Milannews24
·3 de septiembre de 2026
Tomori, Milan y regresos inesperados: la segunda oportunidad cuenta

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En el fútbol, las puertas cerradas pueden volver a abrirse rápido. Fikayo Tomori, de nuevo a disposición del Milan después de haber sido excluido del proyecto técnico, es el último ejemplo. En su reincorporación han pesado la falta de una cesión y la ausencia de un sustituto llegado del mercado. Una decisión comprensible desde el punto de vista práctico, pero que deja una pregunta: ¿cuánto de definitiva era la valoración anterior?
La historia rossonera ofrece precedentes sugerentes: Alessandro Costacurta, Massimo Oddo, Philippe Mexès. Sería impreciso presentarlos como casos idénticos. Sin embargo, el hilo conductor existe: jugadores que parecían destinados a la despedida o a un papel marginal y que el club terminó recuperando. En mi opinión, la lección es simple: cambiar de idea puede ser una virtud, siempre que a la marcha atrás le siga una decisión firme.
En el verano de 2002, Costacurta ya se había despedido del Milan y estaba cerca de vivir una experiencia en Estados Unidos con los MetroStars, antes de volver al club rossonero pocas semanas después. Se trató, por tanto, de una relación reabierta tras una despedida, con modalidades distintas al caso actual de Tomori.
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Aquel precedente sugiere hasta qué punto puede ser arriesgado considerar agotada la aportación de un futbolista solo porque se haya imaginado un futuro sin él. Naturalmente, la comparación no traslada a Tomori el peso histórico de Costacurta. Más bien invita a recuperar un criterio: valorar lo que un defensa todavía puede ofrecer, sin quedar prisioneros de decisiones ya tomadas.
El caso de Oddo en 2010/11 habla sobre todo de un redescubrimiento sobre el campo. En su primera aparición de la temporada, contra el Nápoles, el lateral dio las dos asistencias en la victoria rossonera por 2-1.
Es el precedente que mejor aclara lo que debería pasar ahora: la reincorporación debe devolver una posibilidad deportiva real. Volver a entrenarse con los compañeros es solo el primer paso. Hacen falta indicaciones claras, competencia y oportunidades que ganarse. Si Tomori se queda, debe poder ser juzgado por lo que haga, sin arrastrar un suspenso permanente.
En el verano de 2015, el futuro de Mexès osciló entre la separación y la permanencia. Se llegó a la renovación hasta junio de 2016 tras las noticias sobre las dudas de Mihajlovic y la voluntad de Berlusconi de retenerlo. También aquí, por tanto, hubo un replanteamiento contractual y técnico, no un caso perfectamente superponible.
La referencia es útil porque pone en el centro la idea de consenso. Para que funcione, una permanencia debe estar respaldada por el club y por el entrenador. El jugador necesita saber que existe un espacio para él, incluso sin garantías de titularidad.
Esta es, en mi opinión, la responsabilidad del Milan: transformar una solución nacida de las circunstancias en una recuperación creíble. Los precedentes pueden alimentar la confianza, pero no borran las preguntas sobre la planificación. Tomori tiene la oportunidad de responder sobre el campo; el club tiene el deber de ponerlo en condiciones de hacerlo. Una segunda oportunidad merece la misma seriedad que la primera.
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🇮🇹 en este enlace.
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