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·2 de octubre de 2026
Messi y Cristiano, dos finales opuestos: la despedida soñada de una leyenda y la incertidumbre de otra

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“Esperamos no llorar mucho”, confesó Cristian “Cuti” Romero cuando le preguntaron por la despedida de Lionel Messi. La frase, sencilla pero cargada de emoción, probablemente resume mejor que cualquier análisis el sentimiento que comienza a instalarse en Argentina: el próximo 6 de octubre no será simplemente un partido amistoso ante Benín. Será el escenario elegido para que Messi escriba el último capítulo de su historia con la camiseta de la Albiceleste, rodeado por sus compañeros y por un público que ya prepara un homenaje a la altura de una de las mayores figuras de la historia del fútbol.
El contraste con Cristiano Ronaldo difícilmente podría ser mayor.
Mientras Messi se prepara para cerrar su ciclo internacional en un escenario diseñado para celebrar su legado, acompañado por una generación de futbolistas que creció bajo su liderazgo, Cristiano abandonó recientemente la concentración de Portugal en medio de una fuerte controversia con el seleccionador Jorge Jesus. Dos leyendas, dos capitanes, dos carreras extraordinarias y dos formas radicalmente diferentes de aproximarse al último tramo de sus respectivas historias con sus selecciones.
El portugués, de 41 años, dejó el campamento de Portugal después de ser suplente ante Noruega y no ingresar al campo pese a haber realizado el calentamiento. Días después, tras mantener conversaciones con el presidente de la Federación Portuguesa de Fútbol, Pedro Proença, decidió abandonar la concentración y señaló que “a su debido tiempo” explicará las razones de su determinación.
Su futuro internacional, por ahora, permanece abierto.
Portugal, entretanto, respondió dentro de la cancha sin su máxima figura. El conjunto luso derrotó por 4-2 a Dinamarca, con goles de João Cancelo, Gonçalo Ramos, Vitinha y João Félix, en una demostración de que existe una estructura capaz de competir más allá de la presencia de Ronaldo. Jorge Jesus, por su parte, evitó profundizar públicamente en el conflicto y prefirió destacar el compromiso mostrado por el resto del grupo.
Pero la diferencia entre ambos casos no está solamente en la manera en que uno y otro se acercan a la despedida. También está en el lugar futbolístico y emocional desde el cual cada uno llega a ese momento.
Messi acaba de disputar su tercera final de un Mundial en cuatro ediciones y volvió a desempeñar un papel determinante para Argentina. En la Copa del Mundo de 2026 terminó con ocho goles y cuatro asistencias, fue distinguido con el Balón de Plata y la Bota de Plata y volvió a conducir a la Albiceleste hasta el último partido del torneo, donde cayó por 1-0 ante España.
Además, su rendimiento lo mantuvo dentro de la lista de 30 nominados al Balón de Oro 2026, con la expectativa de que aparezca al menos entre los diez primeros.
Es un detalle relevante para entender la dimensión de su despedida. A los 39 años, Messi no llega al final de su ciclo internacional como una figura secundaria, como un futbolista apartado del proyecto o como alguien cuya presencia genere dudas respecto de su utilidad deportiva. Lo hace todavía como capitán, referente y uno de los principales ejes futbolísticos de una selección que durante años construyó buena parte de su identidad alrededor de su figura.
Y existe otro elemento que explica por qué el adiós adquiere una dimensión emocional tan particular: la relación que Messi construyó con sus compañeros.
Futbolistas de distintas generaciones han hablado públicamente sobre la influencia que tuvo dentro del vestuario y sobre lo que significó compartir tantos años de selección con él. Desde jugadores que recién comienzan a construir su historia con Argentina, como Nico Paz o Franco Mastantuono, hasta referentes consolidados como Lautaro Martínez, la despedida de Leo representa el cierre de una etapa que trascendió ampliamente lo deportivo.
Porque Messi no se marcha simplemente después de disputar otro Mundial.
Se va después de haber construido el ciclo más exitoso de la historia reciente de Argentina.
La historia de Messi con la Albiceleste, sin embargo, estuvo lejos de ser perfecta.
Después de la derrota ante Chile en la Copa América Centenario de 2016, el entonces capitán anunció su retiro de la selección. Era el punto más doloroso de una etapa marcada por las finales perdidas: la del Mundial de Brasil 2014 y las dos Copas América consecutivas ante Chile, en 2015 y 2016.
Messi estaba frustrado y parecía haber llegado al límite.
Pero ocurrió algo que hoy adquiere un significado especial. Sus compañeros salieron inmediatamente a respaldarlo y solicitaron públicamente que reconsiderara su decisión. El cuerpo técnico también mantuvo abierta la puerta para su regreso.
Y Messi volvió.
Lo que sucedió después transformó definitivamente su historia con Argentina: Copa América 2021, Finalissima 2022, Mundial 2022 y Copa América 2024. En las dos ediciones de la Copa América fue elegido como el mejor jugador del torneo.
