Vea el penal con el que Carlos Palacios le dio la clasificación a Boca en la Copa Argentina (Video) | OneFootball

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·3 de septiembre de 2026

Vea el penal con el que Carlos Palacios le dio la clasificación a Boca en la Copa Argentina (Video)

Imagen del artículo:Vea el penal con el que Carlos Palacios le dio la clasificación a Boca en la Copa Argentina (Video)

Tras un empate 0-0 en la definición desde los 12 puntos, La Joya ejecutó el quinto penal que puso en ventaja al xeneize y en seguida el arquero Álvaro Montero contuvo el lanzamiento de Thiago Silvero y dejó a Boca Juniors en cuartos de final dpnde deberá enfrentarse con Racing

Carlos Palacios volvió a sumar minutos con Boca Juniors después de casi dos meses de inactividad y lo hizo adquiriendo protagonismo en una clasificación sufrida del conjunto ‘xeneize’ a los cuartos de final de la Copa Argentina. El atacante chileno ingresó en los minutos finales del empate 0-0 ante Vélez Sarsfield, en el Estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, y posteriormente asumió una responsabilidad importante en la definición desde los doce pasos, donde convirtió uno de los lanzamientos que terminaron inclinando la serie por 4-3 a favor del elenco ‘azul y oro’.

El regreso de Palacios adquiere una dimensión especial por el contexto en el que se produce. La ‘Joya’ no disputaba un partido desde el 16 de julio, cuando sufrió una nueva lesión muscular que volvió a interrumpir una temporada marcada por las dificultades físicas. El problema llegó después de una compleja recuperación producto de la cirugía de meniscos a la que fue sometido en febrero, por lo que su aparición ante Vélez representaba bastante más que unos minutos de fútbol: significaba volver a poner al chileno en circulación después de otro período de incertidumbre.


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Y esta vez, al menos en el primer paso, el desenlace fue positivo.

Con un encuentro que había llegado al final de sus 90 minutos sin goles y con la clasificación obligada a resolverse mediante penales, Palacios recibió una responsabilidad mayúscula. El chileno tomó el balón para ejecutar el quinto lanzamiento de Boca y, lejos de evidenciar la falta de ritmo propia de quien llevaba casi dos meses sin competir, respondió con personalidad. Su remate fue potente, preciso y suficientemente colocado como para dejar sin opciones al arquero Tomás Marchiori.

Palacios cumplió. Después, la responsabilidad pasó a Álvaro Montero, quien terminaría transformándose en una de las grandes figuras de la noche al contener dos disparos de Vélez y sellar una clasificación que Boca debió trabajar mucho más de lo que probablemente imaginaba.

En una noche de tensión permanente, el regreso del chileno quedó entonces asociado a uno de los momentos determinantes de la serie. No alcanzan todavía esos pocos minutos para extraer conclusiones definitivas sobre su condición futbolística, pero sí para establecer un primer elemento positivo: Palacios volvió a competir y, cuando tuvo que asumir una responsabilidad concreta, no se escondió.

En la sufrida clasificación de Boca, Williams Alarcón no ingresó en el equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena y observó el encuentro desde el banco de suplentes. Tampoco tuvo minutos en Vélez Claudio Baeza, mientras que Diego Valdés quedó fuera de la convocatoria del ‘Fortín’ debido a una lesión.

Un partido que empezó a definirse antes de los penales

Los penales, curiosamente, comenzaron mucho antes de que los futbolistas se pararan frente a Marchiori y Montero. Porque el desenlace desde los doce pasos fue, en cierta medida, la consecuencia lógica de un partido que ninguno de los dos equipos consiguió apropiarse completamente y en el que el miedo a cometer el error definitivo terminó imponiéndose sobre la decisión de buscarlo.

Los llamados “benditos penales”, esos que tantas veces le dieron gloria a Boca, aparecieron como el mecanismo final para resolver un encuentro que durante buena parte de sus 90 minutos había transitado por una tensión mucho más grande que el fútbol que ofrecieron ambos equipos.

Hubo señales de ese desenlace incluso antes del pitazo final. La salida de Leandro Paredes por una molestia, que encendió la preocupación en Boca, fue una de ellas. También lo fue una contra letal de Vélez que los centrales ‘xeneizes’ no consiguieron controlar y, especialmente, una salida arrebatada de Montero que terminó provocando un penal que por momentos pareció destinado a sentenciar la eliminatoria.

Fue allí donde apareció otra vez la sensación de que la serie podía resolverse por detalles mínimos. El partido se había jugado durante largos pasajes bajo una lógica de precaución y terminó entrando en un territorio donde cualquier equivocación podía resultar definitiva.

