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·20 de febrero de 2026

Real Valladolid, el imperio de plata que se cae en pedazos

Imagen del artículo:Real Valladolid, el imperio de plata que se cae en pedazos

¿Cómo se habría descubierto la felicidad si nadie hubiese conocido antes la tristeza? Habría sido, simplemente, una forma natural de existir. ¿Podría llamarse riqueza a algo en un mundo donde nadie hubiese experimentado la pobreza? Viviríamos con mera suficiencia, sin adjetivos.

Pero el mundo no funciona así. Se sostiene en una tensión constante entre extremos que, aunque se repelan, se necesitan. No hay cima sin valle. No hay revelación sin decepción. Y el fútbol lo demuestra cada temporada.


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Inmerso en una crisis profunda

En LaLiga Hypermotion, el Castellón vive una fiesta. Canta, baila, compite y sueña. Ha decidido creerse lo que está haciendo y el campeonato empieza a creer en él. Mientras tanto, en el piso de abajo, el Real Valladolid sobrevive en silencio. En Pucela no hay espacio para la celebración. El ambiente es denso, casi irrespirable. El equipo transita una realidad incómoda, impropia de su estatus, instalado en los puestos de descenso. Posiblemente el momento más delicado de sus últimos cincuenta años de historia.

Tras la destitución de Luis Tevenet, el club ha recurrido a Fran Escribà con la urgencia de quien intenta apagar un incendio antes de que alcance los cimientos. El técnico valenciano tendrá margen, sí, pero también una presión asfixiante. El tramo que se avecina será decisivo. Cultural Leonesa, Mirandés, Real Zaragoza, Huesca, Real Sociedad B o Andorra aparecen en el horizonte. No son simples partidos. Serán tests de supervivencia.

Porque, aunque el dramatismo lo impregne todo, la temporada aún no está sentenciada. El descenso no es matemático. Pero tampoco lo es el ascenso. Y ahí radica la crudeza del presente blanquivioleta. Mucho tendría que cambiar el rumbo para que el Real Valladolid vuelva a mirar hacia el ascenso directo o, al menos, a la pelea por el play-off. Hoy esa cima parece lejana, casi inalcanzable.

Los últimos serán los primeros… y los primeros, últimos

Sin embargo, fue ese el objetivo marcado en rojo al inicio del curso. No por capricho, sino por jerarquía. Por inercia competitiva. Por esa estructura no escrita que concede al recién descendido el privilegio ,y la obligación, de regresar cuanto antes a Primera División. Era lo que correspondía. Lo natural. Pero lo natural, a veces, también se rompe. El imperio de plata del Pucela se puede caer.

El Real Valladolid camina, de hecho, hacia la etiqueta que ningún club quiere vestir: la de decepción. Porque del mismo modo que cada temporada fabrica una revelación, también necesita señalar un fracaso. Son vasos comunicantes. Dos historias entrelazadas. El éxito de uno exige el tropiezo de otro. Es pura lógica competitiva.

El Castellón ha decidido ocupar ese espacio reservado a la sorpresa. Ha levantado la mano, ha dado un paso al frente y se ha apropiado del relato. Y para que eso ocurra, alguien debe ceder terreno. Hoy ese alguien es el Valladolid.

Un equipo históricamente ‘ascensor’, acostumbrado a convertir el descenso en paréntesis y el regreso en rutina. Ese bucle, maldecido cuando parecía eterno y ahora casi añorado, amenaza con quebrarse. Cuatro derrotas consecutivas y tres puntos de los últimos dieciocho confirman la crudeza del momento. La dinámica es destructiva. Lo contamina todo.

Chuki, la única luz que también se puede apagar

Y a perro flaco, todo son pulgas. La única luz en medio de la tormenta responde al nombre de Chuki. Irrumpe con desparpajo, talento y personalidad. Representa lo que el club quiere ser cuando se mira al espejo: cantera, identidad y futuro. Su crecimiento es una de las pocas noticias ilusionantes de una temporada gris. Pero incluso las buenas noticias corren peligro cuando el contexto se vuelve adverso.

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Foto: LaLiga

Porque el mercado no espera. Real Betis, Villarreal, Como o Stuttgart ya observan. En el fútbol, cuando el río baja revuelto, siempre hay quien lanza la caña. Y a orillas del Pisuerga las aguas no bajan en calma. Avanzan turbias, agitadas, imprevisibles. Arrastran certezas, erosionan proyectos y desgastan la paciencia de una afición que ha pasado de la incredulidad a la indignación.

El fútbol, como todo, necesita alimentarse de contrastes para funcionar. Héroes y villanos. Revelaciones y decepciones. Campeones y descendidos. Esta temporada, el Castellón ha elegido ser lo primero. Y el Real Valladolid, si no reacciona, corre el riesgo de quedar fijado en lo segundo.

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