La Galerna
·9 de marzo de 2026
Museo Imaginario del Real Madrid

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“Un museo es un lugar donde perder la cabeza”
(Renzo Piano)
El Real Madrid nos está dando una temporada llena de suspense y emociones. Quizá demasiadas. ¿Qué Madrid vamos a ver en el próximo partido? ¿El que lo da todo en el campo, pero pierde? ¿El que da pena, pero gana por un gol? ¿El de los brotes verdes? ¿El que arrasa y emociona? ¿El que juega como el Sporting de Molokai en un mal día? Demasiadas incógnitas, demasiada zozobra.
Entiendo que esta situación a más de uno puede poner de los nervios. Para calmar la ansiedad, no hay nada mejor que el Arte. Ya decía Leonardo (da Vinci, el pintor, no Araújo, el ex del Valencia) que el Arte es bueno, bello y verdadero. Recuerdo también las palabras de Miguel Ángel (Buonarroti, el escultor, no González Suárez “el Gato”, ex portero del Real Madrid) sobre que el artista debe superar a la naturaleza mediante la imaginación. De estas palabras podríamos deducir que no hay mejor museo que el imaginario.
El concepto de “museo imaginario” fue acuñado por André Malraux y se trata, en esencia, de que cada uno recree en su mente la lista de obras maestras que conformarían su colección ideal; algo así como cuando nos hacemos pajas mentales recreando plantillas para el Real Madrid, salvo que, hasta donde yo sé, Malraux no utilizó la expresión “paja mental.”
Acompáñenme pues por este breve recorrido entre algunos de los fondos del vasto Museo Imaginario del Real Madrid. Quizá de esa forma se sosiegue nuestro ánimo ante lo que está por venir en esta azarosa temporada. ¿Tienen a mano sus entradas? Comencemos entonces.

El Greco era madridista, pero también algo tendente al vinagrismo tal y como prueba su famosa sentencia: “Miguel Ángel no sabía pintar”, la cual no vamos a cuestionar demasiado, pero admitamos que suena de lo más vinagre. Es por este motivo por que los lienzos madridistas del Greco tienden al trazo cruel, a veces descarnado, aunque de una calidad extraordinaria. Los críticos destacan en esta obra el gesto angustiado de Carvajal rodando por los suelos, así como la gracilidad de Mastantuono, o tal vez Huijsen, rematando de cabeza un balón que ni siquiera está allí. Observan la escena el árbitro de campo y el linier, impasibles ante las serpientes que muerden a los jugadores del Madrid, que simbolizan a la plantilla del Getafe. Todos están desnudos porque es agosto en Toledo, y hace un calor que te mueres.

A finales del siglo XIX, el gran pintor Ilya Repin atravesó lo que se conoce como su “periodo laportista”, en que el veía al dirigente del Fútbol Club Barcelona por todas partes. De aquella fructífera etapa destaca también su “Laporta pidiendo el Estatuto de Autonomía para su nalga izquierda”, desgraciadamente hoy perdido, y “Laporta como Venus”, quemado por los nazis durante el asedio de Leningrado en un acto que se considera lo único positivo que ha hecho un nazi por la humanidad.
El ”Laporta travestido” representa al directivo culé ante la Comisión de Ética y Disciplina del Zar, tras ser interrogado sobre supuesto cohecho al pretender comprar a los árbitros de la Liga de Tetris de los Urales. Según las actas del juicio, conservadas en el Kremlin, ante los requerimientos del juez, el encausado respondió: “No sé quién es ese Laporta del que me habla, yo soy Elena Fort”. Descubierto el engaño, Laporta fue de nuevo conminado a responder si alguna vez había pagado por favores arbitrales. Este negó los hechos con rotundidad, momento que capta el incisivo retrato de Repin. Es por ello que a esta obra también se la conoce como “¡Niet!”.
Rafael, el genio entre los genios, era también madridista, aunque menos vinagre que el Greco. Sin embargo, representó con honda belleza el sentir del madridista después de contemplar otro 0-0 en Liga contra el Elche, con media plantilla en la enfermería, su consecuente polémica arbitral y el sindiós del centro del campo. Rafael, haciendo gala de una gran inteligencia, representa al aficionado madridista con aspecto de niño de corta edad.
Del Rafael italiano pasamos al conocido como “Rafael español”, Juan de Juanes. En esta portentosa tabla, que originalmente formaba parte de la serie “Retablo del Clásico en Liga”, el artista valenciano representa a la plantilla del Fútbol Club Barcelona deteniendo a Fede Valverde en el área antes de chutar a portería. Al fondo, sentado sobre una piedra, observamos a Munuera Montero, árbitro de campo, dudando o no si señalar penalti. Tras la intervención del VAR, decide que es jugada gris e interpretable y deja seguir el partido sin sanción alguna al equipo blaugrana. En el retablo ya mencionado, esta tabla antecede cronológicamente a otra cuyo tema es “Entierro de Fede Valverde mientras el Barça festeja la victoria”, también en el Museo del Prado.

El holandés Alma Tadema refleja aquí el momento en que un grupo de rendidas vestales rojiblancas acuden a cubrir a Simeone de rosas, nardos y demás flores de pitiminí tras haber caído en cuartos de final de Champions contra el Kilmarnock FC, penúltimo de la liga escocesa. El resto de aficionados aprovecha para hacer sonar trompetas y clamar por la renovación vitalicia del Cholo en agradecimiento por haber ganado al Madrid en la octava jornada de liga. En la mesa de homenaje, junto al míster argentino, se halla el cónsul Cayus Cerezus libando grandes cantidades de lo que posiblemente sea agua con gas.

Concluimos esta breve visita a nuestro museo imaginario donde comenzamos: en el Greco. Este célebre y exquisito retrato representa al entrenador del Real Madrid como epítome de las virtudes del caballero español: espada en mano, mirada al frente y gesto firme; Arbeloa da un paso adelante para cumplir su deber cuando se le encomienda el marrón de entrenar al Real Madrid en plena caraja colectiva. El Greco no disimula la admiración que siente por el modelo, la cual compartimos sin reservas. Según los expertos, este retrato fue pintado justo antes del partido de ida de Champions League contra el Mánchester City. Nos consta que la actitud de Arbeloa ante aquel encuentro fue la misma que embargaba al mariscal Foch justo antes de la Segunda Batalla del Marne (1918) cuando escribió este telegrama al alto mando aliado: “Mi flanco izquierdo está roto. Stop. El derecho debilitado. Stop. La situación es excelente. Stop. Procedo al ataque.” Foch, por si alguno de ustedes no se acordaba, acabó ganando esa batalla.
Hasta aquí llega hoy nuestro paseo por el Museo Imaginario del Real Madrid. Pero no tiren sus entradas, puede que algún día repitamos la visita.
Getty Images









































