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En un momento dado

·22 de marzo de 2026

Una escalera con tres peldaños

Imagen del artículo:Una escalera con tres peldaños

Esta temporada Hansi Flick le ha buscado un nuevo socio a Lamine en la banda derecha. En la lista de motivos está que el rendimiento de Dani Olmo ha descendido con respecto al que ofreció el curso pasado, que el de Fermín se ha incrementado y, seguramente más trascendente todavía, que el técnico alemán ha pretendido que el centrocampista más próximo a su estrella haga cosas diferentes. Puede resumirse en que, ahora, el centrocampista más adelantado del Barça se relaciona más con los espacios y menos con la posesión que antes. La modificación ha buscado brindarle a Lamine un contexto de más participación y aprovechar la atracción que genera a través de los recorridos de sus compañeros más próximos. Se trata de una escalera, construida entre el extremo y el interior derecho, compuesta por tres peldaños, en forma de rutinas posicionales y de movimientos repetidas a lo largo de los partidos.

El primer peldaño fue también el inicial, el que relució desde el arranque de curso fuera Olmo o fuera Fermín quien ocupara la plaza. Es el peldaño que construyen los desmarques del centrocampista entre el central y el lateral izquierdo contrario. En el espacio abierto entre los dos zagueros cuando la marca de Lamine sale a banda persiguiendo al canterano. Cuando se alarga la distancia en el sector zurdo de la defensa rival, dando pie a la creación de un enorme pasillo interior que los socios de Lamine pueden explotar llegando desde la segunda línea. Es un movimiento prácticamente vertical, en dirección a la línea de fondo, bien como solución para encarar portería o bien como recurso para girar a la defensa y permitir espacios que desnuden la frontal. Dibujando, muchas veces, a uno de los mediocentros rivales como un tercer central, y vaciando la corona para que Pedri gane altura o, lo más habitual, Lamine conquiste el carril central.


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El segundo peldaño también tiene que ver con la forma como el Barça aprovecha las atenciones que moviliza un futbolista como Lamine Yamal. En este caso, no cuando el crack azulgrana se escora a banda, sino cuando retrasa su posición para buscar la pelota a la altura de la línea de medios. En este caso, cada vez es menos frecuente que el oponente transija con una recepción cómoda del catalán, por mucho que ésta se produzca todavía lejos del área. El riesgo de dejar que Lamine reciba el cuero, se gire y afronte el ataque con espacios y la panorámica despejada es grande incluso cuando lo separan muchos metros de la portería rival. Así pues, lo habitual es que cuando Lamine baja para recibir, el lateral izquierdo adversario haga el trayecto junto a él. Ante esto, en el presente curso el Barça ha multiplicado la frecuencia de los desmarques dentro-fuera de su centrocampista más punzante. Carreras hacia la banda que conquistan la espalda del lateral izquierdo, encuentran profundidad para los ataques y, generalmente, arrastran al central hacia la cal.

El peldaño más reciente, sin embargo, propone un cambio de significado sustancial. No parte de la voluntad de aprovechar la atracción de Lamine para que reciba Fermín, sino justo lo contrario. Juega con la posición del andaluz para favorecer que el extremo reciba el esférico en zonas ventajosas. De este modo, a lo largo de los últimos meses, el equipo de Flick ha incorporado un mecanismo en fase de construcción que toma forma a partir de la lateralización de la posición de Fermín, a la derecha de los mediocentros, por momentos con apariencia hasta de lateral. Lo que se desencadena desde este punto de partida depende de la respuesta del contrario. Si ésta pasa por el salto del lateral izquierdo sobre la posición abierta de Fermín, el objetivo vuelve a ser el de atacar el espacio abierto entre el lateral y el central, pero en este caso con el desmarque del propio Lamine para dejarlo delante del portero rival. Si la alternativa que contempla el adversario para estos escenarios es que el encargado de salir fuera con Fermín no sea el lateral izquierdo sino uno de los mediocentros, entonces la ruta azulgrana pasa por encontrar a Lamine en la mediapunta, viniendo al centro desde la banda en el espacio abandonado por Fermín y del que ha extraído a una de las piezas defensivas.

Este último peldaño, además, configura un nuevo equilibrio posicional entre Fermín y Lamine Yamal en relación a la amplitud. Ubica al centrocampista más cerca de la cal que al delantero, no como resultado de un desmarque desde el centro, sino como posición de partida en la construcción del ataque. Se trata de un reparto de carriles hoy sólo puntual y circunscrito a un lance concreto del juego, pero que entendiendo que el paso del tiempo seguramente lleve a Lamine a transitar de forma mucho más estable y sostenida el carril central, sirve para imaginar otro tipo de escenario. Uno, por ejemplo, en el que el atacante de banda sea Fermín, cruzando caminos convenientemente con el 10 cuando éste tenga a bien resguardarse en el costado. Sobre la idoneidad de esta mezcla no pueden arrojarse partidos a modo de confirmación, pero sí dos sospechas en forma de suposición. La primera que, como ocurriera con otro talentoso zurdo que nació en la élite como delantero de banda, a Lamine no conviene desgastarlo persiguiendo al lateral cuando su equipo no tiene la pelota, que por dentro los recorridos serán más cortos y que por fuera un futbolista con el despliegue físico de Fermín sí podría evitar que el adversario dibuje constantes dos contra uno ante el lateral derecho del Barça.

La segunda, que por mucho que Flick quiera asemejar a Fermín con Rakitic, no cuenta con Dani Alves. Es decir, con un futbolista que cuando el escudero de Lamine vuele abandonando el mediocampo, se encargue de seguir rellenando la medular. Que ejerciendo como un centrocampista inesperado en ataque, situado a la derecha del mediocentro, por detrás del tándem Lamine-Fermín, cuando el equipo pierde el cuero contenga la transición ataque-defensa por detrás de los dos. A las órdenes de Luis Enrique, Dani Alves cumplió con este rol desde el lateral derecho en el Barça del segundo triplete. Sin el brasileño, seguramente la solución más equilibrada pase por convertir definitivamente a Fermín en delantero y así dar entrada al once a un centrocampista más. En todo caso, esto será el futuro. De momento Lamine Yamal sigue siendo hombre de banda. Aunque cada vez un poco menos, gracias a los tres peldaños de la escalera que comparte con Fermín.

– Foto: Alex Caparros/Getty Images

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