Un 10 Puro
·28 de agosto de 2026
Sophie Cunningham, la estrella que desafía al pensamiento woke de la WNBA

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·28 de agosto de 2026

Sophie Cunningham mide 1,85, es rubia, juega al baloncesto como si cada partido escondiera una deuda pendiente y acaba de posar en bañador para Sports Illustrated. Tenía argumentos suficientes para llamar la atención sin abrir la boca. Para desgracia del sector más woke de la WNBA, lo ha hecho.
La escolta de Indiana Fever se ha convertido en uno de los personajes del año en el deporte estadounidense después de pronunciar una frase que hasta hace poco no habría requerido demasiadas explicaciones. Quiere “proteger a las niñas” para que no tengan que compartir vestuario ni competir contra “hombres biológicos”.
Aquello bastó para desatar acusaciones de transfobia, protestas en las puertas de los pabellones y contramanifestaciones de apoyo. Cunningham no se escondió ni encargó un comunicado de esos que necesitan tres asesores para no decir nada: “Defiendo lo que dije”. Las ideas las tiene tan claras como su pelo.
Ninguna mujer trans ha disputado un partido en los treinta años de historia de la WNBA. El conflicto es preventivo, pero ha abierto una grieta formidable dentro de una competición muy vinculada al activismo racial, feminista y LGTBIQ+. Cunningham insiste en que no odia a nadie y se sitúa políticamente en el centro. Algunos medios ya la llaman “MAGA Barbie”. Etiquetar siempre resulta más cómodo que escuchar.

Concentración de apoyo a Sophie Cunningham en Nueva YorkGetty Images
Nacida en Misuri y recién cumplidos los 30 años, fue elegida en el puesto 13 del draft de 2019 y pasó seis temporadas en Phoenix Mercury antes de llegar a Indiana. Allí encontró el papel que terminaría multiplicando su fama: compañera, tiradora y guardaespaldas no oficial de Caitlin Clark, la joven que revolucionó la liga y llenó sus pabellones.
Cunningham se encargó de recordar a las rivales que Clark ya no estaba sola ante las faltas más duras. Respondió a una agresión con otra, terminó expulsada y aceptó encantada el apodo de “enforcer”. En castellano, ejecutora. No es solo atrezo: la pasada temporada convirtió el 43,2% de sus triples. Primero te cose a puntos. Después, si hace falta, se pelea con quien haga falta. Carácter tiene por toneladas.
Este agosto le tocó recibir. Defendió simplemente señalando con el dedo a su compañera Clark, y las rivales se tomaron la justicia por su mano. DiJonai Carrington la golpeó en la cara cuando se dirigía hacia el aro y los árbitros expulsaron a la agresora. Desde el vestuario, Carrington escribió en redes dos palabras: “WHITE PRIVILEGE”. No hace falta traducción.
Sophie respondió sin necesidad de convocar un seminario sobre identidades: “Esto no tiene nada que ver con la raza. El año pasado hice lo mismo, me expulsaron y merecía ser expulsada”. Una hablaba del color de la piel. La otra, de la falta que acababan de señalar los árbitros.
No todas sus adversarias han optado por la brocha gorda. Cheryl Reeve, entrenadora de Minnesota Lynx, apareció con una camiseta de apoyo a los menores trans y después mantuvo una conversación cara a cara con Cunningham. Intercambiaron sus experiencias y se despidieron, contó Sophie, “con amor y respeto”. Se puede discrepar sin incendiar el pabellón. Noticia de alcance mundial.
Mientras crecía la tormenta, Sports Illustrated la eligió para debutar en su célebre especial de baño. Cunningham viajó a Captiva Island, Florida, y posó para Katherine Goguen con varios diseños que realzaban la fuerza y feminidad de su cuerpo atlético. Cumplía así “uno de los grandes sueños” de su vida. Las fotografías hicieron el resto.
Charles Barkley ha terminado de elevarla a símbolo. La antigua estrella que formó parte del legendario Dream Team de Barcelona 92 sostiene que parte de la WNBA no soporta ni a Clark ni a Cunningham por una combinación de “raza, sexualidad y celos”. También acusa a los responsables de la liga de haberse escondido ante un debate que debieron zanjar desde el principio.
Sophie Cunningham quizá nunca sea la mejor jugadora de la WNBA. Le ha bastado con convertirse en la que más incomoda a quienes llevaban años convencidos de que todas debían pensar igual. Y encima sale estupendísima en las fotos.







































