Santa Fe Deportivo
·1 de febrero de 2026
Pánico en las calles de EE. UU.: El crudo relato de Joaquín Pereyra sobre la crisis migratoria

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·1 de febrero de 2026

El volante argentino del Minnesota United alzó la voz para describir el clima de paranoia y vigilancia extrema que se vive en el estado de Minnesota. Tras la muerte de una residente a manos del ICE y un aumento en la agresividad de los operativos federales, incluso quienes poseen documentación legal confiesan vivir en un estado de alerta permanente.
El paisaje urbano en diversas metrópolis de los Estados Unidos ha sufrido una metamorfosis sombría en los últimos meses. Lo que históricamente se gestionaba bajo protocolos de control migratorio administrativo ha mutado en una atmósfera de vigilancia omnipresente que parece no distinguir entre ciudadanos, residentes legales y personas en situación irregular. En el epicentro de esta tensión, una voz inesperada desde el ámbito deportivo ha resonado con fuerza: la de Joaquín Pereyra.
El mediocampista argentino, figura del Minnesota United en la Major League Soccer (MLS), se ha convertido en el cronista involuntario de un sentimiento colectivo que paraliza a las comunidades: el miedo visceral a habitar el espacio público.
“La gente tiene miedo. Nosotros también. Cada vez menos personas quieren salir a la calle por lo que les pueda pasar”, confesó Pereyra en declaraciones que rápidamente escalaron a nivel nacional. El futbolista no habla desde la teoría, sino desde la vivencia diaria en un estado, Minnesota, que se ha vuelto un punto neurálgico del conflicto.
Para Pereyra, el estatus de atleta profesional no ofrece inmunidad frente a la ansiedad sistémica. El jugador relató cómo actividades cotidianas, como caminar por su vecindario, se han transformado en maniobras de autoprotección. “Ya sea que esté caminando por el barrio, en cualquier lugar, llevo pasaporte argentino y Green Card. Obviamente, eso no me garantiza nada”, explicó, aludiendo a reportes recientes donde residentes legales fueron víctimas de abusos o detenciones erróneas a pesar de exhibir su documentación.
La actual crisis de confianza tiene un origen claro: la muerte de Renee Good, una residente de Minneapolis que perdió la vida a principios de este mes durante un operativo de agentes federales. Este incidente no fue un hecho aislado para las organizaciones de derechos humanos, sino la culminación de una política de «discrecionalidad absoluta» por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
El fallecimiento de Good desató una ola de manifestaciones masivas que exigen una revisión inmediata de los protocolos del uso de la fuerza. La sospecha de que las agencias federales están operando por encima de las garantías constitucionales básicas ha calado hondo, generando un retraimiento social que los expertos ya califican como un problema de salud pública.
La percepción de vulnerabilidad que describe Pereyra está respaldada por datos alarmantes. Según informes de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), el periodo comprendido entre 2025 y lo que va de 2026 ha registrado cifras récord de fatalidades bajo custodia federal. Además, se ha documentado un incremento preocupante en tácticas de «perfilamiento racial» y el uso de armas de fuego en áreas residenciales densamente pobladas.
Mientras el ICE defiende estas acciones como pilares de la «seguridad nacional», la realidad en las calles muestra una fractura del tejido social. Las comunidades, ante el temor de interactuar con cualquier autoridad, se han volcado al aislamiento, afectando el comercio local, la asistencia a escuelas y la convivencia ciudadana.
El relato de Pereyra pone el dedo en la llaga de una realidad jurídica distorsionada: para el extranjero en EE. UU., la seguridad ya no es una garantía del Estado, sino una moneda al aire. «Hemos visto en las noticias que a gente que tiene su Green Card y su pasaporte en el coche, todavía se los llevan o los tratan mal», señaló el volante argentino, subrayando que la documentación es hoy apenas una «precaria línea de defensa».
En un Washington polarizado, donde el debate oscila entre la abolición de los organismos de control y la defensa cerrada de las fuerzas federales, el testimonio de los residentes —desde deportistas de élite hasta trabajadores de a pie— coincide en un punto: el sistema ha endurecido sus formas más allá del límite de lo humano, convirtiendo el día a día en una carrera de obstáculos marcada por la incertidumbre.








































