Agente Libre Digital
·23 de septiembre de 2026
Real Madrid: muchos nombres, pero cada vez menos hombres

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·23 de septiembre de 2026

Por Ismail El machrafi
El Real Madrid atraviesa uno de los momentos más delicados de su proceso de reconstrucción deportiva. Más allá de los resultados, las dudas se acumulan sobre una planificación que parece haber perdido la capacidad de anticiparse a las necesidades de la plantilla. Lo que durante años fue un modelo de gestión admirado en Europa da hoy señales preocupantes de improvisación y falta de visión estratégica.
La primera decisión difícil de comprender es la renovación de Vinicius Junior. A mi juicio, Florentino Pérez ha cometido un error garrafal al apostar de forma incondicional por un jugador que lleva dos temporadas muy lejos de su mejor nivel. El brasileño ya no es aquel futbolista desequilibrante que maravilló a Europa y que parecía destinado a convertirse en el líder absoluto del nuevo proyecto madridista.
Más allá de los números, preocupa la evolución de su juego. Vinicius se ha convertido en un futbolista cada vez más individualista, desconectado del colectivo y excesivamente dependiente de acciones personales. Su toma de decisiones ha empeorado, su influencia en los grandes partidos ha disminuido y su comportamiento sobre el terreno de juego ha generado demasiadas polémicas para un jugador llamado a liderar el vestuario.
A ello se suma un problema que el Real Madrid parece haber ignorado desde la llegada de Kylian Mbappé. La convivencia futbolística entre Vinicius y Mbappé está lejos de ser la sociedad devastadora que muchos imaginaban. Ambos tienden a ocupar espacios similares, ambos necesitan libertad para partir desde la izquierda y ambos reclaman un protagonismo constante en la construcción ofensiva.
El resultado es un ataque que, pese a acumular talento, transmite sensación de desorden. Lejos de potenciarse mutuamente, Vinicius y Mbappé parecen restarse influencia dentro de un sistema que todavía no ha encontrado el equilibrio adecuado.
Existe un problema de fondo todavía más preocupante en el Real Madrid. La salida de Toni Kroos y Luka Modric dejó un vacío futbolístico que el club no ha logrado cubrir.
Durante años, ambos futbolistas fueron el cerebro del equipo. Controlaban el ritmo de los partidos, organizaban la circulación del balón, reducían la presión rival y dotaban de personalidad al juego madridista. Sin ellos, el equipo ha perdido claridad, control y creatividad.
Lo sorprendente es que existían alternativas en el mercado. Jugadores como Martín Zubimendi, Bouaadi o Nicolò Barella representaban perfiles contrastados, preparados para asumir responsabilidades inmediatas en la élite europea. Futbolistas con personalidad, capacidad de liderazgo y recursos técnicos suficientes para ocupar una parte del enorme espacio dejado por Kroos y Modric.
En lugar de apostar por una solución de primer nivel, el club decidió invertir una cantidad descomunal en Diamondé. Nadie discute su potencial. Nadie duda de que pueda convertirse en una estrella en el futuro. Pero la realidad es otra. El Real Madrid necesita certezas, no únicamente promesas.
Cuando una entidad desembolsa alrededor de 140 millones de euros, la exigencia es inmediata. Diamondé puede ser un gran jugador dentro de años o tres años, pero el Real Madrid tiene problemas que resolver hoy.
Otro interrogante importante es Bernardo Silva. El portugués posee calidad, experiencia y una inteligencia táctica fuera de toda discusión. Sin embargo, la pregunta es legítima. ¿Puede un jugador de 32 años, después de una temporada irregular en el Manchester City, convertirse en la pieza capaz de devolver el equilibrio perdido al centro del campo madridista?
La respuesta está lejos de ser evidente. Porque el problema del Real Madrid no es únicamente técnico. Es estructural.
También existen futbolistas cuya continuidad resulta cada vez más difícil de justificar. En este sentido, Eduardo Camavinga representa uno de los casos más discutidos. Su rendimiento ha estado marcado por una irregularidad constante y por errores graves en los momentos más importantes.
Las expulsiones, las desconexiones tácticas y la falta de evolución en determinadas facetas de su juego han alimentado las dudas sobre su verdadero techo competitivo. El Real Madrid no puede permitirse jugadores que vivan permanentemente de su potencial sin convertirlo en rendimiento estable sobre el césped.
Mientras tanto, el equipo continúa mostrando problemas colectivos evidentes. No existen automatismos claros entre Vinicius, Mbappé y Jude Bellingham. Las combinaciones aparecen de forma aislada y dependen demasiado de inspiraciones individuales.
Las dificultades aumentan en la medular. La pareja formada por Aurélien Tchouaméni y Federico Valverde no logra ofrecer ni creatividad, ni control, ni capacidad para imponer un ritmo reconocible a los partidos.
El equipo mueve el balón sin profundidad, sin sorpresa y sin capacidad para romper líneas rivales de forma constante. El juego del Real Madrid se ha vuelto estático, previsible y estereotipado.
Las grandes épocas del Real Madrid nacieron de la combinación entre estrellas, equilibrio táctico y planificación inteligente. Hoy, la sensación es justamente la contraria.
Se han acumulado decisiones cuestionables, se han ignorado necesidades evidentes y se ha apostado por soluciones que generan más preguntas que respuestas.
El problema del Real Madrid no es la falta de talento, sino una planificación deportiva deficiente, un mercado de fichajes desacertado y una gestión de la plantilla que ha dejado al equipo con más interrogantes que soluciones.