Da igual la pelota
·18 de enero de 2026
Senegal se proclama campeón de la Copa de África tras una final de película

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·18 de enero de 2026

Senegal se ha proclamado campeón de la Copa de África en una final de película. Un gol de Pape Gueye dio el título al conjunto senegalés, después de que en el tiempo de descuento de Brahim.
En cuestión de minutos, Brahim pasó de tocar la gloria a desear desaparecer. De sentirse el hombre que iba a devolver a Marruecos a lo más alto de África tras cincuenta años de espera, a romperse en lágrimas en el banquillo, derrotado por un destino tan caprichoso como cruel. El desenlace de la final de la Copa de África fue tan inesperado que ni los más osados lo habrían imaginado.
El partido, o mejor dicho su tramo final, tuvo absolutamente de todo. El colegiado anuló un gol a Senegal por un leve empujón sobre Achraf —una acción gris, interpretable— y, con la ayuda del VAR, señaló penalti a favor de Marruecos tras una caída de Brahim en el área. La decisión desató la indignación del combinado senegalés, que llevaba tiempo denunciando un trato injusto durante el torneo en aspectos como hoteles y desplazamientos.
La tensión llegó a tal punto que los jugadores de Senegal decidieron abandonar el campo. Consideraban que aquello era la gota que colmaba el vaso. Preferían perder el partido en los despachos, pero dejar constancia de su protesta. El fútbol se detuvo y el estadio quedó en silencio, incrédulo ante una escena histórica.
Fue entonces cuando apareció Sadio Mané, mito y líder absoluto de Senegal. Puso calma, habló con sus compañeros y los convenció de volver al césped. “Todo puede pasar”, pensó. Y tenía razón. Senegal regresó al campo para competir hasta el final.
El penalti lo detuvo Edouard Mendy, en una parada ya grabada en la historia del fútbol africano. Brahim, ídolo local, había asumido la responsabilidad. Le pidió el balón a En-Nesyri, quería cerrar su torneo de ensueño, coronarse campeón, MVP y máximo goleador. Optó por un lanzamiento a lo Panenka… y Mendy lo adivinó con facilidad. El título se escapó en ese instante. Marruecos dejó pasar su gran oportunidad y el partido se fue a la prórroga, con Senegal herido en su orgullo.
Brahim intentó contener las lágrimas, pero no pudo. Rompió a llorar cuando fue sustituido, justo cuando el marcador ya no estaba de su lado.
El guion todavía guardaba un último giro. Pape Gueye, jugador del Villarreal y ex del Sevilla, avanzó desde la frontal y soltó un zurdazo lleno de rabia, fe y alma. El balón voló directo a la escuadra de Bono, imposible incluso para un portero que había sostenido a Marruecos con paradas milagrosas durante todo el partido. Especialmente memorable fue la que le hizo a Ndiaye con la punta del pie, cuando el gol parecía cantado.
Bono lo intentó todo, incluso en una última acción desesperada ante Cherif Ndiaye, pero el destino ya estaba escrito.
La gloria fue para Sadio Mané, premiando su liderazgo, su deportividad y su decisión de no rendirse jamás. Al otro lado, Marruecos y Brahim quedaron desolados. Lo que debía ser un día de celebración nacional terminó convertido en una pesadilla, en un auténtico Maracanazo africano.
Autor: Manuel Carmona
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