Un 10 Puro
·13 de octubre de 2025
Morante, Butragueño y el arte de manejar el tiempo

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·13 de octubre de 2025

Hoy, y permítanme ustedes, este Manda BalonES no va solo de deporte, pero también. Va de Arte. Es una mezcla de balones y de capotes. Este domingo, ya lo saben porque la tauromaquia, que dicen que no le interesa a nadie, abrió todos los espacios informativos de este país, Morante de la Puebla se cortó la coleta. José Antonio Morante Camacho nos dijo adiós y, de repente, el segundero del reloj volvió a correr.
Porque si algo marcó el arte de Morante, el genio de las farrucas (para no madrileños, las patillas), y más allá de hacer del albero un atronador espacio de arte, de recuperar lances olvidados, de ser capaz de estremecerte con su valor y la verdad, fue el genio de la 'despaciosidad', y permítanme el vocablo que, creo, acabo de inventarme.
Decía Curro Romero, el Faraón de Camas, que "Todos andan de cabeza porque hay una trampa en el mundo: la velocidad. El que caiga en ella ya no se escapa". Todo se hacía justo en el tiempo correcto y, como en La Persistencia de la Memoria de Dalí, Morante era capaz de adaptar el reloj y perforarte hasta el alma.
Cuando Morante se fue a los medios, se cortó la coleta con ese aire de extraordinaria solemnidad que los genios son capaces de darle a un momento que solo él sabe que será histórico, decía que el segundero volvió a correr. Porque mi memoria, que ya empieza a flaquear más de lo que me gustaría, pensé en las únicas personas que recuerdo que lograban lo mismo.
Una fue Michael Jordan, a quien le llamaban Air por su dominio del espacio aéreo en unos brincos que desafiaban todas las leyes de la física y de la temporalidad. La otra era un chico rubio, de pelo ensortijado y aspecto de querubín que revolucionó el fútbol español al convertirse en el amo y señor del reloj.
Ese rubio se llama Emilio Butragueño. Y cuando era jugador y no el rey del "córcholis", cada vez que recibía el balón, el tiempo se frenaba en seco. El Buitre bajaba los brazos, con los adversarios petrifícados y el público absorto, en unas décimas de segundo que parecían horas, días, semanas, tal vez meses. Y entonces, Butragueño arrancaba con una genialidad que nos dejaba a todos alucinados.
Entonces, el fútbol español era Furia y él nos descubrió la importancia de la despaciosidad. Morante, en su carrera escenificando el Arte de Cúchares, cogía el capote y la muleta y así, des-pa-ci-to, redescubrío la tauromaquia y fidelizo a una legión de jóvenes aficionados. Escribió el Premio Nobel de Literatura Jaroslav Seifert que "Recordar es la única manera de detener el tiempo". Eso es que no conoció ni a Butragueño ni a Morante.









































