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La Galerna

·5 de febrero de 2026

The thing that should not be

Imagen del artículo:The thing that should not be

Master of Puppets es mi disco favorito de Metallica. La canción que le da título, la de la mejor escena de Stranger Things, mi predilecta. Pues bien, justo después de ella en el álbum, la banda californiana factura un tema hipnótico con una letra de inspiración lovecraftiana. La atmósfera que crea es disonante e inquietante. El título es The Thing That Should Not Be.

Su traducción es “la cosa que no debería existir” o “lo que no debería ser”. A esta última interpretación me agarro para considerarla la canción oficial del actual Real Madrid. Cuanto ocurre ahora mismo en el club es lo que nunca debería ser.


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Aplicando una mirada lejos del apasionamiento y la crispación actuales, parece atinado afirmar que pocos o ningún área del Club es lo que debería ser. El primer equipo de fútbol acumula más bochornos en un mes de los que caben en una temporada. Los jugadores, excelentes muchos de ellos cuando les da la gana, no se comportan como futbolistas. Juegan al fútbol, sí, pero no parece que les guste o mucho menos les obsesione. Un futbolista, según la opinión de quien esto escribe, es un tipo que juega partidos de fútbol, es pagado, normalmente no poco, por ello, y, casi de manera exclusiva, piensa, respira, sueña y habla fútbol durante sus 16 horas de vigilia. Las ocho de descanso, como ocurre con los pilotos de aerolíneas, también son trabajo, porque es su obligación estar en condiciones lo más cercanas posibles a la perfección para poder seguir entrenando y jugando al fútbol. Ése y no otro debería ser el comportamiento de un futbolista.

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Notables figuras de la plantilla se comportan como gente que ve el fútbol como un medio para ganar notoriedad y dinero, pero demuestran vocación de estrellas del reggaetón, del trap o de cualquier subgénero de ese horror llamado, de manera tan cursi como ambigua, música urbana. No lo parecen con respecto a su descanso, ni parecen obsesos del fútbol. De hecho, su única preocupación parece ser ellos mismos, su imagen y la viabilidad de la multinacional que cada uno de ellos constituye.

Lo anterior colisiona con el mantra tan falaz como demagógico de que en su tiempo libre cada uno puede hacer lo que quiera. El deporte de élite exige foco en la actividad durante las 24 horas del día. Si un viaje relámpago a donde sea no garantiza un nivel de descanso y reposo que permita afrontar con garantías el entrenamiento del día siguiente, no debe hacerse. El ocio nocturno, ya sea en la propia casa o en lugares de esparcimiento, también debe estar supeditado a ese reposo y al entrenamiento del día siguiente, de manera que no se llegue a la sesión de preparación como un personaje salido de una película de Sam Peckinpah.

su única preocupación parece ser ellos mismos, su imagen y la viabilidad de la multinacional que cada uno de ellos constituye

Parece sencillo, pero la sensación es que no parece fácil de llevar a la práctica con la actual plantilla.

Toda sociedad o grupo humano razonablemente evolucionado se basa, entre otros principios y de manera teórica, en el principio de autoridad. Si esa autoridad es deslegitimada o cuestionada, la anarquía y el caos reinarán hasta que aparezca otra figura de autoridad. Sin entrar en la manera en que esa figura haga valer su potestas e imperium, pues es más cuestión del estilo de cada uno, nadie podrá guiar a un grupo a menos que cuente con plenos poderes para liderar, decidir o, llegado el caso, sancionar comportamientos o actitudes que, a su juicio, puedan resultar perjudiciales para el colectivo. Así, quien ejerza esa autoridad, deberá venir respaldado sin fisuras por quienes gestionan el club, al menos hasta unos límites razonables.

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Y cuando esa autoridad no existe —o, peor, existe pero aparece desautorizada— el vestuario deja de ser un equipo y pasa a ser una suma de agendas.

La directiva del Real Madrid, y en este caso estoy perorando como socio raso, da una inexplicable sensación de ausencia. Florentino Pérez llevó en el año 2000 un club en ruinas al siglo XXI, lo convirtió en una entidad moderna y profesionalizó la gestión del mismo como si de una gran empresa se tratase. El éxito del modelo lo pueden ver, de manera indistinta, en la sala de trofeos o en las cuentas anuales. En ese sentido, no podemos esgrimir crítica alguna.

un futbolista piensa, respira, sueña y habla fútbol durante sus 16 horas de vigilia. Las 8 de descanso, como ocurre con los pilotos de aerolíneas, también son trabajo, porque es su obligación estar en condiciones

No obstante lo anterior, la cúpula del club bien pareciera arrastrar ciertos traumas derivados de contrataciones y fichajes de nulo rendimiento y elevado coste, así como de situaciones en las que determinados elementos llegaran incluso a agotar sus contratos sin haber aportado absolutamente nada en ninguna parcela mientras seguían cobrando en tiempo y forma unos elevados emolumentos. En estos casos, resulta normal que estas experiencias hayan suscitado reticencias a la contratación de nuevos activos. La experiencia, y esto es lo más chocante, pues la directiva cuenta con sobrado bagaje al respecto, enseña que no hay riesgo cero en ninguna contratación.

Situaciones como la actual, en la que se combinan lesiones muy graves, incertidumbre en cuanto a las secuelas de las mismas sobre los jugadores que las han sufrido y especial ensañamiento de la suerte sobre la línea defensiva, obligan a la adopción de decisiones extraordinarias, aun a coste de aumentar el nivel de riesgo a asumir en una eventual nueva contratación.

Como ocurre en toda gran empresa, las estructuras se agigantan y la eficiencia se ve menoscabada por pasar cada proceso por mil pares de manos diferentes, por muchas personas, cada una de ellas ávida de justificar su nómina. ¿Quién es quién en el club? ¿Quién propone y quién ejecuta? ¿Hay alguien que pueda responder a esa pregunta?

Vinculado al anterior aspecto, la comunicación del Real Madrid parece no existir. No parece que se haya juzgado necesaria una política de comunicación oficial. Y no, no se antojan suficientes Real Madrid TV, los comunicados oficiales ni el manejo más o menos afortunado de las cuentas de Instagram o Twitter o como diablos se llame ahora. ¿Acaso los portavoces oficiosos del Real Madrid son Josep Pedrerol y José Félix Díaz? ¿Por qué motivo se “externaliza” esa función? ¿Quién puede responder a estas cuestiones?

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Durante las alineaciones, en el Santiago Bernabéu Stadium atruena Enter Sandman, también de Metallica, un temazo que eleva espíritus y encanalla y cuya letra convierte en siniestra la historia infantil de que el hombre de arena es quien trae sueños a los niños. La existencia de Mr Sandman queda demostrada de manera irrefutable dejando trocitos de sí en los ojos de los infantes, por mucho que nos esmeremos en llamarlos legañas. Ojalá el club pruebe mi error al verlo como se ha expuesto y nos vuelva a dar material para soñar y nos saque de esta pesadilla lo antes posible.

Mr. Sandman, bring me a dream and take the thing that should not be.

Getty Images

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