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La Galerna

·27 de marzo de 2026

¿Vas a creer a tus propios ojos o a Laporta?

Imagen del artículo:¿Vas a creer a tus propios ojos o a Laporta?

El parón de selecciones es como los veranos de la infancia. Se hace eterno. Recuperas ese aburrimiento infantil, esa molicie que tanto se echa de menos en la vida adulta los fines de semana. A veces recuperas un hobby que tenías abandonado o se aprovechan de ti para llevarte a Ikea mediante engaños y después te obligan a montar ese mueble imprescindible, destinado un rincón de la casa que jamás imaginaste que pudiera alojar una pequeña librería.

No dejaré de dedicarle mi tiempo mientras La Galerna me lo permita (cada día tiene su afán) a la hérculea tarea de desmontar el relato culé según el cual son las pobres víctimas del mismo sistema que han comprado durante los últimos treinta y cinco años, que se sepa.


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Me cuesta mantener sin embargo la compostura ante freaks como Laporta, Freixa, Gaspart, los payasos de la tele, la caterva de indigentes morales de las redes y los intoxicadores de las tertulias radiofónicas. Si yo fuera supremacista, como muchos de ellos, me parecería pertinente proponer un discurso como el de Calvin Candie (di Caprio en "Django Unchained"), con el cráneo del "viejo Ben" en la mano, para describir al antimadridista. Porque el antimadridismo últimamente no es el fenómeno ancestral del vacile de los lunes en la oficina. Se está convirtiendo en una peligrosa militancia política de evolución impredecible cuando finalmente el corrupto sea sancionado.

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Pero estábamos en los freaks... Algunas de esas cabezas no aparentan albergar vida inteligente. Aún es peor si sus caras resultaran ser el espejo de sus almas. Cómo pueden ser felices retozando en la mierda, apoyando a sabiendas a corruptos y delincuentes, cómo pueden ser capaces de disfrutar de la injusticia. cómo pueden conciliar el sueño, sabiendo que personajes como Gaspart han logrado cumplir su objetivo existencial de perjudicar al Real Madrid, como directivo corrupto del Barcelona primero y desde su influencia como vicepresidente de la RFEF simultáneamente.

Ese “ser más” es lo que les hizo creer que fue buena idea poner dinero para comprar el sistema. Estar por encima de los demás

Han convertido la paranoia culé en una enfermedad social. El fenómeno es interesante: culés de segunda (no lo digo yo, lo dice Piqué), que viven a decenas de miles de kilómetros han adoptado el discurso victimista futbolístico y sus cuatro o cinco consignas del Temu que comprenderán a duras penas: que el Madrid es franquista, que dominó históricamente el arbitraje y que se persigue al Barcelona por cuestiones políticas; por tanto, es el Madrid el que roba. Afirman esto, sin embargo, no ignorando el pago de facturas a un dirigente arbitral durante décadas... ¿Se dan cuenta?

Ya hemos dicho muchas veces que la psicología social llama a esto proyección. Ante la amenaza de que alguien desmonte tus argumentos ridículos cuando te han pillado cometiendo un delito, se los atribuyes al rival y cierras tu mente a la razón, arrojando la llave a un abismo impenetrable de enajenación autoimpuesta.

Alejandro Echeverría, la mano derecha de Laporta, sí es franquista. De hecho un activista nostálgico del franquismo. Pata negra. Pero eso no le impide ser el héroe de un club políticamente posicionado en el independentismo catalán. Lo del arbitraje aún es más fácil de desmontar, porque es una mentira flagrante, un bulo inconsistente con los datos que el mismo Kollins y otros han refutado en vídeos incunables. Pero teniendo a Laporta, para qué vamos a usar el cerebro. Él ya lo usa por nosotros. ¿Vas a creer a tus propios ojos o a Laporta? El líder que les conduce a la ruina y que afirma que todo es un montaje, que hace campaña electoral acusando a los árbitros de madridismo. Vivir para ver.