Finalmente, el penal no se convirtió en la sentencia que Vélez buscaba. Dilan Godoy falló al estrellar su remate en el palo, entregándole una vida extra a Boca y prolongando una definición que terminaría teniendo en Montero a su principal protagonista.

Con más de 30 mil espectadores en las tribunas del Kempes, Boca volvió a avanzar en una competencia en la que los penales forman parte casi de su identidad histórica. Y aunque la clasificación llegó acompañada de sufrimiento, probablemente pocos de los hinchas que ocuparon el estadio hayan reparado demasiado en las formas una vez consumado el pasaje a los cuartos de final.

Boca tuvo la iniciativa, pero no consiguió traducirla en goles

Durante buena parte del primer tiempo existió un respeto mutuo que hizo que los arcos parecieran más lejanos de lo habitual. Especialmente durante los primeros 20 minutos, ambos equipos se dedicaron a disputar el territorio en la mitad de la cancha, pero encontraron dificultades para transformar esa posesión en acciones realmente peligrosas.

Los errores aparecieron principalmente desde tres cuartos hacia adelante. Cada vez que Boca o Vélez conseguían imponerse en el mediocampo, la falta de precisión en el último pase o la toma de decisiones terminaba diluyendo las aproximaciones.

En ese escenario, el duelo entre Ruso Ascacibar y Rodrigo Aliendro adquirió especial relevancia. Paredes, por su parte, encontró espacios para recibir con cierta libertad, aunque esa comodidad también respondió a la permanente búsqueda del capitán de Boca por encontrar una zona desde la cual pudiera intervenir en la construcción.

Y desde sus pies comenzaron a aparecer las mejores posibilidades del equipo de Arruabarrena.

Boca encontró en los pases filtrados de Paredes, en su conducción y en la conexión con Villa, además de la movilidad de sus volantes llegando desde atrás, los argumentos suficientes para terminar imponiéndose territorialmente. Por volumen y por las situaciones generadas, el conjunto ‘xeneize’ debió marcharse al descanso con alguna ventaja.

Belmonte tuvo una oportunidad luego de que Merentiel no pudiera controlar de la mejor manera un pase al medio, mientras que el propio delantero volvió a quedar en posición favorable después de una asistencia perfecta de Blanco, que lo encontró ubicado como un auténtico nueve.

Esa fue, hasta entonces, la ocasión más clara de la primera mitad. Merentiel quedó prácticamente frente a un arco desprotegido, con Marchiori ya fuera de acción, pero no consiguió acertar al objetivo.

A esas acciones se sumaron un cabezazo en dirección a su propio arco de Elías Gómez, que sorprendió a su arquero aunque este respondió correctamente, además de algunos avances menores y una última aproximación antes del descanso, cuando Merentiel pudo aprovechar una mala salida de Vélez. Sin embargo, nuevamente eligió buscar un mejor ángulo en lugar de resolver directamente con un remate.

La sensación al entretiempo era clara: Boca había hecho más para ponerse en ventaja, pero no había encontrado la contundencia necesaria para convertir su dominio en una diferencia concreta.

La superioridad de Boca se volvió más evidente, pero también más estéril

El segundo tiempo comenzó bajo la misma tendencia. Boca salió decidido a instalarse en campo rival y durante el primer cuarto de hora del complemento consiguió ejercer una presión territorial mucho más marcada.

El equipo se convenció de que podía ser superior y, desde esa convicción, comenzó a jugar con mayor agresividad. La posesión se trasladó casi permanentemente hacia el campo de Vélez y el conjunto de Arruabarrena empezó a someter a su rival mediante una combinación de intensidad, recuperación rápida y ataques continuos.

Sin embargo, esa superioridad volvió a encontrar el mismo problema: la incapacidad para convertir las situaciones en goles.

En una de las acciones más claras, una serie de rebotes pudo haber terminado con la apertura de la cuenta. Villa consiguió rematar, pero su disparo terminó impactando en Merentiel. El delantero uruguayo, además, parecía atravesar una noche particularmente desafortunada, como si cada decisión terminara perjudicando la posibilidad de Boca de encontrar el gol.

¿Y Vélez? Poco. Cada vez menos durante ese tramo del encuentro.

El equipo mostró firmeza defensiva y encontró en la salida de sus laterales una vía para intentar aliviar el dominio rival. En el mediocampo, Robertone y Aliendro aportaron lucha y equilibrio, pero el conjunto dirigido por Guillermo no consiguió generar demasiado en ataque.

La actuación de Lanzini y Pellegrini estuvo lejos de ser determinante, mientras que tampoco parecía razonable exigirle demasiado a su flamante centrodelantero, Ronaldo Martínez, quien llevaba apenas tres días trabajando con sus nuevos compañeros.

