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·13 de febrero de 2026
Setenta mil historias en una sola

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·13 de febrero de 2026

En el Metropolitano había setenta mil formas distintas de imaginar el partido de ida de unas semifinales de Copa frente al Barcelona y tal vez ninguna de ellas se acercara un poco a lo que realmente pasó. Sucede a veces con esta hinchada, ocurría en el Calderón y ahora también en el Metropolitano, se genera una energía que parece surgir desde otro mundo, que electrifica el ambiente y bajo la cual se escriben guiones extraordinarios. Había setenta mil historias imaginadas, pero ninguna de ellas encajaba con la realidad, o tal vez sí, tal vez lo que vimos no fue otra cosa que eso, la conjunción de setenta mil miradas, setenta mil pasiones, setenta mil sueños que de repente se funden en uno y hacen que en cuarenta y cinco minutos, el Atlético de Madrid le haga un cuatro a cero al Fútbol Club Barcelona y que, además, fuese un resultado corto.
El partido se puso de cara con un regalo de Joan García, portero del Barcelona, que controló mal una cesión de Eric García y encajó el uno a cero en propia puerta. Aquel gol fue el disparador de una locura colectiva que se alimentaba ora desde la grada, ora desde el césped. El Atleti entró en trance, y arrolló a un Barcelona que no parecía ni la sombra de sí mismo. Había puesto Simeone una alineación bien ofensiva, con cuatro delanteros como Lookman, Giuliano, Álvarez y Griezmann. En el medio, Koke flanqueado por Llorente y línea de cuatro atrás con Ruggeri, Hancko y Pubill, más Nahuel Molina en la derecha. Es difícil destacar a alguien, porque el Atleti actuó como un sistema perfecto, que parecía una jauría de lobos cuando debía ahogar los espacios del rival, y la filarmónica de Viena cuando recuperaba la pelota y lanzaba el ataque, voraz, preciso, mortal. Marcó el segundo Griezmann en un contragolpe quirúrgico iniciado por Musso, el portero, Lookman que vira el juego, a la derecha y ahí Molina que asiste a Griezmann que hace el gol con un toque fácil y sutil. A la media hora, la misma contra cambiada de lado, desde la derecha a la izquierda, pase de Julián a Lookman, que fusila a la red. Y para finalizar Julián, sacándose la dañina mufa que llevaba colgada a la espalda, hizo un golazo para poner un marcador inverosímil, por lo abultado, y porque, con las ocasiones que había marrado con anterioridad, debería ser aún más escandaloso.

MADRID, SPAIN – FEBRUARY 12: Antoine Griezmann of Atletico de Madrid scores his team’s second goal during the Copa Del Rey Semi-Final First Leg match between Atletico de Madrid and FC Barcelona at Riyadh Air Metropolitano on February 12, 2026 in Madrid, Spain. (Photo by Angel Martinez/Getty Images)
En la segunda mitad, la reacción de Barcelona concluyó con un gol de Cubarsí que fue anulado por el VAR en uno de esos fueras de juegos absurdos que ahora se pitan con esa herramienta macabra y sospechosa a la que llaman “semiautomático”. Ese parón y el bajón de que el gol no subiera al marcador calmó los ánimos, hizo bajar los brazos a los de Flick, que movió el banco sin éxito, y volvió a situar al Atleti en el partido. Hubo refresco con la segunda línea, que sostuvo bien el resultado, e incluso pudo aumentarlo con un remate de Sorloth que pareció gol. Eric García vio la roja directa por cortar un mano a mano de Baena que se plantaba solo frente a Joan García y el partido fue muriendo pero no de manera lánguida, sino con picotazos eléctricos, ecos de la descarga colectiva que había ocurrido en la primera mitad.
En el noventa y siete de 100 que duró el partido, Giuliano Simeone hizo una jugada que bien podría representar el espíritu del club. Corrió y corrió y corrió, presionó de derecha al centro y del centro a la derecha y de la derecha al centro de nuevo, mientras la grada iba emocionándose con ese esfuerzo, y reconociendo en él el espíritu irredento de un club, aquello que nunca debe olvidar para no perder su esencia, para que noches como la de ayer queden en la memoria colectiva y sigan cincelando generación a generación esta magia tan diferente a todo. Falta la vuelta todavía, pero la ida ya está vivida.









































