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·27 de febrero de 2026

Un Real Madrid de servicios mínimos: en el campo y en la grada

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Sí, podemos jugar (es un decir, porque este equipo no juega a nada) a ser Maquiavelo, y como el fin justifica los medios nos abrazaremos alborozados. El Real Madrid eliminó al Benfica y dentro de un rato estará en el bombo de la fase final de la Champions. Entre los dieciséis mejores equipos de Europa. Tremendo eso. ¡Cómo estarán los que no llegaron!

El Real Madrid se solidarizó con los médicos y su huelga, y no es para menos. La relación de los blancos con los de las batas blancas es estrechísima, como demostró la ausencia de última hora de Mbappé y el tremebundo coscorrón de Raúl Asencio. Ante los lisboetas, sin el faltón Prestianni ni la sombra de Jose Mourinho en su vuelta al Santiago Bernabéu, tocaron servicios mínimos.


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Servicios mínimos sobre el campo. La puesta en escena de los de Arbeloa ante los benfiquistas fue, de nuevo, paupérrima. Por un instante, el madridista medio se temió la habitual rueda de Prensa donde nos contarían aquello de "nos faltó intensidad", "no salimos al partido enchufados", "ellos tenían más ganas que nosotros"... La suerte es que el Benfica está un escaloncito por debajo del Real Madrid, y la sangre no llegó al río. Pero durante varios minutos, el caudal le puso los pelos de punta a la Confederación Hidrográfica del Tajo.

Pero también, servicios mínimos en la grada. El Santiago Bernabéu, lastimosamente, se ha convertido en una suerte de tanatorio donde unos abueletes de blanco tararean una triste cancioncilla móvil en mano donde hablan de un cajón pintado de blanco. Estoy convendido de que es la música que habría elegido Charles Manson para sus exequias de haber podido hacerlo. Los cuatro mil aficionados de las águilas lisboetas presentes en el recinto acallaron con sus voces al resto del estadio, que ha dejado claro que no cuenta con un foco de animación que haga que los espectadores entren en ebullición y regrese, al fin, lo del "miedo escénico" que bautizó Jorge Valdano.

Al final, lo del aficionado que hizo un "saludo nazi" ha desviado el foco sobre el lamento, no tienen más que mirar las redes sociales, del socio madridista de a pie acerca del tétrico ambiente en el estadio. Un turistódromo donde para acudir al fútbol solo hace falta contactar con sus jefes de columna, touroperadores y reventas de confianza y, por encima de todo, una vez dentro no elevar mucho el tono de voz no se vayan a pensar que todavía existen los madridistas de verdad. ¡Qué cruz!

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