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·10 de julio de 2026

Perdónales, Lamine

Imagen del artículo:Perdónales, Lamine

España clasificó el pasado lunes a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras imponerse por la mínima a Portugal gracias a un gol de Mikel Merino en el tiempo añadido. Sin embargo, a pesar del éxito de la selección, gran parte del debate alrededor del equipo de Luis de la Fuente no giró en torno a la clasificación, sino a Lamine Yamal. La estrella de España todavía no ha firmado unos grandes números en el torneo. Tan solo suma un gol. Y eso ha sido suficiente para que un sector de la afición y de la prensa vuelva a señalarle. Pero, realmente, ¿está firmando Lamine Yamal un Mundial decepcionante? La respuesta, en mi opinión, es bastante clara.

Fijarse únicamente en los números no es la forma más justa de valorar el rendimiento de un futbolista. El fútbol va mucho más allá de los goles y las asistencias. Lamine nunca ha sido un jugador que destaque únicamente por sus cifras, aunque haya terminado como máximo asistente de LaLiga en las dos últimas temporadas. Su impacto trasciende las estadísticas y se refleja en muchos aspectos del juego que no aparecen en una lista de números y datos.


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El aspecto más diferencial de Lamine, y de las grandes estrellas, es su capacidad para atraer marcas. Cuando el rival se enfrenta a un jugador tan peligroso, este atrae toda la atención. Es habitual verle rodeado por dos o incluso tres defensores durante los 90 minutos. Esta acumulación modifica la estructura defensiva del rival y altera sus sistema, y sobre todo, genera espacios y libera a sus compañeros. Es una influencia que condiciona por completo la forma de defender del adversario y que no aparece en las listas ni en los recuentos de números, pero es fundamental para entender el funcionamiento de España y del Barcelona.

En el pasado encuentro ante Portugal, provocó exactamente eso, y fue una de las claves para que La Roja se hiciera con la victoria. Lamine fue uno de los principales focos de atención de la defensa lusa durante todo el encuentro. Y, aunque no firmó un partido brillante desde el punto de vista estadístico, sí desempeñó un papel decisivo para que España encontrara ventajas. El fútbol no son solo números.

En relación a este último concepto, otro de los aspectos fundamentales que provocó Lamine para el triunfo español fue llevar a Nuno Mendes al límite. Uno de los grandes atractivos del duelo ibérico era el reencuentro entre ambos futbolistas. En sus dos enfrentamientos anteriores (FC Barcelona-PSG de Champions League y España-Portugal de la Nations League) el lateral portugués logró contener al genio de Rocafonda, o al menos, reducir al máximo su impacto en el partido. El lunes se volvieron a encontrar, y se podría afirmar que el defensor del Paris Saint-Germain lo volvió a lograr, hasta que al rededor del minuto 55, cayó lesionado tras un duelo en el que Lamine Yamal logró superarle saliendo en carrera. Evidentemente, nadie provoca una lesión de manera directa, pero sí es cierto que la exigencia constante a la que Lamine sometió a su marcador acabó pasando factura. Y justamente de eso se trata. De no parar de intentarlo, de forzar y llevar al límite a tu marca. La exigencia de Lamine logró eliminar, a quien estaba siendo, el mejor jugador portugués sobre el terreno de juego. Después de su marcha, España fluyó mejor y el nivel defensivo (y ofensivo) de Portugal se redujo drásticamente.

Por eso resulta injusto afirmar que Lamine firmó un mal encuentro. Nos ha acostumbrado tanto a la excelencia que cualquier partido en el que no marque, no asista o no realice una frivolidad espectacular parece automáticamente un encuentro discreto. Pero la realidad es muy distinta. Sin necesidad de aparecer en el marcador, volvió a ser uno de los futbolistas que más condicionó el desarrollo del partido. Perdónales, Lamine. Porque no entienden que el fútbol es mucho más que números.

Otro aspecto que conviene tener muy presente a la hora de valorar el Mundial de Lamine es el contexto físico con el que ha llegado al torneo. El extremo azulgrana regresaba de una lesión de más de un mes y llegó muy justo al debut. En el primer partido, ante Cabo Verde apenas disputó los últimos veinte minutos. Frente a Arabia Saudita solo jugó la primera parte, aunque le bastó para marcar un gol y completar una gran actuación. En el tercer encuentro de la fase de grupos, contra Uruguay, tampoco disputó el partido completo, siendo sustituido en el minuto 76. No fue hasta las eliminatorias, frente a Austria y Portugal, cuando volvió a completar los noventa minutos por primera vez desde su regreso.

