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·5 de septiembre de 2026
«¿Pero la gente lo va a entender?»

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“¿Pero la gente lo va a entender?”
La pregunta parece absurda vista desde hoy. Pero en 1976 no lo era tanto.
Fue la respuesta que recibió la propuesta de Joaquim Maria Puyal y Manuel García Terán cuando plantearon a la dirección de la Cadena SER una idea aparentemente sencilla: volver a narrar un partido de fútbol en catalán.
Franco había muerto hacía menos de un año. Todavía no se habían celebrado las primeras elecciones democráticas y el catalán arrastraba cuatro décadas de persecución, prohibiciones y exclusión de buena parte de la vida pública.
También del fútbol.
J.M Puyal 5 de setembre 1976 – Camp Nou
El 5 de septiembre de 1976, sin embargo, algo empezó a cambiar. Radio Barcelona emitió en FM un Barça-Las Palmas con la voz de Joaquim Maria Puyal. Era la primera retransmisión radiofónica de un partido de fútbol en catalán desde el inicio de la Guerra Civil. El Barça ganó 4-0, pero el resultado es probablemente lo menos importante de todo lo que ocurrió aquel día.
Porque aquel partido no fue solo fútbol.
Fue recuperar una lengua delante de un micrófono.
Hay momentos históricos que, vistos con distancia, parecen evidentes.
Hoy escuchar una retransmisión deportiva en catalán nos parece completamente normal. Podemos cambiar de emisora, de narrador o de plataforma sin preguntarnos si la lengua es adecuada para contar un partido.
Pero esa normalidad no apareció sola.
Cuando Puyal empezó aquella retransmisión, el catalán todavía estaba recuperando espacios de los que había sido apartado durante décadas. Y el fútbol era uno de ellos.
Ahí está precisamente la importancia de aquella primera narración.
El catalán no regresaba a través de una ceremonia institucional ni de un acto solemne. Regresaba hablando de una pelota.
De un gol.
De un córner.
De un jugador encarando al lateral.
De un balón golpeando el larguero.
El fútbol tenía —y sigue teniendo— una capacidad extraordinaria para entrar en las casas sin pedir permiso. El oyente no tenía que ir a buscar la lengua. La lengua le llegaba mientras seguía a su equipo.
Y la respuesta fue inmediata.
Después de aquel primer partido, Radio Barcelona empezó a recibir cartas, llamadas y telegramas de oyentes celebrando la iniciativa. El propio Puyal explicaría años después que aquella primera narración podía ser técnicamente mejorable, pero que lo verdaderamente importante había sido recuperar el catalán “para la radio y para el país”.
Pero había otro problema.
No bastaba con decidir hablar catalán.
Había que saber cómo contar fútbol en catalán.
Durante décadas, el lenguaje deportivo que llegaba de forma masiva a los aficionados lo hacía casi siempre en castellano. Palabras, expresiones y automatismos habían quedado profundamente instalados en la forma de hablar del juego.
Puyal, que tenía formación filológica, trabajó con Jordi Mir para construir un lenguaje que funcionara delante de un micrófono.
No se trataba simplemente de traducir.
Había que evitar castellanismos muy extendidos, recuperar vocabulario propio y, sobre todo, conseguir que el resultado no sonara artificial.
El propio Puyal recordaba las dificultades con palabras habituales como césped, banquillo o palco, o con expresiones tan recurrentes en una narración como el saque de esquina. Jordi Mir explicaría después que buscaban combinar rigor lingüístico con expresiones populares y con la espontaneidad que exige una retransmisión en directo.
Y ese trabajo quizá sea una de las partes menos visibles de su legado.
Ahora parece natural.
Fora de joc.
Servei de cantonada.
Banqueta.
Travesser.
Rematada.
Xut.
Palabras que forman parte de nuestro vocabulario futbolístico cotidiano.
Pero alguien tuvo que demostrar que funcionaban.
Alguien tuvo que encontrar la manera de decirlas con la pelota corriendo y con miles de personas esperando saber qué estaba pasando.
Puyal no solo empezó a narrar fútbol en catalán. Ayudó a enseñarnos cómo sonaba el fútbol en catalán.
J M Puyal narrando un partido
La revolución tampoco fue únicamente lingüística.
Las retransmisiones de Puyal fueron modificando la forma de explicar los partidos.
El lenguaje era cuidado, pero también coloquial. Había humor, interpretación del ambiente, expectativas, emoción y una forma de acompañar al aficionado que se alejaba poco a poco de la narración más rígida que había dominado hasta entonces.
Con los años también se incorporarían espacios de análisis antes y después de los encuentros.
