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La Galerna

·26 de abril de 2026

No es solo Negreira

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Nos hemos acostumbrado a perder. El equipo no tiene orgullo. Una de las plantillas de mayor calidad de la historia del Real Madrid es incapaz de ganar (no digo ya con solvencia) o de empatar con equipos del último tercio de la tabla. Falla la inteligencia futbolística para mantener un resultado, para dominar los partidos y controlar el juego. Recibimos goles trascendentales en el descuento. Y sí, la organización criminal del fútbol español nos lo pone en chino cada fin de semana. Es cierto, es indiscutible y es una realidad. Pero no tenemos un equipo. No hay colectivo ni compromiso. Se cargaron a Xabi por su pizarra táctica y por los videos. El desplome del mes de abril con Arbeloa está todavía sin diagnosticar, pero el enfermo tiene una pinta malísima. El equipo ahora mismo es una suma de talentos obsesionados por evitar que se les señale individualmente por su rendimiento, por su estadística personal. Todos pretenden salvarse de la responsabilidad colectiva "cumpliendo" en lo suyo. Niños con cuerpo de hombres.

Pero el título del artículo no va por ahí. Que el equipo necesita una revolución es un hecho. Que no hay juego, ni ganas, ni ambición, también lo es. Mbappé y Vinicius llevan muchos partidos pensando en el mundial. El brasileño está descentrado desde que llegó el francés. Se sabe desposeído de su condición de jugador franquicia del Real Madrid y es consciente de que el club nunca le dará ni el estatus ni el sueldo del delantero de Bondy. Error de cálculo de Florentino en la versión 2 de los galácticos. Su obsesión por la excelencia y por juntar a los mejores ya le pasó factura antes. No tiene fácil arreglo. Todos los días leemos opiniones pasionales del madridismo, pero -como la otra vez- sólo se solucionará con tiempo, trabajo, disciplina y probablemente con algo de cirugía.


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Con que "no es sólo Negreira" me refiero a la anacrónica y dictatorial opacidad inherente a las instituciones del fútbol. Un amigo de X me señala el patrocinio que lucen los árbitros en sus camisetas, lo que me lleva a una reflexión: ¿Alguien sabe qué es BKT? Es un fabricante indio de neumáticos. Más allá del anuncio oficial de julio de 2025, no es público el importe del contrato ni, por supuesto, en qué se va a emplear ese dinero. Estoy seguro de que la cifra nos escandalizaría si la llegásemos a conocer. ¿Qué hace una institución como la RFEF negociando contratos opacos? ¿Quién lo autoriza? ¿A quién beneficia? ¿Dónde va el dinero?

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¿Se acuerdan de Villar? Presidió la RFEF durante 41 años, amarrado al poder a través de un turbio sistema clientelar que aún permanece. Detenido en 2017 por corrupción: contratos irregulares, malversación de fondos públicos, uso del cargo en beneficio propio... los años pasan y la gente olvida. El paralelismo con el caso de Jordi Pujol es insultantemente parecido. ¿Alguien cree que pagarán por lo que hicieron? Jamás. El sistema se protege a sí mismo. Las eternización de los procesos judiciales es una estrategia: laissez faire, laissez passer. O sea, dejamos pasar el tiempo y hasta puede que se encuentre un defecto de forma, que se pierda una prueba o que se muera de viejo el delincuente. Muerto el perro... lo enterramos con el delito y aquí no ha pasado nada.

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El caso Rubiales es otro ejemplo. Ahí seguiría marcando paquete si no fuera por su zafiedad y su chabacanería, impropia de una persona honesta con una mínima educación en valores. Cayó por exhibir impúdicamente su blindaje en el cargo, por quemar su relación con el gobierno. El montaje político y mediático sobre el beso a Jenni Hermoso fue una cortina de humo. No le ayudó el precedente de comportarse como un hooligan barriobajero en un palco lleno de autoridades, cuando se agarró los atributos a dos manos para celebrar un título, estando bajo los efectos... de la euforia. Cayó por exceso de confianza. Jamás habría caído por cobrar irregularmente de empresas de construcción a las que asignaba obras a dedo, o por el negociete con Arabia Saudí para la Supercopa, de socio con un jugador en activo del Barcelona (son la guinda de todos los pasteles, la salsa de cualquier delito), ni por el uso de dinero federativo para gastos personales. El fútbol federativo siempre estuvo podrido. Ningún presidente en 50 años acabó su mandato sin ser imputado por la justicia.

