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·29 de noviembre de 2025

Por qué nos gusta tanto el fútbol exótico (por @NachoJOsorio1)

Imagen del artículo:Por qué nos gusta tanto el fútbol exótico (por @NachoJOsorio1)

Por Ignacio Osorio

Que el fútbol se ha convertido en un negocio, es decir, casi una obviedad. Que su elitización ha ido, poco a poco, reduciendo aquellos equipos que apunta de talonario logran ir “acaparando” no solo el protagonismo deportivo, sino la atención de medios, hinchas por todo el mundo y la atención de lo que alguna vez le perteneció a los sueños y a la pasión por la pelota.


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La década de los 2000 (podría decirse quizás hasta 2010), fue probablemente la última época en que los equipos medianos lograban dar cierta consistencia y competencia a las diferentes ligas del mundo, pudiendo suscitar no solo partidos competitivos, o incluso – de pronto- obtener campeonatos y tener competitividad en torneos continentales.

Durante los 90s y 2000s, se forjó el carácter de equipos que, en muchos de nosotros, aún perduran su recuerdo: Valencia C.F.; Fiorentina, Lazio, Portsmouth, Aston Villa, Parma, entre otros, fueron clubes que pudieron durante algún tiempo competir y entregar diversión y diversidad a los torneos. Hoy, mucho de aquello, se ha ido perdiendo y parte del encanto de aquello que fue el Fútbol con el que los de hasta unos 40 o 45 años nos criamos. Esa sanción de fantasías y romanticismo vive hoy en lo que se ha denominado como Fútbol Exótico.

Lo que se conoce, preferentemente como fútbol exótico, no es nada más pero tampoco nada menos, que el disfrute por aquellos espacios, aquellos países y aquellas ligas (y equipos) en los que todavía la esencia del futbol perdura; en donde la excesiva mercantilización no llega, aún es posible ver que la táctica no lo es todo y, sobre todo, en donde todavía es plausible encontrar historias en donde el fútbol no es reducido a estadísticas, tácticas pseudo filosóficas y tal o cual acción subió o bajó más después de un gol.

Historias como las ocurridas recientemente en Cabo Verde, Haití, o aspiraciones como la de países que llevan años en la lucha por competirles de tú a tú como Japón, Corea del Sur o Australia. Ni hablar de aquello que las redes sociales han permitido conocer, como el fútbol

africano, en donde sus particularidades culturales y sociales permiten llevar a cierto extremo el concepto de fútbol exótico, al ser una expresión futbolística llena de rituales, edades cuestionables, tramas enredadas y un talento que a ratos recuerda a lo que fue el fútbol brasileño más puro.

El fútbol exótico es un espacio, quizás recóndito, en el que todavía es posible emocionarse, sentir la pasión de los chicos de San Marino, Andorra o inclusive la Selección de Fútbol del Vaticano (Sí, el Vaticano tiene una selección de fútbol). Es un espacio en el que es posible vislumbrar proyectos armados con amor y vocación por lo que se hace, como los ya mencionados Haití, Cabo Verde o el también debutante en mundiales, Curazao, una excolonia neerlandesa la cual, aprovechando sus nexos geopolíticos, idiomáticos y culturales, quiere pasar de ser una pequeña isla al comienzo del Caribe y al final de Sudamérica (muy cerca de Brasil), a un país respetado en el mundo fútbol, instalándose no solo en su primer mundial, sino también aprovechar estos nexos e instancia para crecer en sí mismos.

Aquello que se llama fútbol exótico es el recuerdo de un fútbol que poco a poco no volverá jamás, que terminará siendo consumido por lo comercial y que resguarda esa esencia que vive en los recuerdos de los más nostálgicos. El fútbol exótico es el espacio donde todavía vale más la pelota que un número.

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