Es fácil ver ahí el origen de una forma de hacer radio deportiva que después se convertiría en absolutamente habitual.
El narrador ya no era solo la persona que explicaba dónde estaba la pelota.
También era quien interpretaba el partido.
Quien detectaba el estado de ánimo de la grada.
Quien construía el relato de aquella tarde.
Y, sobre todo, quien compartía el partido con el oyente.
Aquella primera retransmisión fue un Barça-Las Palmas y el club azulgrana tuvo un papel importante para que el proyecto saliera adelante.
La iniciativa encontró la complicidad de directivos del club como Joan Granados, que apoyó el proyecto, mientras que el patrocinio de La Caixa también resultó importante para hacer viable económicamente un programa que inicialmente se emitía por FM, una frecuencia que entonces tenía mucha menos repercusión.
Pero sería un error reducir aquella historia únicamente al Barça.
El Barça fue el gran vehículo popular que permitió abrir la puerta.
Después, sin embargo, Futbol en català también incorporó partidos del Espanyol y llegó a narrar los Mundiales de Argentina de 1978 y de España de 1982.
Lo que había empezado con un club estaba construyendo algo mucho más grande.
Un espacio propio para contar fútbol.
Y, de paso, un espacio más para el catalán dentro de la vida cotidiana.
Con los años llegaron momentos que ya forman parte de la memoria deportiva del país.
El primer gol de Cruyff narrado en catalán.
La Recopa de Basilea.
La Liga de 1985.
Y aquel grito que terminó trascendiendo la propia retransmisión:
“Urruti, t’estimo.”
La frase forma parte de la cultura popular porque detrás no había solo un portero deteniendo un penalti.
Había años de partidos compartidos.
De domingos delante de la radio.
De una voz que había entrado en miles de hogares y que había convertido el catalán en la lengua natural con la que una generación vivía el fútbol.
A partir de la temporada 1985-86, Puyal y su equipo continuarían ese trabajo en Catalunya Ràdio. Durante décadas, sus retransmisiones contribuirían a consolidar la normalización del catalán dentro del lenguaje deportivo.
Y después llegarían muchos más.
Otros narradores.
Otras emisoras.
Otras maneras de contarlo.
Pero la puerta ya estaba abierta.
Los grandes momentos del fútbol suelen recordarse en imágenes.
Un remate.
Una parada.
Una celebración.
Una grada.
Pero muchas veces el recuerdo también lleva una voz pegada.
Es difícil separar determinados goles de la narración con la que los vivimos.
Y eso explica hasta qué punto la radio forma parte de la memoria futbolística.
JM Puyal en el Camp Nou
El gol no es solo lo que viste. También es cómo te lo contaron.
Muchos catalanes han vivido algunas de sus alegrías deportivas más importantes a través de una voz que hablaba catalán.
Y eso, repetido semana tras semana durante décadas, tiene un impacto que va mucho más allá del fútbol.
Porque normalizar una lengua también es eso.
Hacer que deje de parecer excepcional.
Que sirva para informar, discutir, reír, enfadarse, celebrar y sufrir.
Que puedas utilizarla para contar cualquier cosa.
Incluso los últimos cinco minutos de un partido con tu equipo defendiendo un resultado.
Hoy la pregunta de 1976 suena casi cómica.
“¿Pero la gente lo va a entender?”
Sí.
La gente lo entendió.
Y no solo lo entendió.
Lo hizo suyo.
El catalán forma parte hoy del lenguaje deportivo del país. Está presente en la radio, en la televisión, en los pódcasts, en las redes y en nuevas formas de comunicación que Joaquim Maria Puyal difícilmente podía imaginar cuando abrió aquel micrófono en septiembre de 1976.
Pero quizá lo más valioso de todo es que ya no nos sorprende.
No celebramos cada partido narrado en catalán como una victoria lingüística.
No pensamos constantemente que estamos participando en un acto de normalización.
Simplemente ponemos la radio y escuchamos fútbol.
Y esa aparente indiferencia es, en realidad, una de las victorias más grandes.
Porque el gran legado de aquel 5 de septiembre de 1976 no es solo que cincuenta años después podamos escuchar fútbol en catalán.
Es que ya no nos parece extraordinario poder hacerlo.
Alguien tuvo que ser el primero.
Alguien tuvo que preguntarse qué palabras utilizar.
Alguien tuvo que convencer a unos directivos de que sí, de que la gente lo entendería.
Cincuenta años después, quizá el mejor homenaje sea precisamente este:
encender la radio, escuchar rodar la pelota y no tener que pensar en qué lengua nos la están contando.
Porque ya es nuestra.
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