SocBlaugrana
·30 de noviembre de 2025
Una tarde marcada por el regreso de Raphinha como titular

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El doblete de Dani Olmo y la influencia creciente de Raphinha, clave en el juego y en la presión, marcaron una victoria que deja buenas sensaciones… pero también varios avisos.
Raphinha y Olmo dándose un abrazo. Getty Images
El Barça volvió a mandar en el marcador, sí, pero no pudo evitar esa sensación de montaña rusa que se ha hecho habitual este curso. El 3–1 ante el Alavés no fue un paseo, sino un ejercicio de resistencia emocional. Lo reconocieron los analistas del propio encuentro al comentar que, cuando el marcador estaba corto, los nervios se instalaron en el equipo, sobre todo tras algunas pérdidas evitables en la salida de balón.
Aun así, hubo nombres propios que sostuvieron al Barça en los momentos de mayor agobio. Uno de ellos fue Joan García, cuya actuación bajo palos rozó lo sobresaliente. Las dos intervenciones decisivas, especialmente la que hace levantándose de manera casi inverosímil tras un primer rechazo, confirmaron que el portero es ya un cerrojo de garantías. “A mí dame porteros aburridos, de esos que no salen en vídeos de cantadas”, se escuchaba en la retransmisión. Pues el Barça, por fin, tiene uno de esos.
El otro líder fue Raphinha, que regresó a la titularidad con energía contagiosa. Su asistencia en el primer gol fue solo una parte del impacto real que tuvo. En zona mixta dejó claro su ADN competitivo:
“Siempre en un equipo tiene que haber un pesado que corrige y anima a presionar, y en el Barça ese soy yo”. Raphinha
Aparte en zona mixta le comunicaron a Raphinha, que LaLiga no le había contado la asistencia del primer gol por un toque de un jugador del Alavés, cosa que a Raphinha en vez de molestarle, le sacó una sonrisa como si fuera un día más en la oficina.
Flick tenía sus buenas palabras hacia Raphinha: para él, el brasileño es quien “enciende” la presión colectiva y devuelve dinamismo a un ataque que había perdido colmillo en las últimas semanas.
Quien sí encontró ese colmillo fue Dani Olmo, autor de dos de los tres tantos culés. Su primer gol, tras una acción muy bien trenzada entre Gerard Martín y Raphinha, llegó en un momento clave para adelantar al equipo. El segundo, ya a pocos minutos del final, fue un alivio profundo para un Barça que empezaba a sentir cómo el Alavés empujaba para empatar el partido.
Dani Olmo celebrando un gol. AS
El Alavés, por su parte, firmó un partido más que digno. Su entrenador, Eduardo Coudet, expresó un sentimiento compartido por muchos: fue un encuentro entretenido y competido, decidido por detalles y por la falta de acierto en las múltiples finalizaciones que generaron. “El equipo juega bien, pero nos cuesta convertir”, admitió el técnico argentino.
Flick, aunque satisfecho con los tres puntos, también dejó deberes: demasiadas pérdidas y una incapacidad evidente para cerrar el partido antes. Lo sabe él, lo sabe el vestuario y lo sabe un Camp Nou que celebró, pero que también murmuró en algún tramo.
Aun así, el Barça sale reforzado. Recupera figuras, suma liderazgo en el campo, y encuentra en Olmo y Raphinha dos motores ofensivos vitales. Falta continuidad, sí, pero el equipo vuelve a mostrar señales de vida competitiva.
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