Por tanto, comparar sus cifras con las de otras grandes estrellas del torneo sin tener en cuenta el contexto resulta, como mínimo, injusto. Lamine ha disputado bastantes menos minutos que otros candidatos a liderar las estadísticas ofensivas y, además, ha llegado al Mundial lejos de su mejor condición física. Durante la fase de grupos se le vio todavía dosificándose y reservándose para las fases posteriores. Ya en las eliminatorias ha empezado a mostrar una versión mucho más cercana a la que acostumbra. Poco a poco ha ido recuperando sensaciones, confianza y ritmo competitivo. Eso también debe formar parte del análisis. Perdónales Lamine. Han olvidado que llegaste al Mundial después de más de un mes sin jugar.

De todos modos, si lo que a la gente le gusta son las estadísticas, miremos las estadísticas. Porque también hablan bien de Lamine. El extremo del Barcelona lidera la Copa del Mundo en regates completados. Suma 17 de 38 intentos, con una eficacia del 45%. Se sitúa por delante de las mayores estrellas del torneo. Más que Messi, Mbappé, Vinícius, Dembélé o Haaland. Justamente en la faceta que mejor define su fútbol, sigue siendo el mejor.

Y todo ello, además, en un contexto mucho menos favorable que el de otros grandes nombres. Mientras muchas selecciones construyen su equipo alrededor de su estrella para darle las mejores condiciones posibles, España no juega para que Lamine brille individualmente. El extremo permanece muy abierto, recibe muchas veces aislado, con pocas ayudas y obligado a generarse él solo sus propias jugadas ante dos o tres rivales. Y aun así, continúa siendo el futbolista más desequilibrante del Mundial.

Pero hay otro dato todavía más significativo. Lamine es el segundo jugador del torneo que más pases filtra al área rival. Es decir, no solo desequilibra, también genera. Regatea más que nadie y, además, crea ocasiones para sus compañeros. Cuesta sostener que un futbolista con semejante impacto esté firmando un mal campeonato únicamente porque no acumule tantos goles como otros.

Más allá de todo esto y por encima de todo, conviene recordar algo que muchas veces se nos olvida. Lamine Yamal no deja de tener 18 años. Lo verdaderamente extraordinario no es que todavía no esté dominando el Mundial de principio a fin. Lo extraordinario es que se le exija hacerlo. Muy pocos futbolistas en la historia han cargado con esa responsabilidad a su edad. Pero Lamine Yamal nos ha hecho creer hasta ahora que a pesar de su edad él puede con eso. Y eso habla mucho más de lo excepcional que es él que de su rendimiento en este torneo. Poquísimos jugadores de su edad han sido excelentes en tofa la historia de la Copa del Mundo.

La realidad es que, jamás a un chaval de su edad habría que exigirle tanta responsabilidad y un nivel tan alto constantemente. Que con 18 años te exijan competir al nivel de las estrellas más grandes del mundial y te comparen con ellos constantemente explica lo extraordinario que has de ser. Además, volviendo de una lesión de más de 1 mes. Dejemos de normalizar la excelencia constante en un chaval de 18 años. Perdónales, Lamine. A veces se les olvida que tienes 18 años.

En definitiva, la Copa del Mundo de Lamine no está siendo excelente. Y probablemente tampoco debería exigírsele que lo fuera. Llega tras más de un mes lesionado, ha disputado menos minutos que la mayoría de las grandes estrellas y juega en un contexto que no siempre potencia sus virtudes. Aun así, está firmando un buen Mundial y sigue siendo uno de los futbolistas que más condiciona los partidos.

Ahora llega el momento de la verdad. Esta noche España afronta los cuartos de final ante Bélgica y si supera la eliminatoria, se medirá a Francia o Marruecos por un puesto en la final. Es el escenario donde aparecen los grandes jugadores. El de los partidos que deciden campeonatos. Y si algo ha demostrado Lamine, tanto con el Barcelona como con España, es que no no se achanta en los grandes escenarios. Justo lo contrario. Cuanto mayor sea el reto la presión, más le alimenta. Ya lo avisó hace unos días en una entrevista con Mundo Deportivo: «Puedo dar más y mi gran partido en este Mundial está por llegar», «Estoy con muchas ganas de demostrar lo que soy». Yo de vosotros, me abrocharía el cinturón.  Tengo la sensación de que lo mejor todavía está por llegar.

Así que, si por fin llega ese gran partido o ese gol que tantos esperan, perdónales, Lamine. Porque, una vez más, han vuelto a dudar de ti. Es hora de silenciar las críticas.

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Autor: Jan Sierra | Twitter: @jansierrafcb

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