Gabriel Landaeta
·21 de septiembre de 2026
Raphinha Desata Su Poderío en Sevilla: El Brasile que Barcelona Necesitaba

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·21 de septiembre de 2026

Raphinha no juega, destroza. Eso fue lo que vimos en el Ramón Sánchez-Pizjuán cuando Barcelona arrasó a Sevilla con un contundente 3-1 que dejó claro quién manda en La Liga. El brasileño fue la pesadilla del lateral derecho sevillista, metiendo tres goles que no dieron tregua a los andaluces.
La performance de Raphinha es lo que todos esperábamos cuando llegó al Camp Nou. Velocidad, regate, remate certero. Todo en el mismo paquete. Hansi Flick lo sabe, los compañeros lo saben, y lo más importante: Sevilla acaba de comprobarlo en carne propia. Este no es un extremo más que juega bien algunos días. Es un jugador que te puede resolver un partido en minutos.
Lo que más llama la atención es su consistencia. No es suerte, no es un arrebato de inspiración. Raphinha está en racha porque trabaja como pocos, porque entiende qué quiere Flick de él, y porque tiene la confianza de estar en un equipo que le alimenta oportunidades. Barcelona juega para que gente como él explote todo su potencial.
Algunos críticos ya preguntan si Barcelona se está volviendo dependiente de Raphinha. La respuesta es sencilla: que un equipo tenga un jugador capaz de hacer esto es precisamente lo que necesitamos. No es debilidad, es fortaleza. Los grandes equipos siempre tienen estrellas que resuelven.
Mira a Rodri en Manchester City. Mira a Vinicius en Madrid. Todos los grandes tienen ese pivote que empuja el equipo. Raphinha está cumpliendo ese rol ofensivo para Barcelona, y lo está haciendo de manera magistral. Que nadie venga con cuentos de que es un problema que tenga un extremo letal.
El cuadro sevillista intentó lo suyo. Vinicius in… no, perdón, Raphinha era un rival demasiado rápido, demasiado inteligente posicionalmente. Los laterales de Sevilla estaban perdidos. No había táctico que funcionara porque el brasileño juega en varios espacios, se mueve sin balón, aparece donde no lo esperan.
Barcelona sigue imparable en La Liga. Siete victorias consecutivas es la firma de un equipo que sabe exactamente qué quiere. Flick ha armado una máquina ofensiva donde cada jugador entiende su rol, y Raphinha es el veneno que mata cualquier defensa. Sevilla lo aprendió de la peor manera.