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La Galerna

·1 de marzo de 2026

Trump bombardea Irán y nosotros nos enamoramos del Madrid

Imagen del artículo:Trump bombardea Irán y nosotros nos enamoramos del Madrid

Buenos días. Trump bombardea Irán y tú y yo nos enamoramos. Siempre nos quedará Casablanca, de igual forma que a los protagonistas de Casablanca siempre les quedará París, la ciudad de la primavera del Madrid, la de Vini rematando a la remanguillé el centro-chut de Fede Valverde, la de Raúl marcando el gol más largo de la historia, la de Marquitos internándose intempestivamente para anotar con la pantorrilla el tanto que posibilitará la Primera. Siempre nos quedarán Casablanca, el Madrid y París.

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Marca ha amanecido hoy con ganas de mirar más allá del fútbol. Nos parece respetable si bien, para estos menesteres, preferimos leer The Economist. Los efectos de la guerra en Oriente Medio sobre los eventos deportivos programados para estas o próximas fechas nos parecen secundarios. Predomina el temor a la escalada del conflicto, más allá de las razones que uno quiera, legítimamente, en uso de su libertad de pensamiento, dar o quitar a los países involucrados.


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Trump bombardea Irán y el Madrid permanece. Siempre estará ahí para nosotros, también cuando (¿sucederá algún día?) deje de existir. Quizá tal cosa acontezca dentro de varios milenios, en cuyo caso el género humano discutirá si el Madrid existió realmente o no, si pertenece al terreno de la historia o al del mito, un poco como ahora hacemos con la Atlántida o con el Dorado.

¿Realmente hubo una vez un equipo tan admirable? Quizá haya habido una guerra nuclear o una gran glaciación por medio, un fenómeno natural o bélico que haya cambiado para siempre la faz del planeta, y la gente ande para entonces especulando con cómo fue el mundo antes. “Real Madrid”, esas dos palabras, formarán parte del inconsciente colectivo de la humanidad, pero los hombres y mujeres no se pondrán de acuerdo respecto a la verosimilitud de las leyendas que las acompañan.

—Ganaron las cinco primeras.

—Nah, eso es imposible.

—Hazme caso. Y luego, décadas después, ganaron seis en diez años, tres de ellas seguidas.

—Que no, hombre, que no. Eso no pudo pasar. Yo dudo mucho incluso de que existieran como institución. Era solo un nombre que los de entonces inventaron para designar una mezcla de excelencia y ambición. Y el nombre quedó ahí, por lo que sea. "Real Madrid".

Sí, amigos. Trump bombardea Irán y nosotros nos enamoramos, entre nosotros, sí, pero también del Madrid. El mundo se va al carajo más rápido de lo previsto, pero el Madrid permanece y sigue siendo objeto de nuestro amor, lo queremos o no. Quizá no estemos enamorados precisa y exactamente de ESTE Madrid, que legítimamente puede gustarnos más o menos. Pero sí lo estamos de ese escudo que nos excita y arropa a partes iguales, como un refugio antiaéreo contra esa realidad que a veces parece del Atleti.

El mundo se puede ir a la mierda a la velocidad que estime oportuna. No importa. Apuraremos el último resto del Madrid que nos quede bajo el hongo radioactivo. El suelo se desmoronará a nuestro alrededor y nosotros permaneceremos a flote, en un espacio de suelo lo suficientemente amplio para acoger una tele y una butaca sobre la cual sentarnos y pajiplantillear, garabateando plantillas futuras en una servilleta que después leerá Zidane y dirá “yes”.

No diremos que asistiremos impertérritos al apocalipsis, porque estas son cosas de las que es imposible no hacer acuse de recibo (siquiera un somero levantamiento de cejas mientras la tierra se desploma en torno a nosotros y en la red social que quede por entonces insultamos a todo el que no exija el fichaje inmediato de un central), pero sí que el Madrid nos salvará. No de la bomba que Kubrick nos instó a dejar de preocuparnos y amar, pero siempre, siempre nos salvará de la desmotivación. Siempre habrá algo a lo que aspirar mientras exista el madridismo, que es un concepto superior en rango al del propio Real Madrid, y que ya va a piñón fijo, sin necesidad de que la entidad esté ahí y juegue cada domingo.

“Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”, sentenció Bécquer de manera célebre. Con esto sucede más de lo mismo. Podrá no haber Real Madrid porque la guerra ha extinguido la práctica totalidad del género humano a excepción de Will Smith y una mona de Borneo, que habrán de repoblar el planeta. Podrá no haber Real Madrid, pero siempre, siempre, habrá madridismo.

Os dejamos con el resto de portadas. Pasad un buen día.

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