Un 10 Puro
·1 de febrero de 2026
Un arreón, un beso al escudo, un regalo... y la nada más absoluta

In partnership with
Yahoo sportsUn 10 Puro
·1 de febrero de 2026

El enfermo sigue necesitando medicación, un gotero, una mascarilla de oxígeno y tranquilidad. El Real Madrid volvió a ofrecer una tristísima (o tristérrima, que se diría en redes sociales) imagen ante el Rayo. El trastazo ante el Benfica sirvió para que los de Álvaro Arbeloa entraran al campo contra los vallecanos con una inyección de sangre en el ojo, para sorpresa de nadie, pero sus efectos se difuminaron demasiado pronto.
Que el Real Madrid iba a salir a morir desde el comienzo para evitar el cabreo de la afición madridista lo sabían hasta los habitantes de Groenlandia. Con Vinicius extraordinariamente activo y acertado, el Rayo era apenas una chispa ante la tormenta blanca. Se lesionó Bellingham, marcó el brasileño besándose desaforadamente el escudo... y hasta el arreón de los últimos minutos, después de que De Frutos cumpliera con la ley del ex, Pathee Ciss se autoexpulsase y Mendy (el bueno, el del Rayo; todos los Mendys que en el mundo son, son mejores que el lateral izquierdo eternamente lesionado del club blanco) regalase un penalti absurdo en el descuento, el Real Madrid fue la nada absoluta. Quizás más nada que nunca.
Que el Rayo monopolice la posesión en el Santiago Bernabéu, con un Real Madrid en huelga de brazos caídos (o eso parecía), es algo inaudito. La afición, que pitó al principio menos multitudinariamente que el día del Levante, empezó a enfadarse de verdad y sonó la silbatina con fuerza. Es cierto que el Madrid dispuso de ocasiones (un tiro de Mbappé al larguero, un cabezazo de Camavinga al poste), pero el Rayo llegaba con más peligro y era quien mandaba sobre el verde. Sólo su falta de calidad le impidió incendiar hasta el Sky Bar.
El Madrid ganó, es cierto, y eso a los resultadistas les viene bien, incluso a los blancos por tomar algo de aire. Aunque pierde a Vinicius para el partido en Mestalla de la próxima semana y posiblemente al lesionado Bellingham. Pero es evidente que así no se puede seguir. El Madrid tiene cinco laterales en plantilla y ante el Rayo no jugó ninguno. Arda Güler, el único con claridad en el medio, es sustituido partido tras partido, y Brahim se ha convertido en el jugador número doce tras su brahiminha en la final de la Copa de África, mientras Alaba entra en la rotación como uno más.
Mbappé y Vini, los "insustituibles", defienden menos que los guardias cubanos de Maduro. Esto es una enfermedad que no se cura con aspirinas, y habrá que ver si el galeno Arbeloa, aparte de arremeter contra parte de los socios que le pagan el sueldo, encuentra la receta. De momento, no sabe ni dónde está el talonario.










































