0 contra el Tottenham en la Supercopa de Europa. Kang-in Lee, que había entrado desde el banquillo, recorta distancias en el minuto 85, y luego Gonçalo Ramos empata en el 90+4. París termina imponiéndose en la tanda de penaltis.

El guion no demuestra que cada suplente se sienta perfectamente valorado, pero da una realidad a la promesa de Luis Enrique: el partido también puede pertenecer a quienes empiezan en el banquillo. Para ser útil en ese momento, hace falta haber sido preparado, responsabilizado y mantenido en ritmo.

Rotar sin renunciar a la exigencia.

En Rennes, el 8 de marzo de 2025, Luis Enrique realiza ocho cambios tras la derrota contra el Liverpool. París gana 4-1, pero también sufre tras el descanso. El ejemplo evita el relato demasiado simple de una rotación milagrosa: dar descanso a los titulares preserva al grupo, pero obliga a los jugadores alineados a responder de inmediato y al cuerpo técnico a corregir un equilibrio frágil.

Preparar la primavera sin aplicar un calendario automático.

El descanso es una decisión deportiva.

En mayo de 2025, antes de las finales de la Copa de Francia y de la Liga de Campeones, Luis Enrique dosifica a varios jugadores importantes teniendo en cuenta su carga física, los desplazamientos y su frescura mental. En marzo de 2026, resume esta lógica caso por caso: «Ritmo para unos, descanso para otros.» Su serenidad, por tanto, no consiste en seguir un plan rígido. Consiste en modificar la dosificación cuando el estado de un jugador o el contexto de un partido lo exige.

Tranquilizar tras una derrota, relanzar tras un título.

Después de la derrota contra el Liverpool en el Parque de los Príncipes, el 5 de marzo de 2025, Luis Enrique interviene rápidamente ante jugadores a los que ve hundidos. Les expresa su orgullo y mantiene su convicción de que la clasificación sigue siendo posible. Después, París le da la vuelta a la eliminatoria en Anfield.

Unas semanas más tarde, con el título de Ligue 1 ya asegurado, el entrenador sigue hablando de motivación y realiza nueve cambios contra Le Havre. La presión cambia de naturaleza, no desaparece: hay que preparar lo que viene y mantener implicados a los que juegan menos.

Un método sólido, pero no infalible.

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El entrenador Luis ENRIQUE del PSG y VITINHA del PSG durante el partido de Champions League entre París y Bratislava en el Parque de los Príncipes el 9 de septiembre de 2026 en París, Francia. (Foto de Baptiste Fernandez/Icon Sport) – Foto de Icon Sport

La calma de Luis Enrique también se apoya en un marco.

En noviembre de 2024, Nasser Al-Khelaïfi reafirma su confianza en Luis Enrique y Luis Campos, incluso en la hipótesis de una eliminación europea. Ese apoyo no basta para explicar los resultados, que también corresponden a los jugadores y al cuerpo técnico, pero le da al entrenador la posibilidad de mantener una línea de trabajo a largo plazo. La estabilidad institucional hace más creíble su discurso sobre la progresión y la paciencia.

Los límites aparecen cuando el papel se vuelve demasiado estrecho.

La salida de Randal Kolo Muani recuerda que este método no funciona para todo el mundo. En febrero de 2025, el delantero explica que necesitaba minutos y que estaba recuperando confianza en la Juventus.

Su caso plantea el límite del modelo: pedirle al jugador que se adapte a veces es necesario, pero el cuerpo técnico también debe medir cuándo el papel propuesto ya no permite progresar. El propio Luis Enrique reconoció, tras una serie de lesiones en el otoño de 2025, que debía gestionar mejor el regreso de los jugadores, que aún no estaban al 100 %.

La crítica es legítima, el olvido lo es menos.

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El entrenador del Paris Saint-Germain, Luis ENRIQUE, parece abatido durante el partido de Ligue 1 McDonald’s entre Brest y París en el Stade Francis Le Ble el 13 de septiembre de 2026 en Brest, Francia. (Foto de Daniel Derajinski/Icon Sport) – Foto de Icon Sport

Septiembre de 2026, y el juicio ya vuelve a empezar.

Septiembre de 2026 volvió a mostrar hasta qué punto el crédito de un entrenador sigue siendo frágil. Tras tres jornadas sin victoria y la derrota contra el Mónaco, la confianza de Luis Enrique fue considerada arrogante por Matthieu Dossevi. Una semana más tarde, pese al triunfo en Brest, Maxime Chanot se preguntó en RMC Sport si su gestión no molestaba a algunos jugadores, apoyándose en los roles de Zaïre-Emery y en las decisiones sobre Kvaratskhelia o Dembélé. Pero el consultor admitía que podía equivocarse. Cuestionar decisiones es legítimo; anunciar una fractura basándose en impresiones lo es menos.

La inmunidad no existe, la memoria debería.

Dos Ligas de Campeones consecutivas y tres títulos de campeón no hacen a Luis Enrique infalible. Sus rotaciones pueden desequilibrar al equipo, su comunicación puede irritar y sus decisiones deben seguir siendo debatidas. De hecho, después de Brest, incluyó al entrenador entre quienes debían hacerlo mejor. Pero la exigencia se convierte en impaciencia cuando borra todo lo anterior, y luego en olvido cuando cada alineación discutida devuelve el análisis a cero.

¿Hay que juzgar a Luis Enrique por el último jugador contrariado, por cuatro jornadas o por un método que ha transformado al PSG desde 2023? La verdadera pregunta quizá no sea si hay que concederle una inmunidad que no reclama, sino cuánto tiempo resistirá nuestra memoria al próximo resultado decepcionante.

Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🇫🇷 en este enlace.

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