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El culé elige creer a un corrupto acorralado por la justicia, imputado por estafas, mentiroso, y que tuvo negocios con narcotraficantes condenados y encarcelados como Gorosito (en su primera etapa) y con Giorgio Mikadze más recientemente. Qué casualidad. Díganme las probabilidades aleatorias de que un empresario tenga la mala suerte de hacer negocios dos veces con narcotraficantes que acabaron en la cárcel. Pero el culé es inmune a estas cosas. De hecho, al culé le parece bien que Laporta ofrezca empleo en el Barcelona a personas que le están demandando por estafa en sus negocios privados o a la ex esposa e hija de Mikadze con quien hizo negocios ajenos al club. Alguien tenía que cuidar de ellas mientras el georgiano cumplía condena.

En El Padrino, los líderes del clan Corleone siempre se hicieron cargo de las familias de los caídos, a cambio de silencio. Y si es con dinero de otro, mejor.

Otro paralelismo interesante: está bastante acreditado históricamente que el asesinato de Kennedy fue una conspiración de lo que se dio en llamar el complejo militar industrial (la máquina de guerra norteamericana) junto con la mafia. Los enemigos naturales de un presidente que con sus luces y sombras intentó terminar con la guerra fría y con el crimen organizado. Consecuencia: balas con trayectorias que desafiaron la física, múltiples tiradores y materia encéfalica sobre el vestido azul celeste de la impecable Jackie, en aquella funesta mañana de Dallas

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El fútbol español es una víctima agonizante tiroteada cada fin de semana por el complejo empresarial-arbitral de Tebas. LaLiga es una organización tan opaca y siniestra como la que acabó con JFK. Está sostenida por empresas condenadas por corrupción (una filial de Mediapro reconoció sobornos millonarios a dirigentes FIFA en 2020), cuyos dueños diseñan las trampas que mantienen al Barcelona conectado a la máquina de soporte vital. LaLiga recauda y maneja el dinero del fútbol sin controles, compromete e hipoteca a sus representados sin consultarles. Compra voluntades, controla medios, adultera la competición.

La irrupción de Tebas en la RFEF no fue más que su autocoronación como emperador del fútbol. Una exhibición de poder excesiva como él e innecesaria. La Superliga fue el contrapunto, el intento del Real Madrid de trascender, de superar por elevación un sistema corrupto con terminales políticas que resultó demasiado arraigado y podrido como para acabar con él de un hachazo. Fracasamos.

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Negreira es sólo un síntoma. Ni siquiera el más grave. Detectado el delito, se trató de sepultar con prescripciones a medida, mostrando la conexión fraternal una vez más entre corrupción y política. Una sanción ejemplar debería bastar, dándole al Barcelona la oportunidad de hacer catarsis durante su travesía por segunda y lejos de Europa, reconocer los errores, pedir perdón y buscar ser grande compitiendo limpiamente. Sólo será posible si consigue mantener distancia con la política. Dejar de pretender ser más, para ser sólo un club.

Ese “ser más” es lo que les hizo creer que fue buena idea poner dinero para comprar el sistema. Estar por encima de los demás. Actuaron como un actor político, alejándose tal vez para siempre del deporte. La catarsis, la asunción de responsabilidades, suena imposible con Laporta al frente, salvo que todo salte por los aires con un descenso y una sanción UEFA que les saque de Europa tres, cinco años. Laporta vende que no pasara nada. Si se ven obligados a asumir una refundación, Laporta no podrá formar parte de ella. El detector Geiger de la corrupción llega a valores de Chernobyl en abril de 1986 cuando lo acercas a menos de cien metros de Jan.

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Mientras, la sangre del fútbol español se sigue derramando por el césped de los estadios cada fin de semana. La conducta prevaricadora de los árbitros sugiere un método. El Método ideado y desarrollado en los noventa por Villar, Negreira, Sánchez Arminio, y patrocinado por Núñez. Se basa en la discrecionalidad de las decisiones arbitrales y en la confusión del debate público, aprovechando el antimadridismo ambiental, acelerado desde la llegada de Florentino al fútbol. Lo que hoy es penalti, mañana no, o no para unos y sí para otros. Incluso se atreven a explicárnoslo cada semana desvergonzadamente, cayendo en contradicciones e incongruencias. No tienen pudor. Se trata de un mecanismo de presión y de control. Los árbitros y el VAR ajustan la clasificación cada semana al dictado de sus jefes. Ojo, que te vas a segunda. Cuidado, que te estás jugando la Champions... El medio es el mensaje (Marshall McLuhan, 1964). El medio exhibe el poder, el medio muestra quién manda.

