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·10 de enero de 2026

Una medida “temporal” que ahoga a los bares del RCDE Stadium

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El digital El Llobregat ha puesto el foco en una situación que está generando una profunda inquietud entre los pequeños empresarios de la restauración en Cornellà. La polémica surge a raíz de la decisión del Ayuntamiento de Cornellà de obligar a los bares situados en primera línea del RCDE Stadium a cerrar dos horas antes de cada partido que el Espanyol disputa como local.

Una medida adoptada de forma unilateral que, lejos de ser un simple ajuste horario, ha supuesto un auténtico golpe económico para varios negocios familiares que dependen en gran medida de los días de partido para garantizar su supervivencia. Detrás de cada persiana que baja antes de tiempo hay trabajadores, proveedores y familias enteras que ven cómo sus ingresos se reducen drásticamente sin alternativas reales.


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De los cinco bares afectados, solo uno ha optado por aceptar la solución propuesta por el consistorio: trasladar su actividad a una carpa instalada en el parque del centro comercial Splau. Se trata del histórico Casa Pepe, que pudo sacar adelante la infraestructura gracias al apoyo de la Juvenil’91.

Sin embargo, su propietario advierte que esta alternativa dista mucho de ser una solución sencilla o definitiva. “La gente ve la carpa y piensa que es una salida fácil, pero empezar de cero cuesta”, explica. A esta dificultad se suma la total incertidumbre sobre el futuro del espacio, sin garantías de continuidad ni claridad sobre un posible alquiler. “¿Cómo voy a invertir dinero si mañana me pueden decir que se acaba?”, se pregunta, poniendo voz a una preocupación compartida por muchos compañeros de profesión. El hostelero reconoce que los primeros partidos no han sido rentables y que incluso se ha perdido dinero debido a los gastos iniciales.

Desde el Ayuntamiento se insiste en que se trata de una medida “pequeña, limitada y revisable”. No obstante, la realidad sobre el terreno contradice ese discurso institucional: para los hosteleros afectados, el impacto es inmediato, tangible y, en algunos casos, difícilmente reversible. Mientras tanto, el vecindario permanece dividido. Algunos residentes valoran la reducción de aglomeraciones, mientras otros alertan de que el problema no se soluciona, sino que simplemente se desplaza a calles colindantes.

Lo que parece indiscutible es que, una vez más, el pequeño comercio y la hostelería local vuelven a pagar el precio de decisiones administrativas que no siempre tienen en cuenta la fragilidad del sector ni el esfuerzo diario de quienes mantienen vivos estos negocios.

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