MuyDeFútbol
·5 de marzo de 2026
Un Madrid sin rumbo

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·5 de marzo de 2026

Tras la destitución de Xabi Alonso, el club decidió apostar por Álvaro Arbeloa. Una decisión que buscaba estabilidad. Continuidad. ADN madridista. Pero el fútbol no siempre responde como uno espera. Y en menos partidos, Arbeloa ya igualó las derrotas ligueras del tolosarra: dos.
El equipo no atraviesa su mejor momento. Eliminados contra el Albacete en Copa. Fuera del top-8 en Champions. Y con sensaciones que preocupan más que los propios resultados.
El mandato de Arbeloa no comenzó bien. En su primer partido se jugaba el pase a octavos de Copa, y cayó eliminado ante un Segunda División. Golpe duro. Inicio complicado.
El Real Madrid en su debut en el Mundial de Clubs. Fuente: Diario Marca
Desde su llegada, el Real Madrid ha perdido cuatro partidos: Albacete, Benfica, Osasuna y Getafe. Dos derrotas en Liga —las mismas que Xabi—, una en Champions que te saca del top-8 y otra que te deja fuera de la Copa. Los números son fríos. Pero pesan.
Y más allá de los resultados, queda una sensación inquietante: el equipo no tiene una idea clara. No transmite solidez táctica. Da la impresión de que los partidos no se preparan como deberían.
Tras la derrota ante el Getafe, el viernes en Vigo hay una final. Porque la Liga puede empezar a escaparse ahí. Aunque, siendo honestos, el partido verdaderamente decisivo es el del miércoles contra el City. Esa es la prueba real.
Xabi llegó tras hacer campeón al Leverkusen en Alemania. El proyecto arrancó con ilusión. Con algunos pesos pesados conectó bien, pero con otros no tanto: Vinicius, Valverde y Bellingham.
Con Vinicius el punto de ruptura fue el Clásico. El cambio del brasileño y su reacción marchándose enfadado al vestuario marcaron un antes y un después.
Xabi Alonso dando indicaciones a los suyos. Fuente: Sports Illustrated
Tras aquel episodio, la directiva decidió ponerse del lado de los jugadores. Xabi quedó sin respaldo. Y en el Real Madrid, sin respaldo, no hay autoridad que aguante. El vestuario dejó de creer. Y tras perder la Supercopa, fue destituido.
El tolosarra dejó al equipo a cuatro puntos del Barça, vivos en Copa y dentro del top-8 de Champions. Con Arbeloa, en cambio, el Madrid quedó fuera de Copa y del top-8 europeo. En Liga siguen a cuatro puntos, aunque durante una jornada fueron líderes antes de caer en El Sadar y devolverle el liderato al Barcelona.
Parte de la afición cree que la decisión fue precipitada. Que Xabi debía continuar. La duda sigue estando ahí.
El elegido fue Arbeloa, hasta entonces técnico del Castilla. Su estreno fue en Copa ante el Albacete. 3-2 y eliminación. Se puede decir, que empezó con el pie izquierdo.
En Champions debutó con una goleada 6-1 ante el Mónaco en el Bernabéu. Parecía el punto de inflexión. Pero luego llegó el Benfica: derrota 4-2 y adiós al top-8.
Arbeloa en su primer partido como entrenador del Real Madrid. Fuente: Planeta Real Madrid
Comparando ambas etapas, ni el juego ni los resultados han mejorado. Más bien lo contrario. Fuera de Copa, fuera del top-8 y misma distancia en Liga. Y tácticamente el equipo no ha dado un paso adelante. Falta identidad.
Desde Francia, L’Équipe informa que Jürgen Klopp podría dejar su cargo en Red Bull. Y ahí es donde el Real Madrid aparece. Si el alemán sale, el club iría directo a por él.
Klopp ya habría marcado condiciones: dos centrales (al menos uno zurdo), dos mediocampistas organizadores, el regreso de Endrick para ser titular y no contaría ni con Bellingham ni con Camavinga.
Jurgen Klopp en su última temporada en el Liverpool. Fuente: La Razón
En la directiva gusta su carácter, su exigencia y su experiencia. Su paso por el Dortmund, donde llegó a una final de Champions eliminando al Madrid en semifinales. Y sobre todo su etapa en Liverpool: una Champions ganada, dos finales perdidas —ante el Madrid— y el fin del dominio del City en Premier.
Si Klopp no llega, hay alternativas. A Florentino le gusta Pochettino. Zidane siempre es un nombre que aparece en la palestra, aunque todo apunta a que tiene un acuerdo con Francia. Y como opción más moderna, Enzo Maresca, por su trabajo en el Chelsea.
