La Número 12
·11 de julio de 2026
Profundo dolor en Boca: falleció Antonio Rattín, el ídolo que jugó toda su carrera en el club

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El fútbol argentino llora la partida de Antonio Rattín, emblema indiscutido de Boca que nos dejó este sábado a los 89 años de edad. El histórico mediocampista, que defendió únicamente la camiseta azul y oro a nivel clubes, deja un vacío inmenso y un legado imborrable en la memoria de todos los hinchas del conjunto boquense.
La noticia llenó de tristeza la institución azul y oro durante la jornada de hoy. Nacido en Tigre el 16 de mayo de 1937, el histórico volante central se despidió físicamente, pero su figura de caudillo quedará eternizada en los pasillos de La Bombonera, dónde tiene un monumento. A lo largo de su extensa trayectoria profesional, vistió solamente dos indumentarias: la de Boca Juniors y la de la Selección Argentina.

Antonio Rattin, ídolo de Boca.
Su bautismo en la máxima categoría fue el fiel reflejo de lo que sería su enorme carrera deportiva. El domingo 9 de septiembre de 1956, con apenas 19 años de edad, el entrenador Mario Fortunato lo mandó a la cancha nada menos que en un Superclásico ante River. Aquella tarde, el club de la Ribera se impuso en casa y el joven talento se adueñó de la mitad de la cancha para siempre.
Las estadísticas del "Rata" son abrumadoras y explican a la perfección la magnitud de su grandeza en el conjunto boquense. Entre 1956 y 1970 disputó 382 partidos oficiales, siempre como titular, donde festejó 187 victorias y anotó 28 tantos. Además, fue el gran capitán de una época de oro y levantó cuatro trofeos: los torneos de Primera División de 1962, 1964 y 1965, junto con la Copa Argentina de 1969.

Rattín usó 2 camisetas en su carrera, la de Boca y la Selección Argentina.
Surgido de la cantera, a la que arribó en 1955, su estampa de líder natural lo posicionó rápidamente como el principal referente del plantel. Heredó el temperamento de próceres como Natalio Pescia y se erigió como el faro anímico del equipo a base de sacrificio, entrega y buen posicionamiento. Su voz de mando ordenaba táctica y mentalmente a sus compañeros, imponía un respeto innegociable ante los rivales y contagiaba el sentido de pertenencia en cada rincón del campo de juego.

Rattín tiene su propio monumento en La Bombonera.
Tras colgar los botines en el año 1970, su vínculo sentimental y profesional con la institución azul y oro jamás se disolvió. Recibió su merecido partido homenaje en el mítico Alberto J. Armando y, posteriormente en 1980, regresó a su casa bajo el rol de director técnico. Hoy todos los simpatizantes despiden con profundo respeto a un prócer de la historia boquense, un símbolo de lealtad absoluta que forjó los cimientos del ADN Xeneize.







































