La Galerna
·14 de enero de 2026
Ser o no ser en Albacete

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En la mañana de ayer Arbeloa fue presentado como nuevo técnico a la plantilla del primer equipo del Real Madrid. Alonso (¡maldita sea!) ya es historia.
La bestia necesita un jinete que domine la sonrisa más sincera, que te convenza de lo que te conviene aunque tú, tu agente, tus amigos, tus padres y tu novia penséis lo contrario; el jinete tiene que ser capaz de abrazarte con el amor de una abuela y adivinar cuándo te hace falta. Además tiene que conseguir que le entregues tu alma al escudo dorado incondicionalmente, sobre todo cuando no te apetezca correr. La bestia es la bestia y consume carne humana a cambio de traernos polvo de estrellas en forma de plateadas ánforas romanas cuando se alinean los astros. Así es la vida, y el que aspira a cabalgar la bestia, lo sabe.

La inteligencia y los modales no fueron blindaje suficiente para Alonso. La sonrisa, el talante y el abrazo no le bastaron a Ancelotti. El equipo se dejó llevar hasta conseguir la gloria con el italiano. Después, sólo ofreció entrega y furia por goteo. Una plantilla profesional de futbolistas de élite no es necesariamente un equipo capacitado para jugar bien al fútbol. La química sucede cuando no falta nada importante. No tiene que ser una máquina perfecta, pero sí funcional. Por eso hay equipos de todos los niveles que lo consiguen. Y por eso hay constelaciones de estrellas que no.
En el día a día el trabajo suele ser monótono. Son jóvenes, nacieron para esto y les divierte jugar, se gustan en los entrenamientos y disfrutan de los cuidados premium, sin prestar mucha atención a lo cotidiano. Por un lado, conocen la guerra abierta del club contra las instituciones corruptas del fútbol español; poco se puede hacer. Por otro, la mayoría ya levantó títulos y sabe que lo bueno de verdad llega en primavera. La rutina de lo doméstico les aburre.
En el Real Madrid nunca funcionó la pizarra. El triunfo siempre llegó por imperativo del destino, por insistencia, por tenacidad, por la urgencia de la victoria
Alonso se va con alivio. Cabreado, pero con la conciencia tranquila. Ha hecho lo que ha podido y ha aguantado más de lo exigible. ¿Se acuerdan de Camacho? ¿De la carta de despedida de Zidane? ¡Zidane! Esta película ya la hemos visto. Al presidente no le gustan los entrenadores y adora a los chicos. Sólo fue feliz con personajes literarios en el banquillo: un general que solo tenía que mirarte a los ojos para que matases por él, un viejo sabio que quería a los jugadores como a sus hijos y un mago que arropó al equipo con su capa de invencibilidad.
En el Real Madrid nunca funcionó la pizarra. El triunfo siempre llegó por imperativo del destino, por insistencia, por tenacidad, por la urgencia de la victoria. Hemos visto anomalías sobre el césped, jugadores dispuestos casi por azar en situaciones extremas: un central abriendo el balón a la banda desde la frontal para que el otro, que no tenía que estar allí, le pusiera un pelotazo heterodoxo a un delantero centro suplente para hacer un gol definitivo. Burlarse del destino a base de fe no se entrena ni tampoco se enseña en vídeo.

El partido de Copa de esta noche llega con toda la casa revuelta y la familia discutiendo. El Albacete nos espera con la ilusión de encontrar un equipo melancólico tras perder el primer título de la temporada, en otra derrota insufrible contra los corruptos y (quiero pensar) afectado por la injusticia del cese de un buen entrenador. Se cumple más de un año y medio de mal juego, de apatía, de desconexión. Como en las misiones de la Delta Force, Arbeloa tiene que elegir un once en 24 horas que sea capaz de cambiarlo todo: ilusionar a la afición, agitar el amor propio de los futbolistas, recuperar el colectivo, neutralizar el gafe que nos persigue desde la despedida de Toni Kroos y encontrar la fórmula para jugar un fútbol decente.
Tengo la intuición de que el bueno de Álvaro dispondrá un equipo de inicio más para medir la temperatura del enfermo que para amarrar una victoria funcionarial e insatisfactoria. Un examen final. Jugarán todos los titulares sanos, cada uno en su sitio, para que no haya excusas. Querrá ver con sus propios ojos y a ras de césped de qué estamos hablando. Sacaremos conclusiones. Pongamos que se juega con solvencia, motivación y se gana con autoridad. No nos quedará duda de por qué salió Alonso. Si el partido se tuerce y seguimos sin pulso, la cosa se pondrá fea, pero esta vez el entrenador viene muy avisado. Tiene la confianza y el respaldo para pisar fuerte. Ante amenaza de derrumbe, los cambios dirán más que las palabras. La convocatoria para el Bernabéu del próximo sábado, también.
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