Vélez resistía y Boca dominaba, pero la diferencia futbolística no se reflejaba en el marcador.

Y allí comenzó a aparecer otro partido.

Cuando Boca dejó de controlar el trámite, Vélez encontró su oportunidad

A partir de un error de Jagger Herrera, en realidad un pase defectuoso en una zona que inicialmente no parecía demasiado comprometida, Boca quedó mal parado. Di Lollo perdió el duelo con Dilan Godoy y Montero debió salir rápidamente para achicarle el espacio, evitando lo que pudo haber sido una ocasión clarísima para Vélez.

Esa jugada marcó un punto de inflexión.

Hasta ese momento, Boca había tenido el control del encuentro y había conseguido instalar a Vélez demasiado cerca de su propio arco. Pero progresivamente el equipo dejó de ejercer esa superioridad y permitió que el ‘Fortín’ recuperara confianza.

Lo que parecía dominio absoluto comenzó a convertirse en un partido mucho más abierto e incierto.

Y entonces quedó expuesto que buena parte de la comodidad de Vélez no había sido necesariamente producto de una superioridad futbolística, sino también de una decisión táctica: el equipo de Guillermo optó por esperar que Boca asumiera la iniciativa y se expusiera.

La estrategia funcionó durante largos pasajes. Boca tuvo la pelota, avanzó, presionó y generó más ocasiones, pero no consiguió transformar ese dominio en la diferencia que necesitaba para evitar el sufrimiento final.

En definitiva, ninguno logró desnivelar.

Boca lo mereció por puntos y por volumen de juego; Vélez, en cambio, pudo quedarse con la clasificación a partir de la enorme oportunidad que significó el penal en el tramo final. Pero el empate sin goles terminó siendo coherente con un encuentro en el que ambos equipos mostraron demasiado respeto por las consecuencias de un error.

La definición por penales apareció, entonces, casi como una crónica anunciada.

Palacios, Montero y una clasificación que vale más por lo que significa

Boca avanzó y eso es lo que quedará registrado. Pero detrás de la clasificación existen varias lecturas que Arruabarrena deberá considerar.

La primera tiene que ver con el funcionamiento colectivo. Boca fue superior durante buena parte del encuentro, generó las situaciones más claras y consiguió jugar durante largos pasajes en campo rival. Sin embargo, volvió a mostrar una dificultad que puede resultar decisiva en las próximas instancias: cuando domina, no siempre consigue transformar esa superioridad en goles.

La segunda lectura tiene relación con la capacidad de resistir cuando el partido cambia de escenario. Boca pasó de controlar el juego a quedar expuesto y terminó dependiendo de Montero para sobrevivir. Esa capacidad de sobreponerse también forma parte de un equipo que pretende competir por objetivos importantes.

Y la tercera, quizás la más relevante para el futuro inmediato, tiene nombre propio: Carlos Palacios.

El chileno regresó después de una larga ausencia, jugó pocos minutos y recibió inmediatamente una de las mayores responsabilidades posibles en una definición por penales. No dudó. No buscó apartarse del protagonismo. Tomó la pelota y convirtió.

Para un futbolista que ha vivido una temporada condicionada por las lesiones, ese detalle puede tener un valor mucho mayor que el simple hecho de haber anotado un penal.

El Vasco ya sabe que tiene más tiempo para seguir armando su equipo y que lo hará después de una victoria que entrega confianza. También sabe que puede volver a contar progresivamente con Palacios, un futbolista que, si consigue dejar atrás los problemas físicos, puede convertirse nuevamente en una pieza importante de su estructura ofensiva.

Vélez, en cambio, continuará concentrado en un solo frente y tendrá que sacar conclusiones distintas. El equipo mostró capacidad para resistir, consiguió llevar a Boca al límite y estuvo a un penal de quedarse con la clasificación. Pero también dejó la sensación de que necesita asumir mayores riesgos y animarse a proponer más si pretende transformar su competitividad en resultados.

Al final, Boca volvió a avanzar por la vía que tantas veces le ha entregado gloria. Los penales volvieron a ser su territorio, Montero se transformó en héroe, Godoy le dio una vida extra y Palacios aprovechó la suya.

Una clasificación sufrida, sí. Pero también una clasificación que puede terminar teniendo un significado importante para un Boca que, mientras busca construir una nueva identidad, recuperó a uno de sus futbolistas y volvió a comprobar que en la Copa Argentina cualquier partido puede convertirse en una batalla hasta el último disparo.

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/Julián Lautaro Luque, corresponsal de todofutbol en Argentina.

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