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·19 de junio de 2026
México respondió a su condición de local y es el primer clasificado a la siguiente ronda del Mundial

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Lo hizo en un partido mucho más complejo de lo que refleja el marcador, marcado por la intensidad táctica, las dificultades para controlar el juego y la decisiva influencia de los dos guardametas.
El único gol de la noche llegó gracias a Luis Romo, quien aprovechó un error impropio de la experiencia de Kim Seung Gyu. Sin embargo, tan importante como la definición del mediocampista fue la actuación de Raúl Rángel, héroe silencioso de una victoria que terminó construyéndose desde la resistencia. El arquero mexicano sostuvo la ventaja cuando Corea del Sur más apretó y firmó una intervención memorable en los minutos finales para preservar un triunfo que acerca al Tri a las fases decisivas con la confianza intacta.

La celebración que se vivió en las tribunas del Estadio Akron encontró su reflejo en el campo. México no desplegó su versión más brillante, pero sí mostró una de las virtudes que suelen definir a los equipos competitivos en torneos cortos: la capacidad de ganar incluso cuando el juego no fluye con naturalidad.
Aguirre volvió a demostrar que no es un técnico esclavo de las jerarquías ni de las actuaciones anteriores. Pese al destacado rendimiento de Álvaro Fidalgo en el debut ante Sudáfrica, el seleccionador apostó por modificar la estructura del mediocampo y otorgar la titularidad a Luis Romo. También introdujo cambios obligados en defensa: Jorge Sánchez ocupó el lugar de Reyes, mientras que Edson Álvarez retrasó su posición para cubrir la ausencia de César Montes, expulsado en la primera jornada.
El encuentro comenzó bajo un guion áspero y disputado. Hubo más choques que asociaciones, más fricción que elaboración. Corea del Sur planteó un partido físico, agresivo en las disputas individuales y con una presión constante sobre la salida mexicana. La primera amonestación fue para Kang In Lee por una entrada peligrosa, una imagen poco habitual en un futbolista acostumbrado a destacar por su creatividad más que por su despliegue defensivo.
Durante buena parte del primer tiempo, el partido se movió en una zona de incertidumbre. México encontraba dificultades para establecer posesiones largas y Corea se sentía cómoda explotando los espacios a la espalda de la última línea. Las ocasiones claras escasearon. Apenas algunos remates lejanos de Roberto Alvarado y Brian Gutiérrez obligaron a intervenir a Kim Seung Gyu, quien respondió sin mayores sobresaltos.
La propuesta surcoreana, sin embargo, comenzaba a generar ciertas preocupaciones. Los envíos largos y los movimientos de ruptura detrás de la defensa exigían una concentración permanente del bloque mexicano. Allí apareció la experiencia táctica de Aguirre. Su línea defensiva logró sincronizar movimientos y provocó reiteradas posiciones adelantadas que neutralizaron varias aproximaciones rivales.
La jugada más elaborada de la primera mitad nació de los pies de Kang In Lee. Con precisión quirúrgica, filtró un pase para Son Heung-min, que definió por encima de Raúl Rángel. La acción terminó invalidada por fuera de juego, pero dejó en evidencia que Corea encontraba caminos para dañar cuando aceleraba la circulación.
Aquella advertencia despertó al público mexicano y también a Julián Quiñones. El delantero respondió con un potente cabezazo que obligó a intervenir a Seung Gyu. Autor de un gol en la jornada inaugural, el atacante mostró nuevamente su capacidad para generar peligro en los momentos más complejos del partido.
A medida que avanzaba el reloj, el dominio territorial fue alternándose y el ambiente en las gradas comenzó a reflejar cierta inquietud. Cada tramo prolongado de posesión coreana era acompañado por silbidos de una afición que exigía mayor protagonismo de su selección. México sufría para imponer condiciones y se marchó al descanso con la sensación de que todavía debía encontrar respuestas. La última aproximación antes del entretiempo, un centro peligroso de Hwan Kim que estuvo cerca de conectar Sung Lee, aumentó las dudas.
La segunda mitad mostró una versión más decidida del conjunto local. México adelantó metros, incrementó la agresividad de sus ataques y comenzó a instalarse con mayor frecuencia en campo rival. Jesús Gallardo fue uno de los primeros en transmitir esa nueva actitud con un remate que impactó en el lateral de la red.
El premio llegaría poco después en una jugada que mezcló insistencia mexicana y un error difícil de explicar. Quiñones envió un centro preciso, Raúl Jiménez conectó el remate y, cuando parecía una acción controlable para la defensa surcoreana, Hyuk Lee terminó obstaculizando a su propio portero. El balón se escapó de las manos de Seung Gyu en una acción que ya figura entre los errores más llamativos del torneo. Atento a la segunda jugada, Luis Romo aprovechó el regalo para empujar la pelota a la red y desatar la euforia en Guadalajara.
Con la desventaja en el marcador, Corea del Sur intentó reaccionar. Una de las decisiones más comentadas llegó en el minuto 56, cuando el técnico Hong optó por sustituir a Son Heung-min, que no había logrado influir de manera decisiva en el encuentro. El cambio generó sorpresa, especialmente considerando la capacidad del capitán surcoreano para resolver partidos con una sola acción.
Mientras tanto, la afición mexicana disfrutaba de la noche. Tras una pausa de hidratación, miles de aficionados improvisaron una versión futbolera del tradicional “Canta y no llores”, dirigida irónicamente hacia el arquero rival. El ambiente reflejaba la conexión que existe entre la selección y un país que está viviendo el Mundial desde dentro.
Aun así, el partido estaba lejos de resolverse. México tuvo oportunidades para sentenciarlo. Raúl Jiménez estuvo cerca del segundo tanto con una espectacular volea tras un gran centro de Quiñones, pero esta vez Seung Gyu compensó parcialmente su error con una intervención de mérito. Más tarde, Obed Vargas, una de las notas positivas de la segunda mitad, obligó nuevamente al guardameta surcoreano a realizar una gran atajada.
La falta de contundencia mantuvo con vida a Corea del Sur. Y cuando los asiáticos encontraron espacios en los minutos finales, apareció la figura que terminaría inclinando definitivamente la balanza. Cerca del minuto 90, Raúl Rángel protagonizó una de las intervenciones más espectaculares de la competición. Primero rechazó un cabezazo a quemarropa de Sung Cho y, acto seguido, reaccionó con reflejos extraordinarios para detener el remate en el rebote.
Aquella doble atajada terminó simbolizando el encuentro. Mientras Seung Gyu quedó señalado por un error decisivo, Rángel emergió como el salvador de una selección que supo sufrir cuando el contexto lo exigió.
México no firmó una actuación perfecta ni mucho menos dominante. Sin embargo, mostró madurez competitiva, capacidad de adaptación y una notable fortaleza emocional para sostener una ventaja mínima bajo presión. En los Mundiales, donde cada detalle puede definir el destino de una selección, esas virtudes suelen valer tanto como el mejor fútbol.
El resultado final desató la fiesta en Guadalajara. México ya está en los dieciseisavos de final, lidera su grupo y continúa alimentando la ilusión de un país que sueña con que esta Copa del Mundo organizada en casa pueda convertirse en una de las más memorables de su historia.
/Maximiliano Solís, corresponsal de todo fútbol en Nortamérica. Fotos: Seleccion de México. Videos: DSports







































