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·17 de septiembre de 2026

Nuevo Milan, día 4: histeria tras una derrota. El problema, la prensa

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El Milan pierde contra el Benfica y cae una lluvia de críticas sobre Amorim. El equipo rossonero necesita mejorar entre facciones y contra facciones

Desde anoche es crisis, colapso, debacle, recesión, emergencia y depresión Milan. La derrota contra el Benfica condena a Ruben Amorim, que, tras dos meses de trabajo, no ha conseguido crear un equipo perfecto y capaz de ganar las 5 partidos disputados hasta ahora. ¡Qué desastre! El Milan es un barco que se hunde sin comandante ni, mucho menos, tripulación. Una caída anunciada por muchos ya hace varios meses, incluso antes de que el técnico portugués pusiera un pie en Milán. En resumen, vivan los oráculos y sus predicciones: si tan solo los hubieran escuchado, ahora el Milan sería primero en la liga, junto a la Roma y el Inter, con el mejor ataque, la mejor defensa y la mejor plantilla disponible.

Alto, todos quietos: volvamos a hablar en serio. El Milan cae en San Siro bajo los golpes de un Benfica claramente más en forma que los rossoneri. El Diablo de Amorim vuelve a protagonizar una pésima primera parte, pero esta vez, a diferencia de del Olímpico, los cambios no cambian el resultado. El equipo pareció flojo en lo físico y abatido en lo táctico. El Benfica, de hecho, bloqueó cada trama ofensiva con una defensa en bloque sólida, y simple. Lo que salta a la vista es la incapacidad de activar a los mediapuntas: Cissè y Hutchinson nunca lograron encarar la portería rival y solo la entrada de Pulisic primero y Saelemaekers después cambió la partitura. Amorim todavía tiene mucho en lo que trabajar desde el punto de vista táctico, pero, incluso antes de los tecnicismos sobre el campo, es grave que el único jugador capaz de asumir la responsabilidad de una jugada sea Pavlovic.


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1- La neurosis del entorno rossonero

Vamos por orden y empecemos por el verdadero problema del Milan. Desde hace ya varios años, más o menos desde 2023, el entorno rossonero se divide en facciones y subfacciones. Están los que reman en contra, los que hablan por prejuicio, los que predican calma y los que, en cambio, reivindican viejas figuras ya lejanas. La diferencia entre el Milan y los otros clubes italianos está toda aquí: no existe un ecosistema cohesionado que defienda al club de los ataques externos. El Milan, de hecho, es una presa fácil de morder; hace falta poco, a veces prácticamente nada, para dejarlo en la sombra y resaltar problemas y criticidades.

Gerry Cardinale forma sin duda parte de los principales culpables de los fracasos de las últimas temporadas, pero el cambio de rumbo emprendido desde este verano no puede dejar de considerarse una señal positiva. El número uno de RedBird ha entendido que con la mentalidad americana, en Italia, no puede llegar muy lejos, pero aun así quiere intentar revolucionar un sistema bastante prehistórico. Por desgracia, sin embargo, muchas personas prefieren quedarse en ese sistema prehistórico antes que intentar agitar las aguas. No estamos defendiendo a Cardinale, pero a día de hoy él es el propietario: ¿quieren criticarlo de entrada? Adelante.

La elección de Ruben Amorim sigue siendo, todavía hoy, una gran apuesta. Un entrenador que lo ganó todo en Portugal, que fracasó enormemente en Inglaterra y que llega a Italia sin saber nada del campeonato italiano. Todos estamos de acuerdo en que, quizá, hacía falta un perfil distinto, tal vez con más experiencia, pero quienes hoy critican al técnico portugués son los mismos que veneran a Fàbregas y a su Como. Cesc es, y se convertirá, en un grandísimo entrenador, pero siempre es justo subrayar que entrenar al Milan es otra historia completamente distinta. Hagamos un juego: imaginen que al banquillo rossonero hubiera llegado precisamente el técnico español y que hubiera obtenido exactamente los mismos resultados que Amorim hasta ahora. ¿Lo habrían criticado con tanta dureza? Absolutamente no.

2- Una cuestión de simpatías

Volvamos a hablar de comunicación. Amorim puede caer bien, puede caer mal, pero no se le puede reprochar su irritación ante ciertas preguntas. Durante las ruedas de prensa intenta con todas sus fuerzas hablar de fútbol, de sistemas, de movimientos y de tácticas. Y, sin embargo, el tema principal siempre gira hacia otra cosa, no importa si al día siguiente toca el Venezia, la Lazio o el Benfica. La prensa italiana es agresiva y siempre trata de pillar desprevenidos a los entrenadores: seamos sinceros, ¿de verdad creen que la respuesta de Chivu sobre los enfrentamientos directos era una pulla para la Juventus y el Milan? Hasta que no se demuestre lo contrario, los resultados le dan la razón.

Hace falta calma, hace falta paciencia. El Milan no puede convertirse en una máquina perfecta en el espacio de dos meses. Amorim tiene su parte de culpa, eso es indiscutible, pero de ahí a hablar de destitución y fracaso hay un trecho. 5 partidos, 2 victorias, 2 empates y una derrota: estos no son números de crisis. Luego, si queremos, podemos entrar en detalles. El equipo había mostrado señales positivas entre el Torino y el Venezia, para luego retroceder contra la Juventus y la Lazio. Contra el Benfica reaparecieron problemas que no solo afectan al aspecto técnico-táctico: si el sustituto de Gila es Terracciano, entonces hay que hacer alguna reflexión. Aun así, las acusaciones lanzadas contra Amorim son totalmente gratuitas porque, antes que nada, no conducen al campo. Lo repetimos: hace falta calma, hace falta paciencia. Pioli, antes de convertirse en On Fire, era #PioliOut.

3- Los buenos tienen que jugar

Concluyamos con el equipo. Los buenos tienen que jugar, punto. Pulisic es titular, Moreira es titular, Gila es titular, Rabiot es titular. Estupinan ha demostrado no estar a la altura, Bartesaghi no es el prototipo de carrilero para el sistema de Amorim y Terracciano no puede ser la primera opción de recambio en la línea defensiva. Musah se está redescubriendo (aunque nadie hable de ello, vaya uno a saber por qué), Chukwueze alterna cosas positivas (en ataque) con cosas negativas (en defensa), mientras que Cissè necesita más valentía, sobre todo cuando toca encarar al rival. Hutchinson ha mostrado destellos de calidad, pero debe coger confianza con el equipo, Goncalo Ramos recibe poco juego, De Winter puede ser el central titular y Pavlovic debe ser menos instintivo. Jashari puede resarcirse de la temporada pasada, Comotto seguramente encontrará espacio y Camarda, en este preciso momento, sería solo un alma en pena ahí arriba.

Vuelvan a leer estas últimas líneas y graben a fuego la próxima frase en la mente: el Milan está en fase de construcción, habrá altos y habrá bajos, llegarán derrotas dolorosas y victorias entusiasmantes, pero lo que faltará será la continuidad. Amorim está intentando cambiar la mentalidad de un equipo incompleto, lleno de talento pero todavía no bien compenetrado. Las críticas son sacrosantas y forman parte del proceso; sin embargo, antes de desesperarse y lanzarse a dictar sentencias apresuradas, habría que reflexionar y contextualizar.

Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🇮🇹 en este enlace.

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