Pericos Marca
·12 de mayo de 2026
Treinta y ocho años, una semana y dos días después, por Fran Sánchez Alaminos

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·12 de mayo de 2026

MAILS QUE NUNCA ENVIÉ
De: Fran Sánchez Alaminos
Para: La afición perica
CC: Monchi, Pace y Gargarza
Asunto: “Treinta y ocho años, una semana y dos días después”
Fecha: 12 de mayo de 2026
Treinta y ocho años, una semana y dos días después
Queridos pericos.
Han pasado treinta y ocho años, una semana y dos días desde el miércoles 4 de mayo de 1988. Fui con mi padre a Sarrià ese día para ver la ida de la final de la Copa de la UEFA entre el RCD Espanyol y el Bayer 04 Leverkusen. Aquel día el estadio vivió una de esas noches que ya forman parte de la memoria colectiva del espanyolismo. El ambiente era irrepetible. El viejo Sarrià rugía como solo rugen los campos que saben que están viviendo algo histórico.
Ganamos 3-0 y durante muchos minutos sentimos que Europa era nuestra.
Este miércoles volveré a ver al Espanyol en el estadio junto a mi padre. No ocurría desde aquella noche. Y la vida, que tiene estas simetrías extrañas, ha querido que también sea miércoles. Exactamente 1.984 semanas después.
Cuando saqué los billetes de avión pensé que sería un partido tranquilo, casi festivo. Parte de la celebración del 93 cumpleaños de mi padre, que esta temporada se hizo socio del Espanyol por primera vez en su vida. Imaginaba una noche serena, quizá incluso feliz, mirando el césped juntos y hablando de todo lo vivido durante tantos años siguiendo estos colores.
Pero el fútbol tenía otros planes.

Ahora llegamos a este partido contra el Athletic Club con el agua al cuello y con el miedo real al descenso sobre la mesa. Ya no es una noche para tocar Europa. Es una noche para seguir perteneciendo a la Primera División. Y, precisamente por eso, vuelve a ser una de las grandes ocasiones.
Porque hay partidos que no salva un entrenador. Tampoco los salva una directiva ausente ni unos propietarios que hace tiempo dejaron de transmitir absolutamente nada con la excepción de la incorporación ayer de Monchi. Hay partidos que solo los salva la gente y este es uno de ellos.
Lo que necesita el Espanyol este miércoles no es un público, necesita una grada. Necesita el estadio de las noches grandes que los pericos conocemos perfectamente. El de las remontadas imposibles. El de la rabia. El del orgullo. El de la sensación de que, durante noventa minutos, el rival juega en medio de un terremoto emocional.
Cada generación perica recuerda dos o tres noches así. No muchas más. No hace falta detallarlas porque todos sabemos reconocerlas cuando llegan y esta ha llegado.
Quizá no haya una copa europea en juego. Quizá no haya gloria. Pero hay algo igual de importante: seguir siendo quienes somos y seguir estando donde debemos estar.
Treinta y ocho años después de Sarrià, volveré a entrar a un estadio junto a mi padre para ver al Espanyol un miércoles de máxima tensión. Entonces soñábamos con conquistar Europa. Hoy toca algo mucho más terrenal y mucho más urgente: defender nuestra supervivencia.
Y eso también merece una noche histórica.
Con cariño,
En @SanchezAlaminos
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