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·4 de junio de 2026
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No hay fallo de penalti más memorable en la historia de los Mundiales que el lanzamiento decisivo de la final de 1994.
Tuvo lugar entre Brasil e Italia en Pasadena y, aunque el tiempo reglamentario y la prórroga no dejaron goles y ofrecieron poca calidad, el dramatismo de la tanda de penaltis lo compensó.
El torneo terminó de la misma manera en que había comenzado: con un penalti desviado de forma desastrosa por encima del larguero.
Haciéndose eco del famoso fallo de Diana Ross en la ceremonia de apertura, el protagonista fue el icono italiano y ganador del Balón de Oro Roberto Baggio, cuyo disparo desde los once metros, enviado a las nubes, resultó mucho más costoso: le dio el título a Brasil después de que sus compañeros Franco Baresi y Daniele Massaro también hubieran fallado antes.
Fue aún más agonizante para el hombre conocido como la Divina Coleta, ya que sus increíbles heroicidades individuales fueron la razón por la que la Azzurra había llegado a la final en primer lugar, y el tormento de aquel momento nunca ha desaparecido del todo para Baggio, ni siquiera tantos años después.
"Es una herida que nunca se cierra. Desde que era un niño, soñaba con jugar una final de un Mundial, pero nunca pensé que terminaría así. Todavía no he aceptado de verdad lo que pasó: me persigue", admitió años después.
"Después de que ocurriera, sentí que me moría por dentro. Solo podía pensar en la reacción de mis compatriotas. Me ha afectado durante años y todavía sueño con ello. Si pudiera borrar un momento de mi carrera, sería ese."
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🏴 en este enlace.







