La baja de Mbappé no es una más. Es la baja. El parte médico habla de una distensión en la rodilla izquierda, un esguince que lo tendrá entre dos y tres semanas fuera. No es una rotura grave, pero sí lo suficientemente delicada como para frenarle.
Las molestias vienen desde mediados de diciembre. Ya entonces empezó a perderse algunos partidos de Champions, como ante el Manchester City y el Benfica. Forzó en varios encuentros. Aguantó. Compitió. Pero el cuerpo tiene un límite.
Kylian Mbappé nota molestias en su rodilla. Fuente: FOX Deportes
Lo más importante ahora es evitar riesgos innecesarios. No peligra su presencia en el Mundial —quedan tres meses—, salvo que tenga que operarse. Y precisamente por eso se está evitando la cirugía. El jugador quiere llegar en plenitud. Es su prioridad.
Para el Real Madrid es un golpe enorme. Sin su máxima estrella, el equipo pierde esa aceleración diferencial, esa sensación de que en cualquier momento puede romper el partido. En noches grandes, Mbappé no solo marca goles. Marca el ritmo emocional del equipo. Y sin él, contra el City, todo se complica.
Con la renovación todavía en el aire, Vinicius vive una temporada de contrastes. Viene de un mes de febrero brillante. Seis goles en cinco partidos. Vertical, decisivo, recordando al mejor Vinicius. Ese que encara sin miedo, que pisa área con determinación y que aparece cuando el equipo lo necesita. Pero su temporada, en global, no ha sido redonda.
Si miramos los números, siguen siendo de élite. En la 22/23 firmó 42 contribuciones de gol (23 goles y 19 asistencias). En la 23/24 bajó ligeramente a 35 (24 goles y 11 asistencias). Y en la 24/25 volvió a 41 (22 goles y 19 asistencias). Las cifras están ahí.
Vinicius animando a los suyos. Fuente: La Razón
Sin embargo, tras no conseguir el Balón de Oro, se notó un bajón. Tanto anímico como futbolístico. Había partidos donde simplemente no le salían las cosas. Intentaba, insistía, pero parecía desconectado. Como si tuviera la cabeza más fuera que dentro.
La salida de Xabi Alonso también influyó. No terminaban de entenderse. Ahora, con Arbeloa, se le ve más suelto. Más protagonista. Más creativo.
Y el contexto es claro: sin Mbappé, sin Rodrygo y sin Jude, le toca asumir galones. Contra el City tiene que tirar del carro. Tiene que demostrar que puede ser el líder absoluto en una noche grande. Es su momento.
Jude llegó en la temporada 23/24 procedente del Dortmund y cayó de pie. Goles decisivos, liderazgo inmediato, impacto brutal. Fue el motor emocional del equipo durante muchos meses. Pero la lesión en el hombro cambió cosas. Perdió agilidad. Perdió frescura. Y eso se notaba.
Además, su rol también cambió radicalmente entre su primera y segunda temporada. En la primera jugaba casi como falso nueve, llegando constantemente al área. En la segunda tuvo que retrasar su posición y asumir más responsabilidades en la creación de juego, ocupando un rol similar al que tenía Kroos. El equipo necesitaba salida de balón. Necesitaba orden. Y Jude tuvo que adaptarse.
Jude Bellingham haciendo su mítica celebración. Fuente: Goas.com
Sin embargo, el inglés echaba de menos el gol. Echaba de menos esa libertad ofensiva. No es lo mismo vivir cerca del área que tener que construir desde más atrás.
Actualmente sigue en proceso de recuperación y no llegaría a la ida de los octavos contra el Manchester City. La vuelta es una incógnita. Su regreso podría darse en abril.
De cara al Mundial, todo dependerá de cómo llegue físicamente. Como dijo Thomas Tuchel, irán los que estén mejor. Y en el centro del campo habrá decisiones difíciles. A priori no debería tener problemas, pero necesita recuperar sensaciones.
Rodrygo forzó ante el Getafe. Y lo pagó caro. Rotura del ligamento cruzado anterior y del colateral medial. Su temporada, estaría terminada, perdiéndose lo que resta de ella, incluido el mundial.
Un golpe durísimo en el momento más delicado de su carrera. Entre lesiones y rendimiento irregular, atraviesa una de sus temporadas más complicadas. Pero el club confía en él. Y espera que vuelva más fuerte.









