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Louzán llegó con los deberes hechos: tomó posesión del cargo ya imputado por corrupción, como consecuencia de su actividad política. Sin embargo, el récord lo ostenta Pedro Rocha, en cuya corta interinidad tuvo tiempo de ponerse un salario escandaloso, por encima de 700.000 euros anuales (lo escribo en número para que puedan apreciar mejor la magnitud), adjudicar el VAR a los socios de Laporta que confeccionaron la trama de las palancas fraudulentas, cesar al secretario general de la RFEF sin tener las competencias (le estorbaba para sus cosas), maniobrar para mantenerse indebidamente en el cargo, despedir a árbitros que denunciaron que el VAR sesgaba imágenes o proteger a Medina Cantalejo, que enviaba instrucciones por WhatsApp para cambiar el texto original de los informes arbitrales redactados al finalizar los partidos.

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Ahora viene lo mejor: Pedro Rocha, procedente de la federación extremeña, trató de colocar a su paisano Isaac Fouto (hijo de Pepe Fouto, condenado a cárcel por corrupción) como submarino de LaLiga en la RFEF, para contentar a su mentor, Javier Tebas. No pudo ser. No le dio tiempo. Tebas no descansó hasta que consiguió coronarse a sí mismo cuando Louzán llegó a la Federación y pactó con él la vicepresidencia a cambio de un precio que conoceremos algún día. Tebas maneja de facto el fútbol español, y sólo saldrá con los pies por delante o camino de Hoyo de Manzanares.

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Y luego está LaLiga, deteriorando cada día el producto que le da de comer. Las señales de corrupción, de falta de transparencia, de manipulación, son flagrantes. Descubierto el caso Negreira y sin que las autoridades europeas o mundiales del fútbol hayan tomado medidas, Tebas se ha crecido. Insulta a todo Dios en redes sociales, incluyendo a personas de cuya santidad no duda nadie, como la de Tomás Guasch. Manipula los hechos que le señalan. Se siente invulnerable. El puto amo. ¿Les parece normal que LaLiga considere información confidencial sus pagos a medios de comunicación por "publicidad institucional"? Un negocio de más de 5.000 millones de euros anuales en manos de un personaje como Tebas, que paga para controlar lo que se dice y lo que no, en medios como COPE o la SER, que recibe préstamos millonarios del mismo club que pagó a Negreira... en comparación, la historia de los Corleone es un cuento infantil.

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Hemos sabido que nunca devolvió ese préstamo. Hemos sabido que la sociedad Audiovisual New Aged AIE fue siempre de titularidad de Tebas o de uno de sus colaboradores más cercanos. Siempre supimos que el triángulo Roures-Tebas-Laporta manipuló la legalidad para permitir que el Barcelona saliera de la ruina. Les hemos visto presumir en entrevistas, a calzón quitado. Hemos visto a Roures afirmar que el dream team de Cruyff se financió con dinero público. Sabemos que las palancas fueron un fraude. Ni hubo ni habrá consecuencias. Sabemos que los clubes miran para otro lado confiando en que les caiga una paguita... algunos se conformarán con no bajar a segunda, otros con aspirar a la pedrea europea. Saben que unas imágenes VAR en el momento oportuno te salvan o te condenan, lo ven todos los días. La exhibición de poder es cotidiana: la ejecutan cada jornada sobre el club más grande del planeta. Como para no tenerles miedo. Aguantan todo. Hubo sentencia judicial por manipulación del VAR en el caso Vini en Mestalla y también en el caso del Espanyol (¡qué casualidad!). Ahí siguen. Ni una destitución. Todo OK, José Luis. No pasará nada si no hacemos que pase. Óscar Lago seguirá de muñidor entre bambalinas sirviendo a los intereses de sus jefes y a los de su enfermizo antimadridismo. Estamos rodeados.

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Estoy poniendo la esperanza que me queda en una última jugada de ajedrez. La que, cuando parece que todo está perdido, te ofrece un jaque mate. El Real Madrid está voluntariamente silente a pesar de la que está cayendo. Demasiado silencio, exceptuando RMTV, medio oficial del club. Yo todavía confío. El presidente me ha permitido vivir un sinfín de momentos de una felicidad incomparable (el hombre vivo al que más quiero, después de mis hijos, ¿recuerdan?) como para olvidarlo o como para bajarme del barco. La tristeza y frustración por este último mes son probablemente de las mayores que recuerdo como madridista. No es por el juego, ni por la forma de perder, eso forma parte de los avatares de la vida y tienen arreglo. Es por el abuso, por el ensañamiento de los medios, de los rivales, de las redes, del incomprensible antimadridismo alimentado por un relato falso, mentiroso, para consumo de criaturas beta. Por la ignorancia voluntaria ante el elefante que se pasea por la habitación. No es sólo Negreira. Negreira es solamente uno de los síntomas del cáncer metastásico que ha invadido el fútbol español hasta lo más profundo.

No hace falta que sigan viendo los partidos de liga que nos quedan. Yo ya no he querido ver los dos últimos, totalmente seguro de que nos iríamos a la lona por la vía rápida. La fragilidad de nuestro equipo y los superpoderes de la organización criminal contra la que luchamos son una combinación letal. No sufran más. Será un verano interesante.

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