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Las imágenes VAR seleccionan, ignoran, cortan, ocultan y muestran lo que Mediapro quiere. Luego ya, el árbitro decide sobre la imagen ya manipulada o con plena conciencia de lo que hace. En su cabeza se proyecta la balanza de la justicia cada vez que es llamado al VAR: en un lado de la balanza, los trescientos mil, la casa donde vives, el coche que conduces, la cara de tu mujer cuando le regalas un Cartier Santos en su cumpleaños. En el otro, la cara de tu jefe diciéndote “tú verás lo que haces”.

Una sanción ejemplar debería bastar, dándole al Barcelona la oportunidad de hacer catarsis durante su travesía por segunda y lejos de Europa, reconocer los errores, pedir perdón y buscar ser grande compitiendo limpiamente

No hay directrices en un email, en una circular, ni en una charla que se pueda grabar. Todos saben cómo funciona. El pobre Pulido Santana lo dijo muy claro la semana pasada: "me defenestraron por no expulsar a Nacho". Recuerden al cuarto árbitro que se desgañitó en la banda (“falta de Suárez, falta de Suárez, falta de Suárez…”) en aquel partido contra el Barça en 2018 en el que asistimos a la prevaricación en directo de Hernández Hernández. Aquel partido le costó la carrera al joven árbitro, por su insistencia, como a otros "rebeldes" que desaparecieron por el camino. Algún día nos contará Mateu.

Antes del derbi vaticiné que Trujillo (arbitro VAR) pasaría inadvertido, que el Atlético tendría licencia para pegar y que Simeone y sus jugadores lo sabían. Vaticiné cuatro entradas de tarjeta de Giuliano sin sanción. Predije que Trujillo no intervendría salvo para buscar una tarjeta roja a Rudiger que contentase a los antimadridistas después de la campaña mediática de la previa.

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Me equivoqué: Giuliano no se excedió. El Atlético hizo un buen partido dentro de sus estándares. Además, el elegido para la roja no fue Rudiger sino Valverde. Una patada de amarilla sobre Baena (quién si no) se convierte en roja directa que acarrea suspensión. Supimos después que el árbitro falseó la jugada en el acta diciendo que Valverde no estaba a distancia de jugar el balón. El jugador más en forma y determinante en los últimos partidos fuera de la competición. ¿Entienden ahora? Es el método: ven cómo va el partido, si la cosa va bien, dejan transcurrir los minutos. El Madrid remonta: ojo, precaución. El Atlético empata: vuelve el relax. No contaban con que Vini destrozara el partido con un golazo espectacular. Alerta: hay que hacer algo. Rápido. Falta: Valverde, Baena... ya está. A la calle. Munuera se va a hablar motu proprio con Arbeloa, con las cámaras de TV a un metro. Le provoca. Arbeloa no entra al trapo de discutirle a grito pelado (desbloqueando el siguiente acto prevaricador). Munuera se tuvo que conformar con tener la coartada para dar 6 minutos de prolongación.

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Es un método, como el del Actors Studio, pero para árbitros. Javier Negreira, hijo de árbitro corrupto, hijo de directivo corrupto, lo dijo muy claro mientras llevaba a un trio arbitral a su partido del Nou Camp. Nunca a otros campos. Sólo a ese, para darles un último consejo de coach, el consejo que sólo te puede dar el hijo de un árbitro del Método: "Vais sobrados, vosotros sabéis lo que tenéis que hacer". ¿Eso es lo que enseñaba en el coaching? ¿Cómo adulterar partidos?¿Cómo provocar a jugadores, entrenadores? ¿El Método? Personalmente, ya no tengo ninguna duda. Todo va encajando. Munuera es un alumno aventajado del Método. Tengo la certeza y lo voy rumiando mientras me dirijo al Ikea más cercano a casa, sabiendo ya cómo pasaré una tarde de sábado sin fútbol.

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