Por eso su despedida tiene una carga diferente.
Messi se marcha después de haber conseguido aquello que durante tantos años pareció escapársele de las manos. Se va como campeón de América, campeón del mundo, ganador de la Finalissima y después de haber conducido nuevamente a Argentina hasta una final mundialista.
El final no borra los años de frustración. Los completa.
Cristiano Ronaldo, en cambio, llega al posible cierre de su historia internacional rodeado de interrogantes.
Portugal también construyó durante años un equipo de enorme talento alrededor de su máxima figura. Vitinha, Nuno Mendes y João Neves formaban parte de la estructura del PSG campeón de Europa, mientras Bruno Fernandes representaba otra de las grandes figuras del seleccionado portugués.
Sin embargo, el Mundial de 2026 terminó para Portugal en octavos de final, donde fue eliminado por España gracias a un gol de Mikel Merino en el minuto 90.
Cristiano alcanzó a marcar en aquella Copa del Mundo ante Croacia, en el triunfo por 2-1 que permitió a Portugal avanzar a los octavos de final. Pero aquella derrota frente a España también marcó su despedida de los Mundiales. El propio jugador confirmó posteriormente que no disputaría una séptima Copa del Mundo.
Su legado con Portugal, de todos modos, está fuera de discusión en términos históricos. Cristiano conquistó la Eurocopa 2016 y fue protagonista de los dos títulos de Nations League, obtenidos por Portugal en 2019 y 2025.
El problema del presente, por lo tanto, no está relacionado con los trofeos que consiguió ni con la dimensión de su carrera.
Está relacionado con la convivencia entre una leyenda y el nuevo ciclo de la selección.
Durante el Mundial de 2026, una declaración de João Neves alimentó precisamente ese debate. El futbolista portugués señaló: “Sabemos lo que Cristiano ha hecho por nosotros, pero ahora mismo no es diferente a nosotros. Solo es un jugador más para ayudar”.
La frase provocó una fuerte reacción en Portugal y abrió la discusión sobre el lugar que debía ocupar Ronaldo dentro de un equipo que progresivamente ha incorporado nuevos referentes.
No existen elementos suficientes para afirmar que el vestuario portugués estuviera completamente quebrado. Pero sí se produjeron episodios públicos que alimentaron esa percepción. En determinados encuentros también fueron visibles gestos de frustración entre Cristiano y algunos compañeros, especialmente alrededor de acciones ofensivas y jugadas a balón parado.
Con Messi, el escenario fue diferente.
Eso no significa que Argentina haya vivido siempre en armonía alrededor de su capitán. También hubo derrotas dolorosas, críticas, dudas y hasta una renuncia del propio Messi. Pero cuando el argentino decidió alejarse de la selección, la respuesta de sus compañeros fue pedirle que regresara.
Y cuando volvió, encontró un equipo que terminó construyendo una identidad ganadora alrededor suyo.
Una década después de aquella decisión que parecía definitiva, Messi sí está preparado para despedirse.
Y lo hace desde una situación completamente distinta: Argentina no parece estar despidiendo a un jugador que dejó de formar parte del proyecto, sino a la figura que lideró la etapa más gloriosa de su historia reciente.
Portugal, en cambio, todavía no sabe exactamente qué está viendo.
¿Es la despedida definitiva de Cristiano Ronaldo o solamente el final de un capítulo marcado por su conflicto con Jorge Jesus?
Ronaldo abandonó la concentración, pero todavía no anunció oficialmente su retiro de la selección. La incertidumbre permanece y, por ahora, la pelota está en el aire.
Messi, mientras tanto, ya tiene escenario para su despedida.
El Monumental, sus compañeros y un país preparado para agradecerle.
Cristiano enfrenta un panorama mucho más incierto. Después de 23 años, 234 partidos y 146 goles con Portugal, su última imagen con la selección corre el riesgo de quedar asociada a una disputa, a una suplencia y a una salida abrupta de una concentración.
Son detalles que, más allá de las diferencias entre ambos futbolistas, terminan configurando dos relatos completamente distintos.
Messi llegará a su último partido con Argentina acompañado por una generación que reconoce en él a su capitán y que se prepara para despedirlo desde la gratitud. Cristiano, en cambio, todavía no sabe si su historia con Portugal ha llegado realmente al final ni en qué términos terminará escribiéndose ese cierre.
Dos leyendas. Dos capitanes. Dos carreras internacionales extraordinarias. Y dos finales que, al menos por ahora, difícilmente podrían ser más diferentes.
El fútbol les entregó carreras irrepetibles a ambos. Les permitió levantar títulos, romper récords, protagonizar grandes noches y convertirse en símbolos de sus selecciones.
Pero también les reservó una última diferencia.
Messi parece haber encontrado la despedida que su historia necesitaba. Cristiano todavía está buscando cómo terminar la suya.
/Julián Lautaro Luque, corresponsal de todofutbol en Argentina







































