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·25 de septiembre de 2026

Rubén Rézola y el oro que siempre soñó en Santa Fe: “para mí es la gloria”

Imagen del artículo:Rubén Rézola y el oro que siempre soñó en Santa Fe: “para mí es la gloria”

El santafesino, que comenzó con el canotaje desde muy chico en el Club El Quillá, consiguió la medalla dorada en el K4 500 metros. Después de varias postergaciones por las condiciones del viento, festejó en su ciudad junto a familiares y amigos.

Rubén Rézola imaginó muchas veces cómo sería competir en los Juegos Suramericanos en su ciudad. Este jueves, ese momento finalmente llegó. El santafesino se colgó la medalla de oro en el K4 500 metros junto a Agustín Vernice, Vicente Vergauven y Gonzalo Carreras, en una jornada que tuvo como escenario a la Costanera Este; y a su familia y amigos siguiendo la prueba desde distintos puntos de la costa. “Fue muy lindo ver a mucha gente conocida esperando y estando atenta a una competencia, en este caso una competencia de equipo”, contó Rézola después de la carrera.


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La prueba sufrió varias postergaciones antes de disputarse y el equipo tuvo que atravesar horas de incertidumbre hasta el momento de largar. “Por más que se haya atrasado la prueba, fue un regalo lindo y teníamos que coronar. Era el objetivo coronar con una medalla dorada”, sostuvo.

El K4 argentino venía mostrando un buen nivel internacional y pudo confirmarlo en Santa Fe. Uruguay consiguió la medalla de plata y Chile completó el podio con el bronce.

En Naútico El Quillá

Para Rézola, el oro tiene un significado que va mucho más allá del resultado. Su vínculo con el canotaje comenzó cuando tenía 10 años, cuando su mamá lo llevó al Club Náutico El Quillá. “Siempre estoy agradecido a ella. No hubiese sido posible sin ella que me acompañó, siempre como pudo y con todo el esfuerzo que eso significó para poder llegar hoy a este día”, recordó.

Durante años, el santafesino entrenó y compitió en distintos escenarios hasta convertirse en uno de los referentes del canotaje argentino. También fue finalista olímpico y construyó buena parte de su carrera compitiendo de manera individual.

Esta vez, el desafío fue diferente. Durante la temporada puso el foco exclusivamente en el K4 y encontró en el bote una experiencia distinta.

“Este año fue pura y exclusivamente representar a Argentina en el K4. Antes siempre competía solo, esto tiene otro condimento”, añadió.

La fortaleza del equipo

Las postergaciones también fueron parte de la historia de la carrera. Agustín Vernice contó que llegaron a imaginar la prueba varias veces antes de poder disputarla: “como cinco veces, porque se postergó muchas veces. Venir acá pensando en competir y no competir es complicado”, relató. Una vez en el agua, el equipo tuvo que adaptarse a las condiciones y mantener la concentración para completar los 500 metros.

Para Vicente Vergauven, además, la definición tuvo una característica especial: pese a saberse candidatos, ninguno quiso anticipar el resultado. “Verse ganadores es una palabra bastante compleja. Yo creo que ninguno se vio ganador hasta que nos colgaron la medalla”, sostuvo.

El palista también destacó el vínculo con sus compañeros y el orgullo de compartir el bote con deportistas a los que admiraba desde antes de formar parte del equipo. “Venía de defender un título que generaciones anteriores habían logrado y para mí es un orgullo poder estar remando con ellos. Son mis ídolos y son mis amigos también”, agregó.

Un premio a la trayectoria deportiva

Antes de la carrera, Rézola ya había vivido uno de los momentos más especiales de estos Juegos: fue uno de los abanderados de la delegación argentina durante la ceremonia de apertura en el Monumento Nacional a la Bandera.

“El regalo más grande que tuve fue poder portar la bandera de toda la delegación argentina en el Monumento a la Bandera. Cuando me llamaron no lo podía creer”, recordó.

Para el santafesino, ese momento tuvo un valor especial después de dos décadas representando al país. Y el oro en el K4 terminó de darle un cierre inolvidable a su participación en casa. La medalla tuvo además una dedicatoria concreta: “A mi familia y a mi hija”.

Después de la carrera, mientras el público celebraba desde los puentes y las costas, Rézola pudo disfrutar finalmente de una escena que había imaginado durante mucho tiempo: ganar en su ciudad, con sus compañeros de equipo y frente a su gente. “Un poco es el regalo a los 20 años de representar al país”, dijo. Y después resumió todo en una frase: “para mí es la gloria”.

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